Serpientes y escaleras - Pactos políticos

En opinión de Eolo Pacheco

Serpientes y escaleras - Pactos políticos

La política no es un ejercicio que se haga en solitario.

 

Pactos políticos

Las dos primeras veces que Andrés Manuel López Obrador contendió por la presidencia de la república lo hizo bajo una óptica doctrinal, intentó hacerlo en solitario, acompañado solo por su corriente política y sus fieles seguidores; falló. En su tercer intento el tabasqueño hizo de lado, al menos momentáneamente, los ideales: actuó de manera pragmática, se aguantó el asco y negoció con todos bajo la horrenda hipótesis que reza “el fin justifica los medios”. Y ganó.

En política es muy difícil triunfar en solitario porque los intereses que intervienen en el quehacer público son muchos y rebasan la frontera de los partidos; López Obrador entendió que para lograr su objetivo tenía que cruzar el pantano y mancharse; lo hizo y como jefe del ejecutivo ha puesto en marcha las ideas que históricamente enarboló. AMLO no se vendió a la mafia, los utilizó como se utilizan unos a otros en el ejercicio del poder.

Hace unos años tuvimos localmente una historia similar: Graco Ramírez pactó con todos para convertirse en candidato y luego gobernador de Morelos; durante tres años el perredista transformó su agenda y su físico para refrescarse, para rejuvenecerse, para quitarse la radicalidad que lo caracterizaba y acercarse a su objetivo político. Antes de la campaña el tabasqueño dialogó con todos sin importar sus siglas, sus ideas y convicciones; a cada uno le dio por su lado, lo hizo sentir importante y los involucró en la campaña mejor estructurada de los últimos tiempos.

La idea no fue de Graco, sino de sus asesores: como senador de la república el perredista tuvo la virtud de entender con anticipación la jugada de Felipe Calderón y hábilmente se incorporó a la comisión de energía; desde ahí negoció con el presidente y convirtió la iniciativa de la reforma eléctrica en una mina de oro que le representó muchos millones de pesos y poderosos aliados políticos que le acercaron un equipo profesional de campaña. Lo mismo hizo con el presidente Enrique Peña Nieto: pactó favores políticos a cambio de dinero y prebendas personales. Graco era el rey de la negociación.

El problema de Ramírez Garrido no estuvo en su habilidad para acordar con las cúpulas del poder, sino en la ineficiencia de su equipo para dar resultados y relacionarse con la sociedad local; eso y las ambiciones exacerbadas de su hijastro y de su esposa. Todo lo bueno que políticamente hizo el tabasqueño antes y durante la campaña se vino abajo como gobernador: al frente del poder ejecutivo Graco Ramírez actuó de manera individual, ejerció el poder con su familia y se enfrentó a todos los demás.

Después de la primera mitad de su sexenio el gobernador perredista perdió el rumbo: se distanció de la federación, cedió todo el poder a Rodrigo Gayosso y antepuso sus intereses económicos por encima de su proyección política. Graco Ramírez verdaderamente creyó que podría ser presidente de México, de ahí la inversión millonaria hecha en una cruzada que no fructificó porque aunque en lo federal el gobernador tenía un buen nivel de cabildeo, Morelos estaba hecho un desastre. Graco quiso hacer todo solo, sin más aliados que sus incondicionales y sin tomar en cuenta la percepción pública. “No necesito a los medios, tengo mis propias redes sociales” decía. Y ya sabemos cómo terminó su historia.

La posibilidad de que el entonces gobernador morelense se colara a la carrera presidencial era remota, pero de no haberse perdido en sus ambiciones sí pudo haberse sentado en la mesa de las decisiones y negociar. Pero le ganaron las ambiciones personales de su hijo, los traumas de su esposa y su propio carácter; en todos ellos predominó la idea de avanzar solos, sin aliados, sin apoyos y sin ceder nada.

La lógica que soportaba esta idea se la escuche personalmente a Rodrigo Gayosso durante su campaña “No pienso pactar nada ni recibir apoyo de nadie, porque en la gubernatura no quiero deber favores, ni tener que ceder posiciones; las decisiones serán solo mías, no estoy dispuesto a compartir el poder con nadie” Y perdió.

La sabiduría popular reza que nadie experimenta en cabeza ajena y así sucede casi siempre en política; una y otra vez vemos escenarios que se repiten, acciones coincidentes y conductas que aparecen una y otra vez. Sirva este preámbulo para entender lo que está sucediendo hoy de cara a la sucesión y lo que puede venir si quienes intervienen en el proceso no toman en cuenta el pasado para actuar en el presente.

Desde muchos ángulos es posible ver que se está haciendo lo mismo que en el sexenio pasado, que aunque los tiempos, los nombres y las personas cambian, las actitudes, los modelos y las estrategias son las mismas y tendrán el mismo destino. No hay razón para que sea diferente.

Aunque el panorama electoral del 2024 es favorable para los obradoristas, el triunfo en las urnas puede no ser tan sencillo como algunos piensan, ni se puede ganar con cualquiera. Recordemos una vez más el pasado, la forma como se han dado las cosas en la víspera de la sucesión y los errores cometidos por quienes consideran que tienen el triunfo en la bolsa. El peor yerro de un estratega es confiarse.

Veámoslo en números: en el 2018 el Movimiento de Regeneración Nacional a través de su coalición ganó 12 de 12 diputaciones en disputa, es decir, carro completo; también se llevó la mayoría de los municipios del estado, empezando por las comunidades más grandes, importantes y de mayor concentración urbana. Tres años después Morena ganó solo 6 de 12 diputaciones locales y perdió más de la mitad de los ayuntamientos que había ganado tres años antes, incluyendo la capital del estado.

La segunda parte del sexenio representa el periodo más complejo del régimen, el de mayor desgaste y en donde la marca gobernante pierde más rentabilidad y seguidores; sin Andrés Manuel López Obrador como candidato y con un gobierno como el que encabeza Cuauhtémoc Blanco es difícil pensar que los resultados del 2024 puedan ser mejores que en el 2021. A eso hay que añadir el conflicto interno de Morena y la lucha de intereses que crece entre las corrientes que conforman ese partido.

Lo prudente en todos sería actuar con cautela, entender los efectos de sus decisiones y los costos de actuar por impulsos. Hoy el ambiente al interior del morenismo es tenso, hay enfado y una división inocultable que se agudiza con la actitud de su dirigencia nacional.

A ningún obradorista le conviene el caldo de cultivo que se está generando en el partido, ni le favorece que las partes se confronten. Independientemente de la fuerza que cada uno tenga, la valoración debe ir en función del daño que la división puede causar al proyecto obradorista y la fuerza que les resta este tipo de conflictos.

Para ganar tienen que ponerse de acuerdo y pactar.

  • posdata

Lo mismo que el presidente López Obrador, el alcalde de Cuernavaca José Luis Urióstegui se empeña en defender los resultados de su estrategia de seguridad con cifras. Un día sí y el otro también el abogado refiere que “con datos duros” se puede confirmar que los delitos, la inseguridad y la violencia van disminuyendo en la capital; el problema es que igual que como sucede en el plano nacional, nadie lo cree.

La idea de tratar de aplastar la realidad con estadísticas es común entre los gobernantes; Graco Ramírez recurría a ellas cada vez que algo malo sucedía en el estado: “Vamos bien, estamos mejorando, la estrategia funciona” repetía hasta el cansancio el tabasqueño sin que nadie creyera en sus palabras, porque frente a los datos que salían de un escritorio aparecían hechos en las calles que reflejaban lo contrario.

Igual sucede hoy en Cuernavaca con el alcalde Urióstegui y su jefa de policía de chocolate: ambos presentan cifras, números, estadísticas y datos que, según ellos, confirman que su plan es adecuado y la ciudad va por buen camino. Una y otra vez repiten que la clave está en la prevención, en la participación ciudadana y en los polígonos de seguridad que se fortalecerán, algún día, con un C4 municipal. Y mientras ellos celebran sus triunfos de chocolate, la delincuencia sigue haciendo de las suyas.

Nada de lo que leen los funcionarios del ayuntamiento capitalino es acorde con la realidad que se vive en el municipio; esta semana se han presentado varios incidentes violentos, hay asaltos a negocios, robo a transeúntes y delincuencia en el transporte. Nada distinto de lo que veíamos antes de que Urióstegui llegara, pero tampoco nada mejor, como se nos había prometido.

Como muchas cosas en su gobierno, la manera como el abogado está tratando de ganar la batalla a la delincuencia es inadecuada, empezando porque la jefa de policía está rebasada y sola contra un problema que supera en tamaño, fuerza y número a la dependencia capitalina.

Reitero: en este tipo de narrativas la crítica social empieza por la inseguridad y luego avanza a temas que forman parte del mismo círculo vicioso, como la corrupción. Lo malo es que esto último ya es secreto a voces en el área de obras públicas, específicamente en la oficina encargada de liberar (o atorar) las licencias de construcción. Lo peor es que el presidente municipal está al tanto de lo que sucede y lo avala.

  • nota

En política el timing es clave, de ello dependen muchas cosas. La capacidad de entender los tiempos y actuar en el momento justo son a veces más importantes que el plan mismo.

Cuando un político no entiende este concepto normalmente se equivoca, el timing es importante porque representa un punto de coyuntura a partir del cual se derivan varias cosas.

Muchos actores de poder han fallado en el timing y las consecuencias que pagan son altas; algunos de ellos perdieron una oportunidad, dejaron ir el momento adecuado o quedaron rezagados. En el peor de los casos el resultado ha sido su salida del escenario de poder.

Alguien a quien recientemente le falla mucho el timing es Javier Bolaños; el panista se equivocó cuando renunció al PAN y se volvió a equivocar cuando decidió subirse al proyecto de Lucía Meza en Fuerza por México al lado del tristemente célebre Sergio Estrada Cajigal. Estos dos yerros consecutivos hicieron que el afamado panista quedara reducido a su mínima expresión y con pocas opciones para reincorporarse a las actividades públicas.

Hace algunas semanas Javier Bolaños se incorporó al equipo de Rabindranath Salazar en su carrera por la gubernatura, lo hizo de buena fe y con la esperanza de que esa fuera su vía de regreso a la política, pero las cosas se complicaron. El Rabindranath Salazar con el que charló Javier Bolaños hace unos meses ya no es el mismo del que vemos ahora: en ese momento era un poderoso subsecretario y el más fuerte precandidato a la gubernatura de Morelos, hoy un coordinador fantasma a punto de quedarse sin estructura porque con el término del año acaba también el ciclo del equipo que lo acompaña en la secretaría de gobernación. En diciembre las posiciones que hoy son ocupadas por colaboradores de Rabindranath Salazar serán renovadas con personal afín a César Yáñez. Y Rabíndranath Salazar no tiene estructura en la cual ubicar a los suyos.

Conclusión: una vez más el timing parece haberle fallado a Javier Bolaño; se subió a un barco en la víspera de que naufragaras.

Eso o está más salado que los hermanos Lelos.

  • post it

El gobernadora Cuauhtémoc Blanco parece haber definido a quien será su candidato en el 2024. La pregunta obligada es ¿Tiene un plan B? Alguien que sea su segunda opción ante cualquier contingencia. Recordemos que el mandatario necesita dos personas a las que impulsar, una para que lo sustituya en el cargo y otro que compita en la elección.

¿Qué tal un morenista de base? ¿Alguien con quien pueda ponerse de acuerdo ¿O no ve a nadie con esas características?

  • redes sociales

Cuernavaca está llena de baches. Ni en los peores momentos de Villalobos la ciudad se veía tan descuidada como ahora.

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