¿Qué sigue después del 8M?

En opinión de la Dra. Roselia Rivera Almazán

¿Qué sigue después del 8M?

Continuamos en el mes de la mujer, sin embargo, vale la pena advertir que más allá de la lógica a que posterior al 8 de marzo continúa el 9, ha quedado en el ideario colectivo que la protesta ante las condiciones en que se viven las diversas realidades de ser mujer se ha concatenado a la búsqueda general del reconocimiento de lo necesarias que somos en el mundo las mujeres. Algo así como: “terrible tenerme y después perderme”[1].

            El 8M, cuyo antecedente nos remitía a la original búsqueda en la mejora de la mujer trabajadora, que pudo constituirse a manera de foro multidisciplinario donde fueran analizadas las condiciones en que se presta el trabajo, las circunstancias que impiden o limitan a las mujeres desarrollarlo en plena libertad para dignificarnos como seres humanos independientes, se olvidó para dar pie a una marea de enojo que reitera la violencia que se vive como mujer en casi todos los contextos, esta marea ya no está interesada en distinguir o atender causas, ni quiere dialogar, está cansada, no se va a callar y parece que no cambiará a menos de que las cosas cambien. Lastimosamente tal y como ocurre con una vida que está herida, que sangra y se duele de su desgracia, los buitres institucionales y los de la política aparecen para solidarizarse con víctimas que se han transformado en votantes con quienes hay que simpatizar.

A los días tristes por las que no están, por las que se han ido y no volverán, así como por las que continúan viviendo alguna forma de violencia en los múltiples contextos de México, incluso por las que a su vez replican y multiplican los patrones de violencia sin que lo perciban, nos resurgen nuevas fuerzas para cuestionar públicamente ¿Qué le sigue al 8 y 9 de marzo? ¿Qué es más probable conforme a la experiencia? ¿Será que el paso del tiempo borre las pintas en bardas, así como en espacios públicos? ¿Podrán cumplirse los compromisos que como sociedad y gobierno tenemos para construir una mejor sociedad, garantizando a todas las personas una vida libre de violencia?

Ante los cuestionamientos anteriores, aprovecharé la oportunidad para extender la invitación a permitir, que toda persona sea mujer, hombre, no binario o con cualquier otra expresión en la que se inserte, pueda abrirse a continuar e ir más allá del 8M, pues si queremos cambiar las cosas, y si las protestas del 8M no han llevado a los resultados que se esperaban, entonces hagamos las cosas de un modo diferente. No puedo afirmar cuál sería la fórmula perfecta para el 8M, tampoco sabría cuáles serían exactamente los pasos para transitar al desarrollo de foros en los que pudiera atenderse una problemática a la vez, y sólo tal vez, para regresar al planteamiento original de la cita.

Partamos de una interrogante: ¿Cómo pueden mejorarse las condiciones laborales de las mujeres? Como podrá apreciarse, insisto en el trabajo, en las condiciones en las que la mujer trabaja, porque al garantizar la independencia económica con trabajo digno en el que no se distingan niveles bajo filtros académicos, económicos, políticos, morales, etc. la mujer entra al rango al que se refiere Juan Jacobo Rousseau en el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres; las desigualdades desde su óptica en un primer plano inician de manera natural o biológica, en ellas la fortaleza y la debilidad se contraponen dando  paso al fuerte que ahora tiene propiedades. En el segundo plano la apropiación dio la pauta a las diferencias más duras que persisten en la humanidad, las sustentadas en el poder económico, quizá por este simple hecho si la lucha de las mujeres se unifica en una primera necesidad, convirtiéndolas a través del trabajo, en personas económicamente independientes, las mujeres entraremos en la categoría de los fuertes, desde la óptica del autor mencionado. Finalmente, la invitación continúa abierta para cuando decidamos hacer las cosas de un modo distinto.

 

 



[1] Frase atribuida a Mauricio Garcés.