El Tercer Ojo - Uno de Polémica: ¿Hacia dónde ir en esta etapa electoral?

En opinión de J. Enrique Alvarez Alcántara

El Tercer Ojo - Uno de Polémica: ¿Hacia dónde ir en esta etapa electoral?

“Votar para botar / (para echar fuera). / Si no es para cambiar / votar no vale la pena. / Votar para pasar del latifundio / a la Reforma Agraria, / de la especulación inmobiliaria a la Reforma Urbana, / del neoliberalismo privatizador / a la libertad fraterna, / de los partidos de los señores / a los partidos de los iguales, / de la mentira y la explotación / a la verdad y al reparto, / de la vieja política de siempre”.

 

Pére Casaldáliga

 

Estimados lectores que siguen esta columna semanal, pese a mi aparente reticencia a compartir algunas ideas sobre la dinámica sociopolítica que en esta era y hora nos demanda la asunción de posturas claras y sin ambages, esta ocasión me apresto a blandir la palabra para lanzar al vuelo –cual canto de pájaros esparcidos por el aire— un conjunto de cuestionamientos que apuntan hacia el corazón de nuestra vida política nacional, estatal, municipal o universitaria.

 

Como bien sabemos –por ser testigos de las contiendas que hoy se libran en torno a la “elección”, o selección, de candidatos de partido a los diferentes puestos de “elección popular” que se celebrarán muy pronto, para luego proceder a la elección de Presidente de la República, algunos Gobernadores, Senadores, Diputados y Presidentes Municipales; y, faltaba más, en el caso de nuestro estado de Morelos, la elección de Rector de la UAEM— los suspirantes o deseantes de tales “candidaturas” surgen e cantidades nada despreciables; todos los deseantes o suspirantes afirman y sostienen que ellos, y nadie más que ellos, son quienes poseen las cualidades necesarias para asumir la “responsabilidad” y el “privilegio de servir” a la patria, al estado, municipio y universidad.

 

Las confrontaciones dialécticas y discursivas se centran, desafortunadamente, sobre las cualidades académicas, políticas, de género, éticas, morales, de “cuotas de inclusión y participación democrática”, de las “fortalezas” o “debilidades” de los oponente al mismo cargo o puesto o candidaturas, de “coherencia ideológica” de todos y cada uno de los suspirantes o deseantes. Es decir, sobre las personas y sus rasgos o características que las definen y las distinguen, a su vez, de los otros suspirantes o deseantes.

 

Los conceptos a discutir se resumen en sentencias del tipo: “Es, o no, de izquierda, o derecha”, sin precisar lo que se representa detrás de ello; “Éste asegura la continuidad de la transformación, mientras que el otro no”; “Ahora le toca a una mujer”, aquí allá o acullá; etcétera; empero, no hemos podido escuchar o leer, hasta ahora, una propuesta clara que explique el conjunto de condiciones que han hecho posible el  estado de cosas que se observan en el país, la entidad federativa, el municipio o la universidad.

 

No hemos sido testigos aún, de las reflexiones que conduzcan a intentar, al menos ello, un diagnóstico causal del estado de la cuestión que guarda cada uno de los niveles de análisis ni, mucho menos, una propuesta, a corto, mediano o largo plazo, con la participación activa, libre y democrática de la mayoría de los sectores que componen nuestra sociedad, de soluciones creíbles, verosímiles y plausibles.

 

No existe un idea clara de Proyecto de Nación, Estado, Municipio o Universidad que nos provea de los elementos de juico sólido para optar más allá de “liderazgos” y “caudillismos” centrados única y exclusivamente en las cualidades personales de los suspirantes o deseantes.

 

Al parecer, la concepción de “participación democrática” que se tiene se reduce al acto de opinar, contestar a encuestas, votar, “elegir” a quien “sí me represente” y éste sea quien decide y actúa por mí y en mi nombre y representación, amplia y cumplida. Es decir, la visón que se tiene de la “democracia”, así, sin adjetivos, se reduce a un acto de cesión (del verbo ceder) del poder de actuación a “quienes sí me representan”; después de ello, la vida y responsabilidad política es nula.

 

Poco importa si luego de estas provocaciones me inquieren: “¿Es que acaso quieres el regreso del PRI, PAN o PRD?”, “¿Más de lo mismo anterior a la Cuarta Transformación, o lo mismo con la Cuarta Transformación?”, “¿No debemos buscar al mejor candidato?”, entre otras interrogantes.

 

Lo trascendente consiste en reconocer, para decidir y optar, los proyectos de nación, estado, municipio o universidad, lo otro es irrelevante.

 

Es necesario, sin duda alguna, reconocer que nuestra historia de vida democrática ha sido trunca o incompleta, únicamente ha considerado como parte esencial de la misma la “Capacidad de elección y cesión de la responsabilidad a otros que no son yo; a otros que, se cree, con harta seguridad y certeza, decidirán acertada y justamente lo que conviene y, después de ello, en un acto de simulacro, informarán de su trabajo”, luego para el siguiente periodo electoral, se darán cuenta de nuestra existencia y acudirán a pedir nuestra opinión o voto.

 

“Votar para botar / (para echar fuera). / Si no es para cambiar / votar no vale la pena”.