Delincuencia, ¿Cuál es el rumbo?

En opinión de José Román

Delincuencia, ¿Cuál es el rumbo?

 

Es una pregunta con una respuesta incierta. Hace ya algunos años que es la delincuencia la que impone las condiciones en una parte de la sociedad y del gobierno. Y es que el gobierno ha dejado de un tiempo atrás de representar los intereses sociales, menos aún de defenderlos. La maldad como premisa y el miedo como principio es el vivir de una sociedad atemorizada y confundida entre el ser como organismo con una identidad propia y la masa de gente compuesta por una sociedad indefensa que no sabe cuál rumbo tomar.

La función de los gobiernos de diferentes corrientes políticas que hemos tenido,  nos han entregado una falsa respuesta a esas condiciones perversas que lastima el desarrollo del individuo porque esas condiciones han dejado de ser las adecuadas para el desarrollo sano de la sociedad. Me refiero sobre todo a la clase media del país, a esa clase media base y pilar esencial de cualquier nación que quiera mejorar las condiciones de vida de su gente. La delincuencia hace de México el campo propicio para su desarrollo y a la fecha no ha habido, ni se mira que vaya existir el organismo político o el personaje social que detenga ese perverso crecimiento de la delincuencia que opera a sus anchas por gran parte de nuestro territorio, que opera muchas veces o yo diría la mayoría, con la propia complicidad y asociación del mismo sistema político en que nace y existe para garantizar que la delincuencia deba operar. Y no debiera ser así, la magnitud de las operaciones de las organizaciones delincuenciales es posible solo con la participación del propio gobierno en sus diferentes niveles. Han incursionado y a la fecha incursionan  en todas las etapas del desarrollo de la sociedad, comenzando por las políticas. La delincuencia invierte dinero en los políticos y en elecciones.

Corregir el rumbo de las estructuras sociales para reencauzar la función que toda sociedad en sus diversas facetas debe de tener, no es fácil, es más, nadie se atreve a salir al frente para enfrentar lo que ya damos por una convivencia necesaria y permanente que es la presencia de la delincuencia en las estructuras del gobierno para explotar a parasitar dentro de la sociedad. Las víctimas son los jóvenes que ante la imposibilidad de tener las condiciones para desarrollar sus capacidades y valerse por sí mismo, aceptan como solución, muchos de ellos, el unirse a la delincuencia o ser forzados, hombres y mujeres a ingresar a la delincuencia como una forma de vida. Es por eso la mortandad impune se mira sobre todo en la gente humilde, es el precio a la vista de lo que el gobierno actual y los anteriores han sido incapaces de enfrentar y de que utilizan su existencia solo para mediar en tiempo de elecciones  con ese peligro y anunciar en sus campañas que terminarán con una delincuencia que en al fondo no tocan y que son parte de la misma política pero que por razones obvias mantienen en el rincón de lo indeseado pero convenientemente tolerado.

Cuando AMLO desvía el camino y platica con la madre del Chapo, no tiene más que el descaro de lo que para una parte de la sociedad significó el sometimiento a la vista del gobierno a la delincuencia. Y cuando sabemos y declara que suelta al hijo del Chapo, ya detenido y con orden de extradición, confirma la regla. A su vez, cuando promete cada cierto tiempo de que terminará la delincuencia en su gobierno y se fija un término que desde luego no cumple, vuelve constantemente a un círculo perverso  a confirmar la regla de que el gobierno es parte, y no parte de lo que va a acabar con esa mancha que no deja ni dejará avanzar el desarrollo social. Y cuando junto a eso, la economía la maneja el gobierno federal a base de intereses sociales por encima de los individuales, tomando medidas que atacan a los que producen en materia fiscal, nos topamos con el otro frente que extingue el incentivo a la poca clase media que aún queda. La acusación al General salvador Cienfuegos, quedó solo en principio anunciado de que se indagaría la corrupción señalada por el gobierno de EU. De ahí no pasó ni pasará, ni se le juzgará ni se le juzgó. Se topó el gobierno con los intereses que superan la realidad. Cuando asesinan a los de San Fernando en el norte del país hace años, pasó lo mismo con sus más de 70 cuerpos: Nada se hizo, nada se hará. Anabel Hernández, una investigadora de fondo sobre el delito  ha reiterado y ha documentado la colusión y nada pasa, nada pasará porque no queremos ver que se es parte del estilo de vida. Es el estilo de México, es la fórmula en la que poco a poco la sociedad empobrece y los nuevos ricos (los políticos) son los socios de la delincuencia y los delincuentes. No hay solución, nada, solo el silencio de los muertos, no importa que hace una semana nuevamente quemaron a 19 al parecer centroamericanos en Camargo, Chihuahua. ¿A alguien le lastima la conciencia?