Escala de Grises - Atender las causas

En opinión de Arendy Ávalos

Escala de Grises - Atender las causas

Unos días después de que el gobernador de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, enviara una carta al presidente de la República solicitándole una reunión urgente para hablar sobre una estrategia de seguridad y el respaldo del Ejecutivo en el combate al crimen; López Obrador visitó el estado.

Durante una gira por los hospitales rurales de Tamaulipas, AMLO mencionó que Tamaulipas tiene mucho potencial y que garantizará la paz y la seguridad: “No estoy diciendo que haya problema, claro que lo hay, pero estaba peor”, aunque ahora hay “menos inseguridad”. 

Aunado a esto, habló sobre el grupo de delincuentes que amenazó a los distribuidores de gasolina para no venderle combustible al Ejército y dijo que Nuevo Laredo es el único lugar en donde se generan ese tipo de problemas a los que calificó como un desafío.

“Están mal, así no es la cosa. Les llamo para que recapaciten, que piensen en ellos y en sus familias, en sus madres, en sus mamacitas. Saben cuánto sufren las mamás por el amor sublime a los hijos y ellos tienen que pensar en eso”, expresó.

No perdió la oportunidad de echarse flores un ratito y, para completar el regaño, dijo que la excusa de la delincuencia era la falta de trabajo; pero que en su gobierno se están encargando de la generación de empleo y de la reinserción, para que todas las personas “puedan entrar dentro de la legalidad” y no hagan sufrir a sus familiares ni a sus mamás.

En su último día de gira por la entidad, AMLO hizo un llamado a los delincuentes para no dañar al prójimo y para que se porten bien. Además, pidió el apoyo de la población para mandar al carajo la delincuencia; porque provoca la misma reacción que la corrupción: “fuchi, guácala”.

Declaró que la persistencia de la inseguridad en el país se debe a que la situación económica y social estaba muy mal. Sin embargo, celebró que, a pesar de todos esos conflictos, en Tamaulipas esté bajando la incidencia delictiva.

Aunque el mismo Andrés Manuel diga que se deben atender las causas y que la violencia no se enfrenta con más violencia, no podemos dejar pasar semejantes declaraciones y el contexto bajo el que se externaron.

Desde hace cuatro años, Tamaulipas es calificado como uno de los estados más violentos del país; título que fue confirmado a principios de este año cuando se registró un saldo de 30 muertos en tan solo dos días. Bloqueos, enfrentamientos, asesinatos y secuestros son los problemas cotidianos a los que se enfrenta la población perteneciente a esta entidad.

Como podrá imaginarse, una situación tan crítica no puede resolverse con el famoso “abrazos, no balazos” o pidiéndoles por favorcito a los delincuentes que se detengan. Efectivamente, hay que atender las causas; pero hay que atenderlas desde los enfoques correctos.

Al igual que en todos los conflictos, hay muchas aristas implicadas como la educación que se da a niños y jóvenes, las adicciones, la corrupción existente entre narcotraficantes y elementos de la policía, entre otras. La inseguridad no desaparece otorgando una cantidad determinada de dinero al mes y la reinserción social no se basa únicamente en generar empleos. Esas son respuestas superficiales y fáciles, pero que no garantizan la paz por mucho tiempo.

La delincuencia (al grado que sea) no se resuelve apelando a las pulsiones más básicas, como el amor a la familia o a las mamás de los delincuentes. Parece que el mesías de la democracia se ha tomado muy en serio su papel y, ahora, da sermones muy parecidos a los que dan los sacerdotes.

Además de un curso de retórica, deberían recomendarle al presidente bajarle un poco a su dosis de moralismo. La inseguridad, el miedo y la impunidad no se pueden (ni deben) reducir a una expresión tan simple como “fuchi, guácala”, la delincuencia no se resuelve con un regaño (o un chanclazo) y menos haciendo sentimiento tan abstracto como el remordimiento de conciencia.

 

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