Escala de Grises - ¡Eeeh… ntiendan!

En opinión de Arendy Ávalos

Escala de Grises - ¡Eeeh… ntiendan!

El deporte nacional ha sido objeto de polémicas desde el primer día, probablemente. Sin embargo, durante los últimos años, la atención se ha centrado en el fútbol. Lejos de los resultados, de la ilusión de casi llegar a la final sin ganar algún campeonato importante o las precarias condiciones a las que se enfrentan las selecciones femeniles, el motivo principal es el llamado grito discriminatorio u homofóbico.

Desde la Selección Mexicana Varonil hasta los partidos llaneros [también varoniles], el característico coro cada que ocurre un saque de meta puede escucharse en las gradas y, según ciertas personas, el acto ya es considerado “tradición”. La expresión utilizada para ofender al equipo rival ha generado tanto conflicto que incluso la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), se ha posicionado al respecto.

Según una serie de investigaciones, el origen del grito que comienza con el entonado “eeeh” se remonta a principios de los 2000, en Guadalajara, cuando los tapatíos deseaban que Oswaldo Sánchez supiera los sentimientos negativos que sus múltiples cambios de equipo habían provocado. El poco compromiso con la camiseta fue pagado con insultos.

Otra versión apunta a que el grito se escuchó por primera vez en las canchas preolímpicas de Atenas 2004, cuando el insulto se debió, precisamente, a que el portero rival de la Selección varonil era homosexual. Desde entonces, la discriminación ha viajado a los mundiales de Alemania y Sudáfrica, lo que ha encendido los focos rojos de la comunidad a nivel internacional.

La situación se ha considerado tan grave que, el pasado 18 de junio, se dio a conocer que la Selección Mexicana varonil podía ser expulsada del Mundial, el evento más esperado por la afición futbolera. La irreverencia y la diversión se esfumaron y comenzaron a implementarse campañas para que la costumbre se disolviera en el aire. Por supuesto, no ha sido suficiente.

Al respecto, hay algunas cosas que debemos considerar, especialmente si usted cree que la palabra en cuestión no es una muestra explícita de homofobia. Esta palabra, considerada una “broma” por algunas personas, implica una falta de hombría, idea que se ha adjudicado a los hombres homosexuales.

Dicha orientación sexual, como todas aquellas que se salen de la heteronormatividad, ha sido objeto de discriminación en diferentes espacios, en diferentes grados. Como la negativa de que niños pequeños jueguen con “juguetes de niña” por miedo a que se “vuelvan” gays o los más de 200 asesinatos de personas pertenecientes a la comunidad LGBT+ cada año. Como habrá de imaginarse, lo que hay en medio de estos actos no es menos preocupante.

A pesar de todas las acciones que se han tomado para evitar estas prácticas, el problema no se resuelve pidiéndole a Guillermo Ochoa que hable antes del partido. La bola de nieve no se frena en seco. El insulto utilizado en el fútbol nació gracias a un problema estructural que nos atraviesa a todas las personas: el machismo.

 Como gran parte de las acciones derivadas de este mal, el grito homofóbico y la palabra en la que se basa están normalizados. Según algunos argumentos externados en plataformas digitales y hasta en algunas conversaciones, el decir “puto” no tiene una connotación homofóbica, pues no se usa únicamente para hacer referencia a un hombre, sino también a ciertos objetos o momentos. Muy casual. La realidad es abismalmente diferente.

Aunque se ha explicado con peras y manzanas, parece que la afición (especialmente la masculina) se aferra a la adrenalina de pronunciar dicha palabra cada que el equipo contrario está por lanzar el balón. La necedad ha escalado a tal grado de poner sobre la mesa castigos que no parecen incomodar mucho a los fifas.

El pasado lunes, por ejemplo, se dio a conocer que la selección mexicana varonil recibió su decimoséptima sanción por los gritos homofóbicos que se escucharon en el Estadio Azteca, cuando el tricolor jugó contra Canadá y Honduras. Esta penalización consiste en una multa por casi 110 mil dólares y dos partidos a puerta cerrada.

Cuestionarnos ciertos comportamientos, más allá de lo normales que puedan parecernos o los castigos que podamos enfrentar, incluso a nivel simbólico, debe formar parte de un proceso constante de reflexión. El primer paso para solucionar un problema es tratar de comprenderlo, preguntarnos de dónde viene y qué es lo que representa.

En este caso, entender por qué el famoso grito implica discriminación no puede reducirse a penalizaciones por parte de la FIFA, como si se tratara de una práctica pavloviana. Sin embargo, ¿cómo podemos pedir una deconstrucción por parte de la Federación Mexicana de Fútbol Asociación cuando la cancha todavía es un espacio de hombres para hombres?

Las muestras son claras. Basta con mirar los salarios otorgados a las jugadoras o la poca visibilidad que la Liga MX Femenil tiene en los medios de comunicación y en la misma afición. ¿Cuántas árbitras (sí, en femenino) hay? ¿Cuántas mujeres reciben siquiera la mitad de los patrocinios que los hombres más famosos de dicho deporte? La desigualdad no puede negarse, el techo de cristal tampoco.

Exigirle a la afición que deje de pronunciar el insulto ya mencionado también requiere de más esfuerzos a nivel institucional. Comprender la gravedad de la homofobia en México y en el mundo no puede basarse en cuántos partidos a puerta cerrada se realicen, pues jamás llegarán a ser la misma cifra registrada de crímenes de odio en contra de la comunidad LGBT+ en el país cada año.

Desde mayo de 2020 hasta abril de 2021, de acuerdo con el Observatorio Nacional. Si me lo pregunta, éste último aspecto debería ser el verdadero motivo de preocupación. Así como se ha enaltecido la cooperación internacional en diferentes eventos y se ha utilizado el deporte para destacar ciertos aspectos relevantes para la sociedad, tal vez también podría emplearse para generar un poco más de empatía y consciencia.

No sé. Se me ocurre…

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