¿CUÁL CAMBIO QUIERE EL PRESIDENTE?

En opinión de José María Román

¿CUÁL CAMBIO QUIERE EL PRESIDENTE?

Ante los hechos del Perú donde el poder legislativo ha tomado con toda responsabilidad las decisiones para salvaguardar su democracia, sujetando al ejecutivo al cumplimiento de la ley, no queda más que razonar ante las propuestas de reformas que AMLO quiere del INE: ¿qué realmente desea en el fondo el presidente cuando por décadas hemos observado que el Instituto ha cumplido eficazmente con la ley? Sí, de acuerdo, quizá hay que hacer algunas reformas, pero nunca alguna que altere su autonomía e independencia total y absoluta de cualquier gobierno, incluyendo al de AMLO.

Se entiende que quiere el control político del INE, que por su naturaleza, maneja elecciones sin entrar en la política, sino en calificar los actos electorales de los políticos con la imparcialidad transparente de que los resultados de las votaciones del pueblo son la certeza de la voluntad ciudadana. Como es razonable, para que se genere esta certeza y transparencia se requiere una independencia absoluta, tanto del gobierno en sus tres niveles como de los políticos en el poder. El INE es el mando ciudadano para calificar a sus gobiernos y a sus políticos en el poder. Para eso, lógicamente tenemos que alejarlo del manoseo de los intereses hasta cierto punto normal de los gobernantes y de los partidos políticos y sus instituciones. Sin esa libertad y sin esa garantía de su existencia, el Instituto carece de razón de ser. El político debe tener un límite en materia judicial y electoral para evitar los abusos y el único que debe controlarlo es el INE para cumplirle al pueblo de México que su voto mayoritaria es respetada y que la sociedad en el momento de elegir tiene la opción de calificar al partido, al político gobernante y al gobierno respecto de lo que hizo con su voto mayoritario en los años que le tocó gobernar.  Son dos esferas opuestas por naturaleza: Por un lado el gobierno con sus instituciones manejadas por el político o políticos elegidos y por otra la evaluación que el ciudadano, al final de su mandato le aprueba o le desaprueba su actuación, es decir, si concede darle mayoría y continuidad al partido en el gobierno, lo aprueba o al rechazarlo de plano dar la oportunidad a otros políticos y partidos que a su vez, le exigirá cuentas y le entregará cuentas, quiera o no, cuando con su voto nuevamente lo refrende o lo rechaza. Es eso la voluntad soberana a que se refiere la constitución cuando dice que reside en el pueblo el poder original. Con los años, los distintos gobiernos de diferentes partidos se han posesionado transitoriamente del poder y es ese poder, convertido en proyecto a través de sus partidos lo que está en juego periódicamente y que el pueblo soberano tendrá que decidir si conviene o no seguirlo dejando nuevamente en el poder a través de su partido o quitarlo y designar otro. Todo esto que es esencial entender, en el común de los ciudadanos se ha tirado al olvido y vota por canonjías, regalos, programas sociales, etc. que no benefician a la estructura estatal para que los ciudadanos generen su propio bienestar mediante su desarrollo, sino que algunas tendencias como la actual, es el regalo vía programas la base del gobierno y eso no es sano. Obvio, si seguimos así, habrá atrasos y empobrecimiento tanto de la población receptora de beneficios como del propio sistema de gobierno.

Y la razón es que no edificamos una mejora social y económica, sino que distribuimos la riqueza en regalos y no en apoyos que mejoren la vida de los mexicanos menos favorecidos. Por lo mismo los hacemos adictos del poder en turno bajo el argumento de justicia social, cuando generamos injusticia social al tener una nueva modalidad de esclavitud, cuyo patrón es el gobierno, esa esclavitud, yo diría son los nuevos esclavos, que son la clase media en todos sus niveles y los gigantes empresariales en menor medida. ¿Por qué lo digo? Porque es de ellos, de los que laboran, los que sí atienden sus trabajos, los que todas las mañanas están atentos a atender a sus negocios y clientes, los obreros,  de donde salen los impuestos que luego se reparten alegremente sin que produzcan nada que edifique y mejore al pobre y no ayuda en nada en sectores que aún son productivos como los jóvenes. Eso empobrece a todos, ricos y pobres, holgazanes, atenidos y trabajadores.

Por eso es indispensable que al INE si de verdad queremos mejorar, le agreguemos a la ley siete elementos para convertirlo y de paso a la sociedad también, en un órgano y en un pueblo realmente democrático. Los tres puntos a reformar serían: 1.- La propuesta del Senador Monreal de Michoacán, que todo gasto de partidos y políticos sea rigurosamente a través de cuentas bancarias, 2.- Que se acepte y regule la segunda vuelta entre los dos mayores candidatos ganadores del voto en la primera elección, 3.- Eliminar momentáneamente y plasmarlo en la ley, el uso de celulares en el momento del acto de votar, 4.- El INE audite dos veces por año a las finanzas de los partidos y las penas a la infracción sean tan severas que inhiban los actos de corrupción, 5.- Controlen con rigor las  aportaciones que los ciudadanos puedan hacer a los partidos o candidatos con lo que simpaticen, limitando el dinero a aportar…y 6.- que el acto de votar, sea obligatorio para el ciudadano, so pena de multarlo con mínimo $ 2000.00 por omitir cumplir con su obligación para con su país y ponerlo en equivalente a salarios mínimos. Por último, eliminar temporalmente los tribunales  e institutos electorales estatales ya que solo funcionan en tiempos electorales, lo que además es tirar el dinero de los contribuyentes.

Si realmente quieren la democracia, éste puede en mi opinión, la posible solución. Bueno, pero sabiendo cómo se las gastan, el primero que se opondría serían probablemente los MORENAZOS ahora que ya probaron las mieles del poder…