Serpientes y escaleras - Protegiendo al golpeador

En opinión de Eolo Pacheco

Serpientes y escaleras - Protegiendo al golpeador

El costo de proteger Cuauhtémoc es muy alto, pero al menos la gente dejó de hablar de las fosas. ¿O no?

 

Protegiendo al golpeador

No tengo claro si Morena calculó mal el costo de proteger a Cuauhtémoc Blanco o simplemente atendió una orden superior sin pensar en las consecuencias. Proteger al futbolista en el congreso federal generó un sisma legislativo, dividió a la bancada e hizo que muchos los aliados se hicieran a un lado. El futbolista conservó el fuero, pero perdió la batalla pública y se llevó a su partido entre las patas. Lo peor: los morenistas echaron la culpa del tema a la fiscalía de Morelos.

Lo ocurrido el martes en San Lázaro fue terrible, vergonzoso y representó un enorme golpe para el discurso de Morena; la bancada guinda hizo a un lado su compromiso público de proteger a la mujer, de creerle a las víctimas y romper el techo de cristal. Más aún: proteger a un golpeador implicó un enorme costo para la presidenta con A y para la gobernadora con M.

Hace unos años Cuauhtémoc Blanco era un activo muy importante para la 4T: se trataba de una figura pública muy querida por las masas, un ídolo popular, un futbolista que era referencia permanente de las televisoras e invitado constante de todos los programas deportivos.

Dentro de la cancha el nativo de Tepito se hizo un nombre que trascendió su época profesional, se cotizaba muy caro porque era un imán para los patrocinadores, la gente lo buscaba, las marcas querían estar con él, los aficionados lo adoraban y los americanistas lo defendían de cualquier crítica.

Fue esa fama lo que lo catapultó a la política y su entrada a este ambiente estuvo enmarcada por el escándalo que generó el contrato por siete millones de pesos que signó para representar a un partido que estaba destinado a desaparecer. Desde la capital morelense llamó la atención de Morena, tanto que en el 2024 se convirtió en el abanderado de la 4T a la gobernatura de Morelos.

La fama personal de Blanco Bravo fue siempre su mejor blindaje ante los ataques; como figura pública era un activo político del partido y sin importar los errores que cometiera como gobernante, la gente lo veía como un ídolo del fútbol.

Pero esa fama nubló la mente de un hombre que nunca entendió la importancia de hacer bien las cosas, de no pelear, de rodearse de profesionales, de cuidar su año siete y sobre todo de hacer amigos.

Cuauhtémoc Blanco no es el único gobernador que ha hecho mal las cosas, que ha cometido actos de corrupción o se ha mareado con el poder, pero sí es, por mucho, el que más pleitos personales tuvo, el más frívolo, ignorante, déspota, arrogante y desinteresado por la entidad.

Cometer errores es humano, equivocarse en el ejercicio de poder es algo natural (no deseable), pero asumirse todo poderoso, protegido por el manto presidencial y actuar por encima de la ley, de los derechos humanos y de las personas es algo que jamás se había visto en Morelos.

Como gobernante Cuauhtémoc Blanco tuvo momentos terribles, omisiones permanentes y excesos que marcaron un antes y un después en la política morelense; como persona escenificó momentos terribles como aquel en el que se fotografió con líderes de la delincuencia organizada o cuando en un arranque de cólera, soberbia y azuzado por una diputada del PES, agredió verbalmente en un restaurant a Rafael Reyes, alcalde de Jiutepec, contra quien a partir de ese momento emprendió una campaña personal e institucional que provocó que Morena perdiera el control político de ese municipio.

El futbolista pudo dejar atrás su terrible paso por Morelos con una actitud diferente; sus excesos, su corrupción y las múltiples arbitrariedades pudieron ser omitidas por un gobierno de su mismo partido. El problema son sus actos personales, su arrogancia y un asunto que aunque Morena quiera no puede ocultarse: su perfil de abusador de mujeres.

La opinión pública no está hablando de la corrupción que hubo en el gobierno de Cuauhtémoc Blanco, ni tampoco sobre sus relaciones con grupos delictivos; lo que está sobre la mesa es su imagen como un hombre golpeador de mujeres, alguien denunciado por su propia hermana por intento de violación y exhibido por su esposa maltratando a su hijo y golpeándola a ella.

“Seis meses después la señora presentó su denuncia” dice a modo de defensa el futbolista, como si el tiempo borrara el hecho o comprobara que lo denunciado no ocurrió. “La carpeta no estaba bien integrada” dijeron los morenistas como argumento de defensa a su postura, sin importarles que ese sea el mismo argumento / razón que les aplican a miles de mujeres agredidas y que, dicho por la diputada Annia Gómez, ha provocado que muchas de ellas sean asesinadas.

Cuauhtémoc Blanco dijo en una entrevista que su hermana trató de chantajearlo, que le pidió que le cambiara el auto o de lo contrario lo denunciaría; un argumento similar utilizó su hermano Ulises cuando también fue denunciado por su esposa por violencia familiar. Suponiendo (sin conceder) que así hubieran sido las cosas, ambos pudieron resolver el problema de forma doméstica, pero no lo hicieron. ¿La razón? Simple: arrogancia.

El costo de defender a un hombre acusado de violencia de género es enorme para Morena y resultará muy caro para la presidenta con A y para la gobernadora con M. Para el grueso de los ciudadanos se trata de la protección política a un violentador de género, alguien que ha sido expuesto por su propia esposa y que a lo largo de muchos años ha estado inmerso en este tipo de escándalos. Digan lo que digan, no existe un argumento sólido para defender a alguien así.

Lo más denigrante en esta historia es que Morena mandó a las mujeres de su partido a dar la cara por el violentador, fueron ellas las que lo defendieron, las que corearon “no estás solo” y al hacerlo quedaron exhibidas frente a la sociedad. Las mujeres empoderadas, libres e independientes, fueron quienes justificaron las decisiones tomadas por hombres, empezando por Ricardo Monreal, Pedro Haces y Hugo Eric Flores.

Para Morelos la decisión de proteger a Cuauhtémoc Blanco también resulta muy cara, porque el argumento para hacerlo fue que la fiscalía había hecho un mal trabajo. Y aunque algunos saben que el expediente lo armó el fiscal Uriel Carmona, para la mayoría lo que queda en la mente es que la protección viene desde Morelos.

Todos los discursos de la cámara reiteraron que lo que se votaba no era la inocencia o culpabilidad del acusado, sino la posibilidad de que enfrentara a su demandante sin fuero, como cualquier ciudadano. Morena no permitió que eso sucediera, recurrió a argumentos legaloides para justificarse e internamente advirtió a su bancada que permitir que le quitaran el fuero a uno de ellos, abriría la puerta para que más adelante se hiciera lo mismo con todos.

El triunfo parlamentario de Morena el martes pasado fue pírrico y quedó expresado en la actitud del presidente de la cámara, reiteradamente acusado de parcial, de proteger a Cuauhtémoc Blanco y de violar el reglamento parlamentario. Una vez terminada la votación Sergio Carlos Gutiérrez dio por concluida la sesión y se levantó apresuradamente de su lugar, entre gritos y reclamos de muchas diputadas. ¿Algo así se puede considerar una victoria?

Morena ganó la batalla legislativa, pero perdió la guerra con las mujeres de México.

·         posdata

el bloque legislativo de Morena aventó la papa caliente a Edgar Maldonado; una y otra vez los oradores que defendieron a Cuauhtémoc Blanco reiteraron que el motivo para rechazar el desafuero era el mal trabajo hecho por la fiscalía.

Ninguno tuvo el cuidado de precisar que se referían al trabajo hecho por el fiscal Uriel Carmona Gándara, todos se centraron en la idea de que el expediente estaba mal integrado y por ello era improcedente la petición.

Nadie se detuvo a pensar que al hablar así, la presión mediática se lanzaba a un gobierno de Morena, con una gobernadora amiga de la presidenta y un fiscal recién llegado, honorable y ajeno a la defensa del futbolista.

La sociedad no tiene memoria de largo plazo, aunque románticamente pensemos que sí; constantemente pasamos de un tema a otro, olvidando que los héroes de hoy eran los villanos de ayer y visceversa. Hace unos años los morelenses celebrábamos la salida de un ladrón como Graco Ramírez y la llegada de un ídolo del fútbol que, aunque no sabía nada de administración, le había ganado la elección al establishment; hoy ese mismo personaje es acusado de lo mismo y nadie puede garantizar que esta misma historia no la estaremos contando en seis años, cuando concluya el mandato de Margarita González Saravia.

Justificar la protección a Cuauhtémoc Blanco con errores de la fiscalía de Morelos es un duro golpe para Edgar Maldonado y para gobernadora; el enojo por el voto morenista es enorme, supera el ámbito político y es mayor al que cualquiera hubiéramos imaginado antes de la votación; el tema Cuauhtémoc Blanco puede convertirse en un argumento para atacar a Margarita González Saravia, porque el único argumento que tuvo la oposición en la elección pasada contra la candidata de Morena fue que llegaría a proteger a Cuauhtémoc Blanco.

El fiscal y su equipo deben ser muy cuidadosos en este tema, porque se encuentran a dos fuegos: por un lado frente a la orden de Morena de proteger al exgobernador y por otro ante el juicio público que reclama justicia y pone en tela de juicio el compromiso del régimen con las mujeres.

La comunicación es clave en la estrategia que determine el fiscal de Morelos, aunque no se dé cuenta de ello.

·         nota

Hablando de lo mismo: durante el tiempo que duró el debate sobre el presunto intento de violación de Cuauhtémoc Blanco a su hermana, la secretaria de la mujer en México nunca se pronunció al respecto; minutos después de que el congreso desechó la solicitud de desafuero Citlalli Hernández escribió sobre el tema en redes sociales y mantuvo la responsabilidad del problema en la fiscalía de Morelos.

Por cierto: ni la secretaria estatal de la mujer, ni la directora del instituto de la mujer de Morelos (dos instituciones que duplican funciones, porque hacen exactamente lo mismo) se han pronunciado sobre el tema; vamos, ni siquiera la dirigente estatal de Morena, también mujer, se ha atrevido a alzar la voz en defensa de las mujeres. Las tres olvidan la máxima de la 4T: hay que creerles a las víctimas.

Obvio, son funcionarias, viven del erario y responden a un interés político por encima de un compromiso de género.

·         post it

No todo es malo para Morena: aunque el rechazo a la solicitud de desafuero de Cuauhtémoc Blanco echa por tierra el lema de “llegamos todas”, al menos hizo que la opinión pública dejara de hablar momentáneamente de las fosas.

·         redes sociales

Sandra Anaya y Ariadna Barrera se jugaron su capital político defendiendo a Cuauhtémoc Blanco y perdieron; difícilmente alguna de ellas obtendrá una candidatura en el 2027 por Morena, al menos en Morelos.

Las diputadas decidieron proteger a un golpeador de mujeres por encima de su compromiso de género y su lealtad política con la gobernadora.

Cierto: nunca han sido leales a Margarita González Saravia.

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