«Viven»

En opinión de Mirna Zavala

«Viven»

Efectivamente, viven y los celebramos con respeto, veneración, alegría y esperanza. Con la absoluta confianza de que volveremos a vernos, tan cierto como el aire que respiramos.

Y es que nuestra muy antiquísima y arraigada celebración de Día de Muertos nos une y nos encuentra como familias alrededor de cuantos seres queridos hemos perdido.

Nuestro ambiente estos días primeros de mes está lleno de colorido, principalmente el amarillo del cempasúchil no solo colma tonalidad de nuestra tradición sino también como una característica de nuestro otoño.

Nos caracterizamos como catrinas en señal de empatía con aquellos que queremos y creemos que nos visitarán en espíritu esta noche, pero no se trata de una llegada gris y tenebrosa sino colorida y llena de alegría, porque estamos convencidos que verán, escucharán y disfrutarán de todo aquello que en vida eran sus más queridos gozos como alimentos y bebidas, música y folclor y que con tanto esmero y cariño colocamos en nuestra ofrenda familiar. Y es precisamente eso, un don, un regalo, con que queremos obsequiar a un padre o madre, hermano o hermana, abuelo o abuela, y demás personas que guardaron con nosotros un parentesco consanguíneo, pero también a un buen amig@, un querido profesor o profesora.

Una tradición que sintetiza nuestra mexicanidad en la que confluyen nuestros pasados indígena y religioso, o cultural si así desean llamarle.

Podría decirse sin rubor que la muerte nos une como una simbiosis con la que en esencia celebramos la vida, una mejor vida.

No se trata de un reírse de la muerte como dicen personas que nos miran desde otras latitudes, es que se tiene que ser mexicano para experimentar la fuerza y la viveza de nuestra tradición de muertos.

Celebremos pues la vida en la inexistencia física pero que se siente en el recuerdo de nuestra gente perdida, y transmitamos nuestra esencia cultural a las siguientes generaciones.

Respetuosa y alegremente en tan simbólica fecha de lo que hemos sido, somos y seremos en el tiempo y en el espacio de nuestro México querido.

MIRNA ZAVALA