El Tercer Ojo - El Shock del covid-19, un apretón de tuercas más A: Víctor Hugo Sánchez Reséndiz

En opinión de J. Enrique Alvarez A.

El Tercer Ojo - El Shock del covid-19, un apretón de tuercas más  A: Víctor Hugo Sánchez Reséndiz

 

Hace un par de días, en su Muro de Facebook, Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, colocó un texto a propósito de la muerte, las concepciones que, sobre el cuerpo, el proceso salud-enfermedad y las estrategias de afrontamiento se han elegido para enfrentar la epidemia y pandemia del COVID.

 

Después de un breve párrafo que utilizó como preámbulo de sus ideas expresó: “La forma ‘capitalista’ de concebir el cuerpo, la salud/enfermedad y la muerte se empezó a modificar partir de la epidemia de la peste negra en Europa en el siglo XIV, se consolidó en el Renacimiento y siglos XVI y XVII y, partir del XIX, se vuelve hegemónica. Y lo podemos simplificar a lo que Yuval Noah señala que uno de los objetivos de la ciencia es lograr la inmortalidad (en su libro ‘De animales a dioses’) o Norbert Elías, señala que en las sociedades desarrollas de nuestros días pareciera que hay una firme creencia en la inmortalidad personal, ‘otros mueren pero no yo’ (…) Sin duda, la manera en que se manejó esta epidemia, profundizó en muy pocos semanas procesos que ya estaban en curso, como el fortalecimiento de la institución médica, la normalización del confinamiento, el miedo al otro, la individualización, el zoomismo, la ‘enfermización y por lo tanto la medicación y control de toda la población (con ese neo-concepto de ‘enfermedad asintomática’). Y un lugar especial lo merece los cambios en el concepto de muerte. Por primera vez desde que nos podemos considerar ‘humanos’ en el mundo dejaron de hacerse rituales funerarios. O si estos se realizaban eran casi clandestinos y con la sanción de una parte de la sociedad y del Estado”.

 

El término “shock” lo elijo para referir un estado psicológico que afecta tanto a individuos como a sociedades enteras, así como la manera en que nos adaptamos a dichos cambios; el “shock” sobreviene a consecuencia de “demasiado cambio en un periodo corto de tiempo”. El “shock” se expresa como un estado de confusión o falta de lucidez mental, pudiendo llegar a la pérdida de la conciencia.

 

Hoy, no tengo duda, las circunstancias han colocado a una gran parte de la humanidad y, muy particularmente de nuestro continente, país y entidad federativa, en un estado de shock: El Shock del COVID-19.

 

Según dice Yuval Noah Harari, a quien cita Víctor Hugo, en su libro 21 lecciones para el siglo XXI, en el capítulo 19, Y vivieron felices por siempre jamás: “Los últimos 500 años han sido testigos de una serie de revoluciones pasmosas. La tierra se ha unido en una única esfera ecológica e histórica. La economía ha crecido de forma exponencial, y en la actualidad la humanidad goza del tipo de riqueza que solía ser propia de los cuentos de hadas. La ciencia y la revolución industrial han conferido a la humanidad poderes sobrehumanos y una energía prácticamente ilimitada. El orden social se ha trasformado por completo, como lo han hecho la política, la vida cotidiana y la psicología humana (…) pero ¿Somos más felices? Las riquezas que la humanidad ha acumulado a lo largo de los 5 últimos siglos, ¿Se han traducido en nuevas satisfacciones? El descubrimiento de recursos energéticos inagotables, ¿Ha abierto ante nosotros almacenes inagotables de dicha? Remontándonos más atrás en el tiempo, los aproximadamente 70 millones trascurridos desde la revolución cognitiva, ¿Han hecho que el mundo sea un mejor hogar para vivir? ¿Fue más feliz el recientemente fallecido Neil Armstrong, cuyas huellas permanecen intactas en la luna carente de viento, que el cazador-recolector anónimo de hace 30, 000 años dejó la huella de su mano en una pared de la cueva de Chauvet? Y, si no es así, ¿Qué sentido ha tenido desarrollar la agricultura, las ciudades, la escritura, las monedas, los imperios, la ciencia y la industria?”.

 

Después de varios millares de años hemos llegado al punto en el cual distintos jinetes apocalípticos configuran los grandes problemas de la humanidad; a saber: las sociedades divididas en clases sociales antagónicas, la pobreza, el hambre, las enfermedades, las guerras y los grupos criminales desmedidos que ocupan un lugar cimero en la Caja de Pandora.

 

Como constata en Homo Deus Yuval Noah: “muchos pensadores y profetas concluyeron que la hambruna, la peste y la guerra debían ser una parte integral del plan cósmico de Dios o de nuestra naturaleza imperfecta, y que nada excepto el final de los tiempos nos librará de ellos”.

 

Siguiendo las ideas de Yuval Noah, colocaremos como segundo punto de la agenda para la humanidad “el derecho a la felicidad”.

 

Por su parte, el economista y filósofo indio Amartya Sen muestra claramente que la valoración de la calidad de vida a través de la igualdad de oportunidad o de la “felicidad”, entendida ésta como la sensación subjetiva de bienestar pese a la adversidad de las condiciones materiales de existencia, es inadmisible. Podemos considerar legítima la idea de que personas que viven en condiciones de pobreza extrema, en regiones geopolíticas con conflictos armados permanentes, personas que han perdido la integridad de su cuerpo en la guerras, etcétera, pueden ser felices; asimismo, que personas que viven en países altamente desarrollados con condiciones materiales de vida consideradas de buena calidad y cantidad pueden ser infelices e incluso sentir que su vida no tiene sentido; en virtud de ello, Amartya Sen propone que la capacidad efectiva de participar de los bienes generados por la actividad económica, así como la libertad de actuación efectiva en el entorno que le corresponda vivir, debieran ser los parámetros fundamentales de la evaluación de la calidad de vida; a mayor capacidad efectiva de participación y actuación mejor calidad de vida.

 

Karl Marx, en su tesis 11 sobre Feuerbach expresa prístinamente: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Con esta premisa, Marx centra en el cenit la actividad práctica sobre lo real; y, lo más cercano a ésta, es la capacidad efectiva de actuación y libertad. Actividad práctica, poder de actuación e influencia y capacidad efectiva son los tres criterios que cualquier Estado que se precie de ser democrático deberá privilegiar a la hora de determinar la agenda para el desarrollo de dichas naciones.

 

Ahora bien, no se puede soslayar el hecho de que las problemáticas esenciales que como humanidad afrontamos, ni nosotros como humanidad, quedaremos sepultados bajo los escombros de un COVID-19 que nos ha plantado frente a una emergencia que, por ser tal, pasará sin dejar estragos insuperables; pasará como lo han hecho otras calamidades a lo largo de la historia; pasará y, una vez ida, nos daremos cuenta que la tormenta no ha enterrado los grandes dilemas que demandan de nosotros una respuesta colectiva, participativa, plural, incluyente, democrática y, sobremanera, no fragmentada en Naciones, Estados, Países o Regiones.