El Tercer Ojo - A propósito del libro Neuropsicología de la Vida Cotidiana ¿Dónde están las llaves? Aforismos y sentencias (cuarta y última parte).

En opinión de J. Enrique Alvarez Alcántara

El Tercer Ojo - A propósito del libro Neuropsicología de la Vida Cotidiana ¿Dónde están las llaves? Aforismos y sentencias (cuarta y última parte).

 

A: Dr. Saúl Martínez Horta

Dr. Eliseo Guajardo Ramos

Dr. Jesús Ramírez-Bermúdez

 

Para cerrar este cuarteto de colaboraciones dedicadas a la realización de una recensión del libro ¿Dónde están las llaves?, de nuestro estimado amigo el Dr. Saúl Martínez Horta (Barcelona, GeoPlaneta, 2023), amables lectores que me siguen, a modo de síntesis y conclusiones mostraré ante ustedes un conjunto de aforismos y sentencias que, extraigo como tales del mismo texto sin que, preciso, el autor las haya presentado como tales; por ello, asumo aquí, como acto de contrición, el ofrecimiento de sentidas disculpas por los sesgos o limitaciones que ello impriman.

 

Demos pues inicio con esta tarea que me autoimpuse.

 

1.- El cerebro y sus funciones no se sienten, simplemente suceden, están ahí. No notamos absolutamente nada en nuestra cabeza cuando no nos sale una palabra que tenemos en la punta de la lengua, o cuando simplemente caminamos, o mientras de un modo totalmente automatizado vamos leyendo o comprendiendo este texto. (P. 14).

 

2.- Siempre defenderé que el mejor manual de neuropsicología que existe se llama pacientes y que ninguna aproximación nos ha podido enseñar más acerca del funcionamiento normal y alterado del cerebro humano que el estudio de personas afectadas por agresiones en su cerebro. (P. 14).

 

3.- No es lo mismo no poder acceder a un conjunto de recuerdos que están almacenados que haber perdido el almacén de los recuerdos. (P. 21).

 

4.- Para que el olvido se produzca como tal debe cumplirse una premisa fundamental: la información debe haber sido previamente almacenada. (P. 31).

 

5.- (…) Una cosa es haber incorporado información en nuestro sistema de memoria y otra distinta ser capaces de acceder a esa información y recuperarla en forma de recuerdo. (P. 39).

 

6.- La percepción, es decir, el modo como organizamos e interpretamos toda la cascada de estímulos que impactan contra nuestros sistemas sensoriales, no se produce en la lengua, ni en los ojos, los oídos o la piel. Suceden en el cerebro, un cerebro que interpreta y, por ende, dota de significado a aquellas señales que recibe. (P. 91).

 

7.- En esencia, el mundo que experimentamos no es como pensamos que es, sino como nuestro cerebro anticipa, predice y construye. Por ende, la realidad percibida es aquello que el cerebro considera más probable (...). (P. 100).

 

8.- No hay mayor presencia que la de la ausencia (... es por ello que…), el cerebro tiene la brillante capacidad de rellenar los vacíos con aquello que conoce. (... Pudiérase decir que la persistencia en el tiempo de la ausencia es semejante a la presencia de la ausencia de los poetas, como Mahmud Darwich…). (P. 104).

 

9.- Existe aquello en lo que pensamos, y pensamos en aquello que conocemos y sobre lo que desplegamos atención. Los recuerdos olvidados, las palabras a las que no atendimos o las canciones que no escuchamos existen quizás ahí fuera, pero son cosas en las que no podemos pensar porque dejaron de existir dentro de nosotros. (P. 188-189).

 

10.- (...) Si fuésemos coherentes con nuestro sentido del conocimiento, deberíamos ser capaces de reconocer que, del mismo modo que cada noche podemos ver y experimentar la belleza de un cielo estrellado sin que ello nos convierta en expertos en astronomía, el mero hecho de experimentar nuestra mente y comportamiento no nos convierte en expertos en ello. (P. 201).

 

11.- Por supuesto que las personas tenemos una libertad plena de la que nadie nos puede privar incluso cuando nos mantienen encarcelados. Esa es la libertad de pensar, de opinar, de experimentar o de construir en nuestra mente aquello que nos plazca. Por supuesto que sí. (... Pero otra cosa es decir que lo que ocurre en nuestra cabeza es lo que sucede en la realidad…). (P. 203).

 

Van ahora unas muy pocas sentencias.

 

1.- Uno de los mitos más extendidos sobre el funcionamiento y el conocimiento del cerebro humano es, sin duda, el que afirma que sólo empleamos el 10% de nuestra capacidad cerebral. Este mito no sólo se asienta sobre el uso de una lamentable regla de la lógica elemental, sino que, en el peor de los casos, ha servido para nutrir los negocios de una serie de expertos en potenciar estos cerebros que tenemos tan desaprovechados. (P. 251).

 

2.- La demencia senil no existe. (P. 267).

 

3.- Las enfermedades mentales sí existen. (P. 279).

 

Vayan estos aforismos y sentencias como una invitación a leer este libro del Dr. Martínez Horta.