Serpientes y escaleras - Seis meses
En opinión de Eolo Pacheco

Se cumplió el primer tramo del gobierno; el saldo es positivo, aunque puede mejorar
Seis meses
Esta semana se cumplieron los primeros seis meses del gobierno de Margarita González Saravia; la actitud y el trabajo de la gobernadora confirman que los ciudadanos acertaron al elegirla, lo que falta por confirmar es que ella tomó la decisión correcta al seleccionar a su equipo de trabajo. El reto que enfrenta la primera jefa del ejecutivo de Morelos es enorme y las metas que ella misma se ha impuesto no permiten fallas. La revisión del equipo y la estrategia siempre son necesarias.
La mandataria ha invertido la mayor parte de su tiempo en territorio; las giras son permanentes, abarcan todos los municipios y la mayoría de las comunidades. En este tiempo Margarita González Saravia ha visitado más lugares y convivido con más personas que Cuauhtémoc Blanco o Graco Ramírez en toda su administración.
Tomando como base que el conocimiento que había de ella antes del proceso electoral estaba por debajo que el del resto de los candidatos era lógico que la gobernadora se esforzara en darse a conocer; la meta está cumplida: Margarita González Saravia ya es una persona muy popular en todo el estado, la identifican la mayoría de los ciudadanos y su figura es bien apreciada por la gente porque transmite confianza, honestidad y deseo de trabajar.
El siguiente paso es consolidar el proyecto de gobierno que impulsa, hacer que todas las áreas de la administración le sigan el paso y que los funcionarios estén a la altura del reto que tienen enfrente. El desafío no es menor porque en muchos casos hablamos de sectores que estaban abandonados, de áreas que se enfocaron en la promoción política personal y el negocio de unos cuántos.
La administración de Margarita González Saravia recibió una herencia muy pesada: Graco Ramírez Garrido contrajo deudas millonarias que comprometieron económicamente a las siguientes cinco administraciones y al igual que el gobierno siguiente, en casi todas las dependencias se presentaron actos de corrupción que no solo dañaron las finanzas del estado, también afectaron su desempeño, la operatividad del gobierno y los sectores que debían ser atendidos.
Resolver el entuerto no es sencillo: los nuevos titulares de las secretarías deben conocer sus oficinas, realizar el análisis financiero, jurídico y operativo de las dependencias para estar al tanto del estado que guardan y en su caso, presentar las observaciones pertinentes; luego está la atención al proceso diario para alcanzar las metas que les ha fijado la nueva administración.
El equipo de gobierno tiene la compleja tarea de actuar hacia atrás y hacia adelante, es decir, revisar el pasado para no tener que pagar los platos rotos que quedaron y enfocarse en el futuro para mostrar que estamos ante un gobierno distinto, con funcionarios que actúan diferente. Una cosa debe ir aparejada de la otra, tienen que hacerse al mismo tiempo y demanda de los titulares de cada área un enorme compromiso y capacidad a toda prueba.
En este primer semestre ha quedado claro qué figuras del gabinete le siguen el paso a la gobernadora y quiénes están logrando que cambie la percepción de un gobierno corrupto e ineficiente, como los de Cuauhtémoc Blanco y Graco Ramírez. También hay otros secretarios no acaban de consolidarse, que siguen sin tomar las riendas de sus oficinas y navegan sin marcar una diferencia favorable en sus áreas.
La jefatura de la gubernatura es el estandarte del gabinete, realiza la planeación y su titular tiene una visión clara de lo que se debe hacer en los próximos seis años; el trabajo de escritorio que ahí se hace es muy útil porque define el camino que debe seguirse en el gabinete y establece las metas de todas las áreas de la administración.
En el gobierno sobresalen las oficinas de agua, desarrollo económico, obras públicas, comunicación y seguridad pública, ahí destaca la consistencia de sus titulares; en esas áreas se nota un desempeño sobrio, sin protagonismo, con funcionarios cuidadosos de seguir la línea trazada por la gobernadora y respetuosos de los preceptos de no mentir, no robar y no traicionar.
La fiscalía es independiente, pero con su nuevo titular se debe tomar como parte del mismo proyecto; el fiscal está asumiendo las riendas de la institución, se ha dado tiempo para conocer el funcionamiento de todas las áreas y evita decisiones apresuradas que pongan en riesgo la operatividad, las investigaciones o los procesos legales que se siguen. Edgar Maldonado será sin duda un mejor fiscal que su antecesor.
Luego hay otros espacios que están fuera de sintonía, que comienzan a presentar complicaciones y deben ser observados antes de que se conviertan en problemas; los responsables de esas oficinas no están en sintonía con la gobernadora, su trabajo aún no es el mejor, hay secretarios que no dominan los temas a su cargo y en algunos casos, hay quienes parecen más enfocados a hacer política electoral que en resolver los problemas de su sector.
En medio están todos los demás, hablamos de secretarias y secretarios que avanzan lento y están tardando demasiado en consolidarse; seis meses después de iniciada la administración, la revisión y eventual ajuste de todas las áreas es prudente.
El tiempo es clave en esta historia y avanza muy rápido, ya pasó el primer semestre y aunque la calificación del gobierno es buena, esto se debe en gran medida al trabajo individual de la gobernadora y de algunos de sus colaboradores.
En este régimen difícilmente veremos una crisis derivada de actitudes personales del titular del ejecutivo, Margarita González Saravia no es Graco Ramírez ni Cuauhtémoc Blanco, no es proclive a los conflictos, no toma decisiones arrebatadas, ni mucho menos le meterá la mano al presupuesto. Más aún, tiene a su lado a figuras sobrias que están atentas a todo, para evitar sorpresas.
La gobernadora encuentra en el contacto con la gente un espacio de paz, el territorio es un lugar que la reconforta y anímicamente la equilibra frente a los demás problemas. Ahí es donde la mancuerna con Javier García es clave, porque mientras uno arrastra el lápiz, analiza, planea, proyecta y trabaja desde el escritorio, ella revisa en la calle la situación en la que se encuentra el estado y escucha de viva voz las necesidades de la gente.
Los primeros seis meses de este gobierno son buenos, pero podrían ser mejores si todos los funcionarios caminaran al mismo ritmo.
· posdata
Como si se tratara de una solución salomónica, el congreso local destrabó el problema de los dos presidentes del Tribunal Superior de Justicia nombrando un tercero en discordia. La decisión pasa por el proceso de armonización de la reforma judicial en el congreso, pero el nuevo titular saldrá del voto de los magistrados.
La idea suena bien, pero habrá que esperar para ver si alguno o varios de los magistrados no anteponen una controversia aludiendo que se trata de una invasión a la autonomía del poder judicial. La decisión de nombrar un magistrado presidente interino no es nueva en Morelos, ya se intentó hace algunos años en otra legislatura y se cayó precisamente porque los integrantes del TSJ se inconformaron.
La diferencia ahora es que la designación del nuevo magistrado presidente no la harán los legisladores, serán los propios miembros del judicial quienes por dos terceras partes elijan a quien los representará en tanto se renueva todo el poder.
A nadie conviene un poder judicial dividido como el que estamos viendo, más allá de legalidad o fuerza, ninguno de los dos magistrados que se asumen presidentes tiene control de la institución, ni apoyo suficiente para que las cosas funcionen correctamente.
Hace unos días los abogados plantearon la idea de un tercero en discordia y eso es justamente lo que vemos hoy: ni Jorge Gamboa ni Juan Gabriel Vargas son garantes de estabilidad en ese poder y ambos, con sus actitudes, provocan un retraso en los trabajos que afectan a los justiciables.
No es mala la decisión impulsar a alguien diferente para que cierre el periodo; mejor sería que de una vez renovaran a todo el poder judicial, porque el problema de fondo en el TSJ no son dos personas, son los magistrados y muchos jueces.
Pero no siempre lo ideal es posible.
· nota
El próximo sábado se llevará a cabo la novena jornada del programa Caravanas del Pueblo, esta ocasión será en Ixtlilco el Grande, municipio de Tepalcingo. Estas caravanas son parte de la estrategia de descentralización que promueve la gobernadora Margarita González Saravia y cuyo objetivo es reducir las barreras de acceso a trámites y servicios acercando a los funcionarios públicos con la gente.
Las Caravanas del Pueblo llevan directamente a las comunidades atenciones individuales y grupales en áreas prioritarias como salud, bienestar, empleo, educación, asesoría legal y protección civil. En esta ocasión las dependencias participantes serán: SEDIF Morelos, Salud, Educación, Bienestar, Mujeres y Desarrollo Sustentable, el Instituto de Capacitación para el Trabajo, el Servicio Nacional de Empleo, Migrantes, el Instituto del Deporte y Cultura Física, Fondo Morelos, el Instituto de la Defensoría Pública, Protección Civil y la Jefatura de la Gubernatura.
Hace muchos años, en otras administraciones, algunos gobernadores acudían a las comunidades para otorgar de manera directa algunos apoyos, pero nunca como ahora se mueve a gran parte del gobierno a los pueblos para que la gente reciba atención directa e inmediata.
Lo más cercano a lo que hace hoy Margarita González Saravia lo hizo el exgobernador Lauro Ortega Martínez.
· post it
La inseguridad sigue siendo un problema fuerte en el estado y se refleja en todos los estudios y encuestas que miden la incidencia delictiva y la percepción de la gente.
En lo primero cabe resaltar que ni Morelos ni Cuernavaca tienen problemas tan severos como otros estados y capitales en donde los grupos delictivos se han adueñado de las calles, aunque todavía estamos lejos de presumir que somos una tierra segura; lo segundo es interesante: la gente se siente insegura, con miedo de ser agredida en las calles, en los negocios y en las casas a pesar de que no han sido víctimas aún de ningún delito.
Esa es una diferencia clave que las autoridades de seguridad no han podido o querido explicar: la última encuesta sobre percepción de inseguridad describen a Cuernavaca y a Morelos como lugares donde la gente se siente muy insegura, 8 de cada diez personas dicen tener miedo, aunque no han padecido ningún hecho delictivo; el último reporte del secretariado ejecutivo del sistema nacional de seguridad pública, en cambio, señala que Morelos y su capital se encuentran por debajo de la media en términos de incidencia delictiva. ¿Entonces? Una cosa son los datos estadísticos y otra la percepción.
La apuesta del gobierno estatal y de la secretaría de seguridad estatal es por disminuir la comisión de delitos y los hechos de violencia, lo cual está bien, pero han olvidado la importancia de la percepción y por eso en todos los estudios los habitantes siguen considerando al estado como un lugar peligroso.
Reza el clásico: percepción es realidad. Y mientras las autoridades no lo entiendan, no importa el esfuerzo que hagan, la gente no notará mejoría.
· redes sociales
El fiscal Edgar Maldonado no necesita exhortos para trabajar, no es Uriel Carmona.
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