Honrar al parlamento. El Congreso y el diálogo ausente.

En opinión de Aura Hernández

Honrar al parlamento. El Congreso y el diálogo ausente.

Su vanidad es más grande que su miseria.

Giuseppe di Lampedusa en Gatopardo.

 

A media noche, a escondidas, en la fecha de los fervores guadalupanos, sin testigos incómodos, sin oposición, regodeándose en su autocracia, acusando de traición a la facción opositora que a su vez los acusó de lo mismo, un grupo de diputados de la Legislatura 55 del estado mostró, a quien lo quiso ver,  de qué manera es posible hacer pedazos un parlamento, la esencia de su razón de ser. Nunca, más Ad Doc aquello de “¡al ladrón, al ladrón!”.

Lo sucedido la noche del 12 de diciembre la sede del Poder Legislativo de Morelos, cambió por la vía rápida los escasos equilibrios de poder dentro de la casa de donde se dice que el pueblo está representado. De un momento a otro, un parlamento que en el discurso había privilegiado lo políticamente correcto, pasó del gatopardismo a la asonada.

Once diputados locales, del grupo que los medios han dado en llamar “los municipalistas”, porque varios de ellos fueron presidentes municipales antes de ser diputados, destituyó a la presidenta de la Junta de Gobierno, el órgano interno más importante de ese poder, a la que señaló de representar los intereses del ejecutivo del estado e impulsar la aprobación del presupuesto 2022, sin modificarle una sola coma a lo propuesto por el legislativo.

Pero ellos no fueron mejores. A estas alturas no sé qué es más ignominioso, si ser una facción legislativa al servicio de otro poder o, asaltar el poder, destituir, cual dictadura, a todas las cabezas opositoras con representaciones en los diversos órganos del Congreso para imponer, sin contrapesos, solo a funcionarios a afines, aprobar un presupuesto que responda a sus intereses y por si fuera poco, negar el acceso al recinto a sus pares. ¿Con quién se quedaría Usted estimado lector?

Pero la falla viene de tiempo atrás. Los diputados municipalistas que conforman un bloque de interés, que no ideológico, intentaron antes autorizarse un presupuesto escandaloso para moches, pretendieron desaparecer al órgano estatal de fiscalización y ahora para la aprobación del presupuesto 2022, pretendieron vender caro su amor. Lo más lamentable en este conflicto, es que subyace la pelea por los recursos.

En términos de la real politik, es común y hasta normal que quien tiene la titularidad del Poder Ejecutivo, cuente con una bancada en el legislativo que le permita cierto margen de gobernabilidad, y también es común que haya en los poderes legislativos cambios de estatus de las diferentes fuerzas políticas, producto de nuevos equilibrios de poder y eso determina sus  pesos y contrapesos.

A veces estos se rompen, como está ocurriendo en el caso de Morelos, con el inconveniente de que aquí llevamos años con este fenómeno. Vamos de ruptura en ruptura y eso paraliza la función legislativa y ofende a la ciudadanía. La historia de Morelos y del país es prolija en ejemplos.

La historia legislativa del estado tiene por lo menos cien años para contar experiencias de este tipo de disputas por el poder y los saldos han sido atroces. Porque los diputados están tan ensimismados en sus disputas individuales que olvidan su calidad de servidores públicos y de representantes populares para enfrascarse en batallas campales que les reditúen más poder y … más dinero.

Pero quienes creemos en la utopía de la democracia tendemos a esperar que esta vez sí sea la última. Por eso, deseamos que las facciones en disputa en la 55 Legislatura, harán honor a sus cargos. Dialogarán y aprobarán presupuestos que busquen mejorar la calidad de vida de los morelenses, presupuestos que inciden en el combate a la inseguridad, en la discriminaciòn, en la disminuciòn de la pobreza, en las desigualdades, en fín: nada del otro mundo, solo que hagan su trabajo: el que juraron por la Constituciòn.