Juego de Manos - Relato de una muerte anunciada

En opinión de Diego Pacheco

Juego de Manos - Relato de una muerte anunciada

 La agenda 2023 se encuentra en vías para el fracaso a nivel planetario. Así lo han concluido un importante número de especialistas que en su texto “Los objetivos mundiales para salvar a la humanidad son muy enormemente, pero siguen siendo la mejor opción” (The world’s goals to save humanity are hugely ambitious, but they are still the best option; en su idioma original) publicado en la revista Nature, han determinado que:

 

“Es probable que sólo alrededor del 12 % de los objetivos se cumplan antes de la fecha límite, y en alrededor del 30 % el progreso se ha estancado o ha retrocedido. Se estima que, en 2030, 575 millones de personas seguirán viviendo en la pobreza extrema. Para entonces, es probable que el mundo también haya incumplido el objetivo de limitar el calentamiento global a 1.5 ° C con respecto a las temperaturas preindustriales, que se acordó en la Cumbre Climática de París de 2015. Y si seguimos la trayectoria actual, las brechas de género y la discriminación no se eliminarán hasta dentro de 286 años.”

 

A manera de contexto, la Agenda 2030 es un acuerdo internacional que cuenta con 17 objetivos de desarrollo sostenible. Asimismo, estos se subdividen en 169 metas particulares, las cuales son los eslabones de las cadenas que pretenden construir. Estos, en su conjunto, buscan reducir la desigualdad, generar un desarrollo sostenible y sustentable, acabar con la pobreza, acelerar el progreso social y fortalecer las tareas de salud, alimentación, seguridad y acceso a servicios básicos.

La tendencia mundial (o su aspiración) es alinear los proyectos y estrategias de la administración pública a nivel mundial a los objetivos de la Agenda 2030, lo cual se incentiva a través del apoyo económico o asesoramiento de organismos internacionales, así como la inclusión de estos objetivos dentro de los planes de desarrollo.

Volviendo al presente. Este desenlace desafortunado puede parecer una sorpresa, dado el número de naciones suscritas a este plan y la tendencia mundial que, superficialmente, apunta hacia estos objetivos. No obstante, la propia formulación de la Agenda sentó las bases para su muerte de cuna, comenzando con su gran ambición. Construir un plan de esta complejidad, con la participación de una pluralidad de países con condiciones diametralmente distintas, y apuntar a que todos caminen en unidad hacia un mismo camino, es una meta imposible. Veamos un ejemplo de ello:

Son 3 los proyectos insignia de la administración actual, que aglomeran un porcentaje importante de recursos económicos y humanos, visibilidad mediática y soporte político: el Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas y el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Ojo, en este análisis vamos a dejar a un lado la eficiencia presupuestal y de implementación de los proyectos, así como los discursos políticos a favor y en contra, pues forman parte de otra conversación.

En suma, estos proyectos han recibido una inversión aproximada por encima del billón de pesos y, en papel, apuntan a la conectividad, la detonación del turismo y la suficiencia energética nacional. Esto, a través de medios tradicionales y aprovechamiento de combustibles fósiles.

Por otro lado, si volteamos la mirada a Paris, Francia, podemos ver que se encuentra en una lógica distinta, apostando a la peatonalización de la ciudad y a la recuperación de espacios públicos. Esto forma parte de una lógica de sustentabilidad y apuesta a la creación de comunidades. Uno de sus proyectos más recientes y ambiciosos consiste en hacer al río Sena un espacio seguro para el nado, con la finalidad de convertirlo en un espacio de ocio y ejercicio para sus habitantes.

La diferencia entre estas dos realidades no busca generar juicios de valor hacia uno u otro, sino demostrar que, aun cuando naciones distintas se suman a la Agenda 2030, sus prioridades y proyectos tienden a ser diferentes. Claro, las diferencias mundiales impiden que se trace un mismo camino para todos.

Aunado a que la visión de un sector mundial con mayores posibilidades económicas deja la vara muy alta para el resto del globo. Las cuestiones contextuales como la pandemia por COVID-19, la guerra entre Rusia y Ucrania, así como el reciente conflicto entre el grupo terrorista Hammas e Israel (y los conflictos sociopolíticos antiquísimos que se realzan a partir de este) han desacelerado o, inclusive, retrocedido los pasos hacia esta visión mundial.

Por otro lado, es claro que para poder alcanzar los objetivos planteados en esta agenda, se necesita una alianza íntima con las y los tomadores de decisiones a nivel local. En el caso mexicano, una vía para llegar a este fin sería a través de las y los gobernadores de las diferentes entidades federativas; empero, esto parte de la noción de que hay un trabajo coordinado con los municipios y congresos estatales; caso que no siempre ocurre. El convencimiento de las cabezas es fundamental para la coerción de las y los tomadores de brazos. Es sumamente complicado trazar un solo rumbo para un estado fragmentado.

Entonces, ¿podemos concluir que la agenda no funciona? No necesariamente. A pesar de las debilidades fundamentales de este plan mundial, así como los obstáculos con los que nos hemos encontrado en el camino, la realidad es que, más allá de su plausibilidad, la Agenda 2030 tiene una gran virtud como brújula que apunta hacia un destino ideal. Es muy probable que a nivel mundial no se alcancen los propósitos; sin embargo, es igual de probable que, a partir de este precedente, ayuden a diseñar nuevos planes con esta perspectiva como base. La clave está en conocer el destino.

 

Por cierto:

 

La semana pasada se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental, fecha en la que se busca generar conciencia acerca de su importancia, de detectar y comprender sus implicaciones y ser asertivos en su cuidado. La salud mental, como la salud física, es fundamental para el bienestar personal y social. Hoy, mañana y todos los días hay que estar al pendiente, pedir ayuda es un acto de valentía.

 

Está bien no estar bien. El autocuidado es un acto permanente:

diegopachecowil@gmail.com