Observador político - Van comuneros por la casa de Noroña
En opinión de Gerardo Suárez Dorantes

El discurso de la austeridad republicana, bandera de la autodenominada Cuarta Transformación, parece haberse convertido en un espejo roto. Y es que, mientras el pueblo de México enfrenta retos económicos, algunos de los más notables representantes de Morena demuestran que, para ellos, la austeridad es una regla que aplica solo cuando conviene. El caso más reciente y vergonzoso es el del político Gerardo Fernández Noroña, aspirante a la gubernatura de Morelos.
EL ESPEJO ROTO DE LA AUSTERIDAD.- La doble moral de Fernández Noroña es evidente, la de
un personaje que ha construido su imagen pública bajo el manto de la medianía y el desprecio a los lujos, se ha visto envuelto en un escándalo que desvela su doble moral. Recientemente, se hizo viral la noticia de la adquisición de una mansión valuada en más de 12 millones de pesos en el municipio de Tepoztlán. Para un político que ha jurado vivir en la austeridad, esta compra es, en sí misma, una burla.
Pero el cinismo no termina ahí. La propiedad se ubica en un polígono decretado como reserva ecológica, un área donde la construcción de viviendas está prohibida. Fernández Noroña, intentando justificar lo injustificable, ha mentido descaradamente al afirmar que obtuvo un crédito para la compra. No solo ha vulnerado las leyes ambientales, sino que se ha expuesto a un posible juicio de restitución de tierras, ya que la propiedad es considerada comunal.
Es una exhibición de arrogancia que podría costarle la mansión y, lo más importante, su credibilidad.
EL DESGASTE DE LA 4T.- El caso de Noroña no es un hecho aislado; se suma a una serie de escándalos que han minado la reputación del partido Morena. El nepotismo y los excesos, como los de Andrés Manuel López Beltrán, y los viajes de lujo de otros funcionarios, muestran que la "justa medianía" de la que tanto hablan la presidenta Claudia Sheinbaum y la dirigente Luisa María Alcalde es una frase vacía.
Mientras la dirigencia del partido pide moderación y defiende que los gastos se hacen con "recursos propios", la realidad es que sus acciones contradicen el espíritu de un movimiento que se construyó sobre la promesa de erradicar la corrupción y el dispendio.
Estos excesos no solo afectan la imagen de los individuos, sino que socavan la confianza en un proyecto político que juró ser diferente.
Conclusión
El escándalo de la mansión de Noroña y los lujos de otros funcionarios evidencian un desgaste severo y un profundo cinismo dentro de Morena. El partido que prometió un cambio radical en la forma de hacer política parece estar cayendo en las mismas trampas de las que tanto se quejó.
La pregunta que queda en el aire es: ¿hasta qué punto el pueblo de México seguirá creyendo en un discurso de austeridad que solo aplica para la gente de a pie? El espejo se ha roto, y la imagen que refleja ya no es la de la "Cuarta Transformación".
LA CASA DE TEPOZ… ¿DE QUÉ LADO ESTÁ LA IZQUIERDA? La protesta de los comuneros de Tepoztlán contra el senador Gerardo Fernández Noroña no es un simple conflicto de propiedad; es una radiografía de la distancia que a menudo existe entre el discurso de la izquierda y la práctica de quienes la representan. Mientras Morena y sus aliados se posicionan como defensores del pueblo y sus territorios, la realidad nos golpea con un escándalo de apropiación de tierras comunales que, de confirmarse, sería un golpe directo al corazón del ideario de la Cuarta Transformación.
Los comuneros de Tepoztlán no están pidiendo un favor. Están exigiendo un juicio de restitución de tierras, un derecho que nace de siglos de lucha contra la desposesión.
La acusación es grave: el senador, conocido por su retórica combativa y su supuesta defensa de los desfavorecidos, habría adquirido un predio de más de 1,200 metros cuadrados en una zona de valor incalculable, no solo económico —se habla de más de 12 millones de pesos—, sino también cultural y ancestral. Lo más revelador es que, según los manifestantes, el propio Noroña ha reconocido que el terreno no tiene escrituras, un indicio clave de que se trata de tierras comunales y, por lo tanto, no sujetas a la compraventa individual.
VAN POR LA RESTITUCIÓN DEL PREDIO.- Este conflicto no es un caso aislado, es un patrón. Nos recuerda, dolorosamente, el precedente del Club de Golf de Tepoztlán, una lucha que se extendió por casi 30 años y que se convirtió en un símbolo de la resistencia del pueblo contra los proyectos depredadores del capital. La lección de esa batalla es clara: la tierra no es una mercancía. Es el sustento, la historia y la identidad de una comunidad.
Cuando un político de izquierda se ve envuelto en una situación así, la contradicción es ineludible. ¿Cómo se puede denunciar el despojo de tierras en el sureste o la explotación de los recursos naturales, mientras se ignora un conflicto similar en el propio patio trasero?
Este tipo de acciones no solo desacreditan al individuo; minan la confianza en todo un proyecto político. La izquierda no puede permitirse el lujo de la hipocresía. Su legitimidad se basa en la coherencia, en la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace.
El caso de Noroña en Tepoztlán es una prueba de fuego. El senador tiene la obligación de aclarar la situación, de someterse al escrutinio de la comunidad y de las instituciones, y de mostrar, con hechos, que su compromiso con la justicia social no es solo un discurso de campaña.
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