Arco Libre - ESTEEEEEBAAAAAN Parte II

Hugo Arco en Cultura

Arco Libre - ESTEEEEEBAAAAAN Parte II

A Salomón no se le veía en la vecindad continuamente. Con frecuencia lo engranjaban y permanecía la privada así sin él, durante meses. A veces se lograba escapar y como regresaba desintoxicado, supongo que su familia no tenía ningún problema para recibirlo. Sin embargo, su presencia  era una bomba de tiempo que podía estallar en cualquier momento.

A mi me tocó ver aquella vez y luego me tocaron otras más pero me imagino que a Esteban le tocó vivir así muchas, demasiadas.

Lo encontré infinidad de veces en las esquinas menos pobladas de la colonia, siempre pensando y disfrutando de sus cigarros que dan risa. Si así se hubiera mantenido creo que no hubiera habido tanto problema. El conflicto real era cuando tomaba, ahí, se perdía.

Años después, el señor de los periódicos de la colonia buscó a Don Chuy (el papá de Salomón) ya que en la nota roja aparecía una persona que se había arrojado de un puente, cayendo así encima de un automóvil y con las mismas características de su hijo. Nunca se supo si había sido un suicidio o un asesinato. La idea es que resultó que en efecto, Salomón había muerto. Su papá tuvo que ir a reconocerlo a la morgue.

Danae siempre fue una persona triste desde que yo recuerdo. Siempre medicándose. Le preguntaba que para qué le servían sus pastillas y me respondía con una sonrisa en su rostro que eran para la depresión. Yo en ese entonces no sabía muy bien que era eso de la depresión. Ella contaba con la misma edad de mi madre y era muy bonita, de igual forma solo estudió hasta la secundaria y de ahí pasó a estar encerrada, el noventa por ciento de toda mi infancia que los visité con frecuencia. No salía casi nunca.

De hecho, cuando se casó, se llevó a su esposo a vivir también allí con su mamá y sus hermanos. Y al igual que Salomón, el Miguelón se desaparecía durante meses para tomarse unas “vacaciones” en el departamento que aún conservaba para beberse todo lo que no se tomaba en sus épocas de abstención y que llegaban a durar hasta por medio año.

Creo que a veces la casa de Esteban permanecía con pocos habitantes cuando coincidían las “vacaciones” de sus huéspedes. Yo siempre me pregunté del por qué la señora Bertha no le ponía un alto a su yerno. Al fin y al cabo vivía en su casa y su hija Danae sufría por todo lo que sucedía.

Recuerdo que Esteban me decía que su mamá no tomaba cartas en el asunto porque Miguelón era el encargado de pagar el recibo de la luz y del gas.

Chuy era el cantante de la colonia. Era él, el tercer hermano y tenía muy buena voz. Cantaba muy parecido a José José. Tenía un excelente vibrato y además interpretaba con mucho sentimiento. Tenía en el rostro un tic, una chiripiolca decía, que le ocasionaba muchos de sus problemas. Lo curioso es que sólo ebrio se le quitaban, desaparecían. Fumaba hasta dos cajetillas diarias y de igual forma se desaparecía durante algunos meses por las mismas razones que su hermano mayor y de su cuñado.

Solo que aquí, su papá se hacía más presente, ya que como él mismo decía, que su hijo mayor ya estaba echado a perder y esto no le podía de nuevo volver a pasar con uno de sus hijos menores. Entonces cuando Chuy se encontraba enganchado, borracho, afuera de su casa esperando a que le dejaran entrar, Don Chuy, de la calle (supongo que alguien de su familia le hablaba por teléfono para avisarle de la situación), llegaba muy serio, con una furia interna a darle un “ejemplar correctivo” a su hijo, estuviese quien estuviese cerca de la escena.

Muchas veces enfrente de los todos los niños comenzaba a darle unas muy fuertes cachetadas que generaban un ambiente atroz. Chuy solo pedía que le disculpara, que ya no le pegara, pero el señor no hacía caso y continuaba para finalizar jalándole de la oreja y de la patilla hasta llevarlo a su casa.

A pesar de todo Esteban, en la actualidad, ha salido avante. Es comerciante y músico profesional que ha grabado varios discos. Su madre conforme fue creciendo Esteban fue soltándose cada vez más y fue testigo de muchos de sus logros.

La señora, ya finada, siempre fue muy amable conmigo. Casi podría decir que yo era otro de sus hijos y es que hasta la preparatoria visité su casa frecuentemente. Obvio también había muy buenos ratos en casa de Esteban, yo me la llegué a pasar muy bien.

 

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