Serpientes y escaleras - 2022, el año más violento

En opinión de Eolo Pacheco

Serpientes y escaleras - 2022, el año más violento

En materia de seguridad las cosas están mal en Morelos. Aunque digan lo contrario

 

2022, el año más violento

El momento que vive Morelos en materia de inseguridad es severo, el peor quizá de su historia; el centro de investigación Morelos Rinde Cuentas y la Comisión Independiente de Derechos Humanos coinciden que el 2022 se perfila como el año más violento, muy por encima de otros que se caracterizaron por la sangre derramada en todos los municipios. Cuernavaca es hoy un lugar peligroso que supera a comunidades históricamente agresivas y destaca por la insensibilidad de sus autoridades. El problema es muy serio.

Como en la tercera ola de covid, en esta nueva etapa de la violencia el escenario ha cambiado: hace dos años tras la aparición de virus de SARS-CoV2 la historia comenzó de manera numérica; muchos morelenses leíamos y escuchábamos sobre el avance del virus y observábamos a lo lejos el recuento de daños; las muertes se contaban por decenas, centenas y millares, según el lugar del que se tratara.

Luego vino esa tercera ola en donde todo cambió: ya no hablamos de cifras, sino de nombres, de personas, de conocidos, de amigos y de familiares. Fue en ese momento que las alarmas se encendieron y la gente tomó en serio al covid; antes de ello pocos hacían caso a las recomendaciones de la sana distancia, del cubrebocas, ni entendían la importancia de mantenerse en casa. Cuando comenzamos a ver la muerte en personas cercanas el miedo apareció.

Algo similar ocurre hoy en el tema de seguridad: las últimas semanas han sido una verdadera pesadilla para todos: las historias sobre violencia, asaltos, secuestros, robos, extorsiones y agresiones se han vuelto común y como en aquella tercera ola, ya no es cosa de números, sino de personas conocidas.

Ha desaparecido aquella cómoda narrativa gubernamental que nos decía que los malos se estaban matando entre ellos, que los muertos eran personas relacionadas con la delincuencia y que los delitos de alto impacto involucraban solo a integrantes de los cárteles. Ahora es distinto: se roban autos en las calles, asaltan negocios, empresas, escuelas y casas habitación, secuestran por igual a personas con un alto poder adquisitivo que a trabajadores que viven al día. Las víctimas ya no son solo los integrantes de los distintos grupos delincuenciales, somos todos.

Cuernavaca es un caso extremo en esta dinámica: la paz que por momentos se había alcanzado en la capital se ha transformado en un escenario de miedo, porque a la par de la impunidad como se mueven los criminales está la indolencia de quienes tienen la responsabilidad y obligación de brindar seguridad a la ciudadanía. Cuernavaca está peor que antes.

Las expresiones de la jefa de la policía capitalina reflejan la falta de sensibilidad de un gobierno que se la pasa justificando sus errores y culpando a los demás de los problemas. “La culpa de la delincuencia la tienen los padres por no educar a sus hijos”, dijo hace unos meses Alicia Vázquez Luna a propósito de una ejecución en donde perdió la vida un menor de edad; “Los culpables de que se roben los automóviles o las autopartes son los dueños, porque los dejan estacionados en las calles”, declaró también la abogada policía.

A unos días de que se cumpla el primer año de gobierno municipal vale la pena recordar que José Luis Urióstegui decidió salirse del modelo de mando coordinado de policía porque “no había funcionado en el pasado y no iba a funcionar ahora”; aseguró que solo con los recursos municipales, el control directo de la policía y una estrategia de prevención, en un mes veríamos una disminución sustancial de la incidencia delictiva.

Han transcurrido once meses de aquella declaración y aunque efectivamente el Mando Coordinado de Policía no ha dado buenos resultados, fuera de él Cuernavaca se encuentra peor. Más aún: la combinación entre la perversidad estatal de salirse totalmente de la capital y la arrogancia del edil de sentirse superhéroe, ha acabado con la poca tranquilidad que tenía la ciudad en el pasado reciente.

La inseguridad es una situación latente en todo el estado, que atañe a los tres niveles de gobierno y que se ha agudizado en algunos municipios, como la capital. En lo general estamos frente a una estrategia fallida que a pesar de que ha logrado capturar a varios objetivos prioritarios, no ha sabido brindar paz a los ciudadanos en sus trabajos, en las calles ni en sus casas. Todo lo que se diga al respecto basado en estadísticas, en acciones y declaraciones contrasta con el robo diario en el transporte público, en el hogar y en cualquier lado. Es inaceptable el argumento de que vamos bien.

Igual que otros gobernantes que apostaron políticamente por la seguridad, a José Luis Urióstegui la incapacidad personal y soberbia de su jefa policiaca le costará su futuro electoral. Ya no se trata solo del robo material a las personas, sino de la agresión física a quienes caminan por las calles, acuden a un cajero automático o se rehúsan a entregar sus pertenencias, no importa si son hombres, mujeres, jóvenes o niños. Matar se ha vuelto sencillo porque no hay autoridad que responda, ni gobernantes al que le duela esta situación.

Contar la historia de inseguridad y violencia que enfrenta Morelos es terrible: nuevamente estamos en los primeros cinco lugares en materia de secuestro y de feminicidios, se han elevado exponencialmente los robos a casa habitación y de autos, casi siempre con violencia, así como las extorsiones a comerciantes, a empresarios y hasta a los propios alcaldes.

La falta de prevención del delito es general, más grave en algunas partes de la entidad, pero constante en todo el territorio. Luego viene la procuración e impartición de justicia y las cosas se ponen peor: unos protegen a feminicidas y otros liberan delincuentes.

Una parte esencial de cualquier estrategia de seguridad radica en la confianza en las instituciones; en Morelos los organismos encargados de la prevención del delito y de la procuración e impartición de justicia son los que le generan más desconfianza. Y con justificada razón. ¿Cómo pedirle a la ciudadanía que participe y denuncie cuando, como lo dijo hace algunos días el propio presidente Andrés Manuel López Obrador a propósito del feminicidio de Ariadna: la gente no distingue entre un funcionario y un criminal?

He ahí el dilema de fondo: si no hay confianza, no mejorará la seguridad. Y la confianza se gana con acciones y con resultados.

·         posdata

El duelo de marchas en la Ciudad de México marca el preámbulo de la contienda del 2024. Al presidente Andrés Manuel López Obrador le caló la marcha en defensa del INE y por ello anunció su propia marcha, que desde el principio dijo que sería más numerosa que el “Striptease político” de sus opositores.

La movilización dominical pro obradorista fue numerosa, pero llena de acarreo; desde que el líder nacional de Morena la anunció, toda la estructura de la 4T, dentro y fuera de los gobiernos, comenzaron a operar para llevar gente a como diera lugar y en algunos casos, como en Cuautla, con amenazas.

Mostrar músculo político solo sirve para el ego de los convocantes y para adornar las portadas de los periódicos. Cualquiera con un dedo de frente sabe que las movilizaciones, cuando surgen del clientelismo, el pago o la amenaza, no sirven para nada, salvo para llenar calles y plazas.

Siempre que se obliga a la gente a perder su descanso y espacio de convivencia familiar para acudir a una manifestación política hay molestia y descontento; y eso luego se cobra en las urnas. Localmente recordemos cuántas veces los políticos han llenado actos con acarreados y al final pierden la elección. El último: Rodrigo Gayosso.

Es respetable la participación de quien acude a este tipo de actos de manera voluntaria y convencida, pero también hay que considerar que forzar a alguien a marchar es la peor manera de hacer campaña.

Lo importante no es quien tiene más gente, sino quien convence más.

A pesar de lo numerosa que fue la marcha, es evidente que el presidente está perdiendo terreno entre la clase media, justo la que lo hizo ganar en el 2018.

·         nota

Una vez más el alcalde Cuernavaca cometió un error; esta ocasión fue al dar a conocer los talleres para sexoservidoras, “para que tengan otra fuente de ingreso y no tengan que dedicarse a la prostitución”.

Conociendo a José Luis Urióstegui estoy seguro de que no quiso decir lo que dijo. Pero lo dijo. Tras presentar su programa una reportera le preguntó como identificarían a las sexoservidoras y su respuesta fue tajante: “por su vestimenta y actitud”. ¿Cómo viste y actúa una prostituta? Le reviraron.

La declaración generó polémica y una inmediata respuesta de grupos de feministas que además de reclamarle la falta de cumplimiento de sus promesas consideraron que sus expresiones eran “muy desafortunadas, como casi todo lo que ha hecho como presidente municipal de Cuernavaca”.

José Luis Urióstegui no es una mala persona, ni tampoco un hombre misógino, pero es claro que como autoridad municipal anda distraído, no tiene un buen equipo que le acompañe y padece las consecuencias de su inexistente oficina de comunicación.

Dicen los clásicos: en política muchas veces es más importante lo que parece que lo que es.

·         post it

Así respondió Ixlol Cielo Preciado, una respetable feminista de Morelos, a los dichos del presidente municipal de Cuernavaca sobre la manera como se puede identificar a una mujer que se dedica a la prostitución:

“Lo primero es que tendrías que saber si al grupo que quieras apoyar esta interesado o interesada en lo que ofreces, además saber si te vas a basar no en un padrón de salud o en un padrón donde efectivamente estas personas estén autodenominándose. Ubicarlas en ese trabajo por su manera de vestir y de conducirse me parece que aporta mucho en la manera en la que a las mujeres nos estereotipan, ¿Cómo vas a saber quién es o quien no es (por su manera de vestirse)? ¿Y quién le dice que quieren dejar de trabajar en esto? O sea, desde el punto cómo ve él el trabajo sexual me parece que lo está satanizando. (Su comentario) Es muy desafortunado, como muchas de las cosas que ha hecho, como la represión contra las feministas; además de que acordó con las feministas realizar capacitaciones y no se llevaron a cabo.

¿El que primero tendría que capacitarse tendría que ser él no?

Se tendría que capacitar él y todo su personal, por lo menos sus secretarios porque a muchos de los cursos que hacen solamente van las personas que no toman decisiones; es muy desafortunado, no sé si la que lo está haciendo es la persona que está a cargo del Instituto de la Mujer de Cuernavaca, pero también tendría que capacitarse porque no le encuentro yo sentido o no sabemos en qué se basó, para planear una capacitación con un grupo que de entrada creo que ni si quiera identifica. Insisto: deberías tener un padrón que diga en donde se encuentran, en que zonas de Cuernavaca trabajan o si cuentan con certificado de salud. Que se preocupe de otras cosas que sí le tocan y no de situaciones que solo fomentan al estereotipo al juzgar a las mujeres por el trabajo que desempeñan”

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Salió Beltrán Toto de la cárcel. Punto para Graco.

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