Serpientes y escaleras - Sacar al buey de la barranca

En opinión de Eolo Pacheco

Serpientes y escaleras - Sacar al buey de la barranca

El perfil de los gobiernos estatales ha definido la historia de Morelos en las últimas tres décadas

 

Sacar al buey de la barranca

Al ser una actividad pública, la política muchas veces se comporta como la farándula y se mueve en función de la moda; una y otra vez en el escenario político local y federal hemos sido testigos de cómo la sociedad y el electorado morelense reaccionan a la percepción, a los sentimientos y a las circunstancias de determinado momento. En Morelos hemos tenido gobernantes variopintos, electos por razones diversas y en casi todos los casos los resultados han sido negativos. ¿Qué nos depara el futuro?

Revisemos lo ocurrido en los últimos años:

Lauro Ortega Martínez fue un gobernante muy popular que ejerció el poder bajo reglas sociales, políticas y legales distintas que se pueden describir en una frase común en su gobierno “¡Háganlo a la legalona!”; la orden orteguista significaba que primero se actuaba y luego se atendían los aspectos legales, algo así como el “pega y después averigua” de la policía judicial. Para muchos el doctor Ortega ha sido hasta hoy el mejor gobernante que ha tenido Morelos, su estilo bonachón con el pueblo contrastaba con la mano dura que ejercía en su equipo y con sus adversarios, pero lo que más sobresalió de ese gobierno fue la capacidad de su titular para comunicar, para hacer notar lo que él quería y ocultar lo que le incomodaba. Lauro Ortega fue un gobernante muy cercano a la gente y también un gran comunicador, de ahí su popularidad.

Antonio Rivapalacio fue distinto: más sobrio y menos populachero, su gobierno fue reflejo de sus amistades y fue el primero en donde la familia del mandatario jugó un papel principal en el manejo institucional. En ese periodo de gobierno los amigos del jefe del ejecutivo ocuparon posiciones principales en su gobierno y en los ayuntamientos, el jefe del ejecutivo controlaba al congreso y también al poder judicial, sin descontar que marcaba la línea en su partido. Más afecto a las reuniones de café que a los encuentros multitudinarios como su antecesor, Rivapalacio tuvo mucho menos popularidad como gobernante y fue sujeto de múltiples acusaciones de corrupción, en las que generalmente salían a relucir los nombres de sus amigos y consanguíneos. El ejemplo más claro de la corrupción en ese periodo fueron “Los papayos”, una dupla conformada por Carlos Rivapalacio y Julio Mitre, a quienes se canalizaban la mayoría de las compras del gobierno.

Luego de un sexenio con estas características llegó el turno de un general: Jorge Carrillo Olea, oriundo de Jojutla, pero alejado por décadas del estado regresó por decisión presidencial y asumió el control de la entidad como premio a sus servicios prestados al presidente Salinas de Gortari. La suya fue una administración dura, intolerante, insensible y represora, cuyo gabinete se conformó en su mayoría por personas ajenas del estado y varios miembros de la comunidad castrence. Carrillo Olea fue un gobernante totalmente alejado de la sociedad, desconocedor de la clase política e indolente de los problemas de la gente; a pesar de su experiencia en el terreno de la seguridad su fracaso como gobierno estuvo ahí, en la seguridad.

La de Jorge Morales Barud fue una administración de transición cuyo objetivo principal fue la reconciliación; en ese sentido el trabajo del ixtleco fue bueno, aunque insulso en lo referente a resultados. Al gobernador sustituto le encargaron apaciguar los ánimos políticos en la entidad y lo hizo a un costo muy alto para el estado, porque repartió el gabinete entre todas las fuerzas políticas para que nadie se quejara. El resultado: Morelos se estancó durante dos años y el PRI perdió las siguientes elecciones.

Tras el desastre del gobierno del Revolucionario Institucional apareció en el escenario una figura joven, carismática y distinta a lo que habíamos visto: Sergio Estrada Cajigal incursionó de golpe en política, producto del enojo ciudadano contra la clase política y su atracción personal, ganó la capital y luego la gubernatura. En el municipio el mecánico hizo bien las cosas porque recibió muchísimo más dinero que cualquier otro alcalde en la historia de Cuernavaca; como gobernador sucedió lo opuesto: la frivolidad, las ocurrencias y la corrupción fueron características de una administración que abrió la puerta de Morelos al narcotráfico. Fue en ese punto donde Morelos comenzó a convertirse en lo que los siguientes gobernadores han definido como “narcoestado”

La superficialidad del primer gobierno panista de Morelos hizo que el refrendo en la gubernatura se complicara; a Marco Adame le costó mucho trabajo ganar la elección del 2006 y para ello se valió de la ayuda del órgano electoral del estado. Con un perfil mucho más sobrio y preparado, el médico generó altas expectativas entre la gente porque, además, su primer gabinete era la cara opuesta del anterior: había gente identificada con el estado, de probada capacidad, con arraigo y buena imagen, aunque también hubo otros que representaban lo peor de la política, como Luis Ángel Cabeza de Vaca o Javier López Sánchez. El segundo gobierno panista comenzó bien, pero rápidamente se fue al traste por la pequeñez de Marco Adame, quien jamás logró controlas las ambiciones de su esposa ni las trivialidades de sus hijos. El sello de ese gobierno fue la inacción, resumida en la frase preferida del médico: “Lo registro”.

Los escándalos de corrupción y problemas de inseguridad de los gobiernos panistas hicieron que la gente volteara a ver a un extremo distinto: Graco Ramírez ganó la elección gracias a una buena y muy costosa estrategia de campaña que comenzó tres años antes de la elección y que incluyó el sometimiento de Marco Adame a su proyecto. El tabasqueño nunca fue popular, pero apareció como el menos malo de todos; ya montado en el gobierno el perredista dio rienda suelta a sus ambiciones, a sus rencores y a sus hormonas. Los primeros tres años de su gobierno fueron más o menos tranquilos, pero las cosas se descompusieron cuando la ambición de su esposa y de su hijastro lo avasallaron. El de Graco Ramírez fue un gobierno corrupto, vinculado a la delincuencia organizada y profundamente represor, de ahí el descrédito que aún tiene; son una familia de depredadores.

El que transcurre es un gobierno que desde el principio ha estado en el ojo del huracán; la personalidad del titular del ejecutivo y el primer grupo de asesores que lo acompañó provocó un profundo distanciamiento con la sociedad y un enfrentamiento con la clase política que sigue activo hasta hoy. La dinámica del régimen actual ha sido permanente y los costos están a la vista; en la recta final de la administración las decisiones pasan factura y advierten una transición compleja y un séptimo año que puede ser sumamente difícil para Cuauhtémoc Blanco y para su equipo cercano. El futbolista prometió meter a la cárcel a los corruptos y no lo hizo; hoy la gente quiere sangre y canalizan hacia él una enorme molestia social acumulada. El resumen de lo que ha sido este gobierno lo dio el propio mandatario cuando hace unos días retó “a darse un tiro” a un diputado local.

Reitero; en las últimas tres décadas Morelos ha tenido todo tipo de gobernantes, pero en los últimos años la política se frivolizó y las consecuencias han sido muy duras para la sociedad. Hacia adelante la reflexión debe ser de fondo, tomando en cuenta el pasado, pero pensando en lo que nos depara el futuro.

México está en llamas, el país se le está yendo de las manos al gobierno federal y ejemplo de ello es lo que vemos en Guerrero, en Jalisco y en Michoacán, solo por mencionar los hechos de violencia más recientes. En Morelos la historia no es tan grave como en esas entidades, pero está muy lejos de estar bien; los conflictos políticos se han mezclado con los intereses de la delincuencia organizada, por ello las acciones de muchos actores de poder se rigen por rencores personales e intereses de grupo.

La elección del 2024 es clave porque puede ser un parteaguas para la entidad: o sacamos al buey de la barranca o nos consolidamos como un narcoestado.

·         posdata

Algunos personajes de Morena han ido ganando terreno en la carrera por la gubernatura, uno de ellos es el alcalde de Jiutepec Rafael Reyes. Con dos victorias consecutivas en el municipio más densamente poblado de la entidad y un trabajo en tierra mucho mayor que el de cualquier otro precandidato, el edil se ha convertido en un referente del proceso y uno de los más fuertes prospectos a suceder a Cuauhtémoc Blanco Bravo.

A pesar de ello el camino no es fácil para Rafael Reyes, porque aunque el trabajo que viene haciendo desde hace al menos dos años es consistente, al final estamos en un partido político en donde coinciden muchos intereses y hay muchas manos metidas; digámoslo en concreto: el alcalde de Jiutepec (o cualquier otro aspirante) puede ganar la encuesta, pero dependerá del presidente López Obrador y de quien sea candidata (o) presidencial avalar o no los resultados de la encuesta.

Algo es claro: aunque en general los números favorecen a la 4T, en Morelos el escenario para Morena no es sencillo y por ello requieren candidatos que sumen votos y no quieran colgarse de la marca. Ahí Rafael Reyes lleva ventaja.

·         nota

En la víspera de que Morena comience a evaluar a los precandidatos a la gubernatura de Morelos, el coordinador de asesores del gobernador ha acelerado el paso. Víctor Mercado ya entró a la pelea y a base de esfuerzo personal ha ido ganando terreno en una competencia compleja que incluye una alta dosis de fuego amigo.

Mercado Salgado parece haber entendido que lo mejor para su candidatura es hacer trabajo en tierra, directamente con la gente, a la par de ganar aire posicionando su nombre y figura; la cercanía con el gobernador es un arma de doble filo en esta historia, porque a pesar de que Cuauhtémoc Blanco posee una gran popularidad como futbolista, también carga un enorme desgaste que de manera natural caerá en quien se identifique como su candidato.

Víctor Mercado está en la pelea, pero para ganar todavía requiere de hacer mucho más de lo que ha hecho hasta ahora.

·         post it

Juan Ángel Flores tuvo la ocurrencia de apersonarse en la oficina de Ricardo Salinas para proponerle a su municipio como la sede de su próxima inversión; a diferencia del simple tuit que mando cuando Elon Musk anunció que traería la planta de Tesla a México, en este caso el alcalde llevó una carta intención y una serie de documentos que confirman la viabilidad de Jojutla para albergar la nueva fábrica de motos Italika.

Se puede o no estar de acuerdo con el estilo de Juan Ángel Flores, pero es el único político que tiene la valentía y el arrojo para hacer este tipo de cosas. Item más: Ricardo Salinas le contestó y dijo que revisaría la propuesta.

·         redes sociales

Margarita González Saravia concluye su etapa en la Lotería Nacional y se dedicará de tiempo completo a la carrera por la gubernatura de Morelos; su ventaja principal radica en estar mejor posicionada que Sandra Anaya y menos enfrentada con el gobernador y con el presidente que Lucía Meza.

Margarita puede ganar la candidatura, pero para obtener el triunfo en la elección requerirá de mucho más.

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