Inclusión Educativa en la UAEM - Reconocimiento en la UATx: Doctorado en Ciencias Aplicadas a la EE

En opinión de Eliseo Guajardo Ramos

Inclusión Educativa en la UAEM - Reconocimiento en la UATx: Doctorado en Ciencias Aplicadas a la EE

Cada año el doctorado en Ciencias Aplicadas a la Educación Especial, de la Facultad en Ciencias Aplicadas al Desarrollo Humano, de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UATx), elige a la persona que les parece merecedora de un reconocimiento por su trabajo académico y de impacto en el campo en su trayectoria. El año pasado le correspondió a la Dra. Janet Sanz, investigadora en el área de niños sobresalientes y talentosos, en las comunidades rurales y de grupos originarios en el país. Este año, me consideraron para ocupar tan digno lugar. Celebran un Coloquio Internacional y al finalizar, el rector de esa Casa de Estudio entrega, en ceremonia solemne el diploma de reconocimiento y el bastón de mando de un alto significado en el estado, por la cultura tlaxcalteca que lo inspira.

En mi intervención lo dediqué a la Dra. Margarita Gómez-Palacio, con quien colaboré durante los 15 años más significativos de mi vida profesional. Fue para mi una especie de mentora. Ya que no tenía mucho de haber egresado de la licenciatura en psicología (UANL) cuando me enrolé en un gran proyecto de la Educación Especial en México, con impacto en muchos otros países del continente. Partí de explicar cómo fue mi primer contacto con la Dra. Margarita Gómez-Palacio, en Monterrey. La busqué porque ella había sido alumna de Piaget en la Universidad de Ginebra. Terminé con trabajo, solo porque mencioné a este gigante de la psicología, aunque no me había titulado todavía. Tego muy presente que dijo: “Desde que llegué a Monterrey nadie me había mencionado a Piaget antes que Ud.”. En los años 70s no se impartía a Piaget en ningún plan de estudios de las licenciaturas en Psicología. Yo lo había escuchado a los colegas de Filosofía, pero en temas de Epistemología.

En estos días he pensado cómo llegó mi interés por Piaget. Y eso no lo dije en mi intervención en la UATx. No venía al caso, y no podía abusar del tiempo del rector Serafín Ortiz Ortiz, que había tenido una gran deferencia de asistir a la ceremonia. Lo comento, enseguida.

Hacia los últimos dos semestres de la licenciatura, circuló un tema con relativa insistencia, “que la psicología no era una ciencia”. Y eran polémicas de todo tipo que se daban en la Cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras. Éramos la primera generación de la licenciatura (1966-1971) alojada en el Colegio de Psicología (igual que en la UNAM, en ese entonces). Estas discusiones las dábamos, alternando con colegas de Filosofía. Era plan anual, el primero era tronco común con Letras y Filosofía. Hasta el segundo, ya veíamos materias todas de psicología. Estábamos ansiosos de ver esos temas después de un año de espera. Veíamos materias muy interesantes, como filosofía, lingüística, literatura, psicología. Pero ya queríamos estar en nuestra área. Pues fue una gran desilusión, no había maestros para nosotros, en un primer momento. Luego, cuando los tuvimos, eran unos mediocres casi todos. Se salvaban uno o dos. ¡Sabíamos nosotros más que ellos! Los corrimos a todos ellos. Y le exigimos a la dirección de la Facultad que pagara los gastos a una comisión de los estudiantes para ir a la UNAM a buscar maestros para que vinieran a ser nuestros maestros. Que fueran de tiempo completo para que pudieran trasladarse a vivir a Monterrey. Algunos de los que vinieron fueron Neftalí Pérez Vieytez y Cirilo García. El primero un rabioso conductista (así se decía él mismo) y el segundo experimentalista con modelos estadísticos para diferentes situaciones y aplicaciones de campo.

Neftalí, promovió el Condicionamiento Operante de B. F. Skinner, con todo y cajas con ratas blancas para diversos proyectos de reforzamiento positivo y negativo y demás. Nunca tuvimos pichones, que también era parte de un bien equipado laboratorio experimental. Él mismo organizó eventos a los que vinieron personalidades como Emilia Ribes, Jorge Molina y Gustavo Peralta. Nos vinculó a la UNAM. Se han de imaginar, lo que significaba en estas condiciones de estudio, que salieran con que la psicología no era una ciencia. Para mi eso era de vida o muerte, más que si obtuvieras o no un empleo. En eso, anuncian el Primer Congreso Nacional de Condicionamiento Operante en la Universidad Veracruzana, en Jalapa en el año de 1971. Ya al final de nuestros estudios. Una de las cosas que me sorprendía era que venían invitados de Estados Unidos, y todos eran doctores en psicología. Fue la primera referencia de que había ere grado académico en el área. Organizamos una caravana y nos rentaron un autobús con un par de choferes para hacer un recorrido de una semana.

Ya en Jalapa, tuve el ofrecimiento de Emilio Ribes para irme becado a la Maestría en Condicionamiento Operante. Nos fuimos 3 de mi generación. Becados a su vez por la UANL. Podíamos cobrar nuestros salarios del Departamento de Orientación Vocacional, a la que ingresamos al concluir nuestros estudios. En la Maestría teníamos de maestros a Florente López, de la UNAM, pero ya en la UV; a Larry Dock, de la Universidad de Illinois; Jey Powel, de la Universidad de Dallas. Las clases eran en inglés con los profesores extranjeros. Pero era un inglés muy técnico que podíamos entender sin dificultad. No habían dicho que a los egresados de esa Maestría nos recibirían sin dificultad para un doctorado en Estados Unidos, porque estaba reconocida.

Todavía recuerdo las prácticas, con las de Florente, yo tenía que atender a un niño con debilidad mental profunda (así se decía entonces). No controlaba esfínteres y tenía que aplicar un programa para ello. Según se decía que para esos casos profundos la única psicología que tenía respuesta era el conductismo, a través del Condicionamiento Operante. Todavía recuerdo que se evacuaba el niño y le tenía paciencia porque creía que era capaz de resolverlo con las técnicas que estaba aprendiendo. Y me decía que tenía que salir adelante con el programa. También, hacíamos trabajo en el laboratorio con ratas. Las cajas y los aparatos eran más sofisticados que los que teníamos en la Facultad en Nuevo León.

El positivismo skinnereano era tan radical que ni siquiera utilizaba la estadística en sus investigaciones. Porque las curvas de tendencia o proyecciones eran representaciones de alguna muestra, pero no eran las conductas efectivas. El conteo en un trabajo experimental era uno a uno. No había representación, eran datos puros y duros. Nada de especulación. Cae en mis manos un cronómetro decimal, que no sabía que existían. Todos para mi eran sexagesimales. Y se me cayó toda la ciencia conductual y con él el positivismo científico al que me había adherido. No resistí constar que, si utilizaba el cronómetro sexagesimal en una curva de frecuencia sobre tiempo, se modificaba si utilizaba el cronómetro decimal que es más amplio, tiene 100 minutos, no 60. Dos representaciones de una misma realidad. Esto lo hacía tan común como en cualquier teoría, no era ni especial, ni única.

Finalmente, la Maestría la cerró un rector psiquiatra que llegó a la UV y con cualquier pretexto la interrumpió. Nos revalidaban los estudios en la UNAM. Pero los 3 de Monterrey nos regresamos. Ya no con gran pesar.

Cayó en mis manos el libro de Alberto L. Merani “Psicología y Pedagogía”, que versaba en la teoría de Henri Wallon. Me quedé maravillado de este autor psicogenético francés. En éste, criticaba a Jean Piaget. Era denso, no era tan claro entender esta crítica si uno no entendía bien al propio Piaget. Hicimos un círculo de estudios para explicarnos entre nosotros nuestras lecturas. En eso, fue cuando llegó a Monterrey la doctora Gómez-Palacio. Esto explica por qué con tanta avidez la busqué. Recuerdo que le dije, cuando haga un seminario sobre Piaget, invíteme como oyente. Y lo demás ya lo conocen.

La suerte que tuve es que con la doctora se podía hacer investigación. Mi interés sobre la ciencia en psicología la volvía a encontrar en este lugar por cerca de 15 años.

¡Enhorabuena por encontrar este doctorado en Ciencias Aplicadas a la EE!

educación inclusiva.egr@gmail.com