Serpientes y escaleras - ¿Quienes son los aliados del gobernador?

En opinión de Eolo Pacheco

Serpientes y escaleras - ¿Quienes son los aliados del gobernador?

En las elecciones del 2021 se jugarán muchas cosas, incluyendo la gobernabilidad.

 

¿Quienes son los aliados del gobernador?

Las elecciones del 2021 serán determinantes para los partidos, los gobiernos y los ciudadanos; dependiendo del voto de la gente y la manera como queden las diferentes fuerzas políticas, podremos anticipar lo que veremos en la segunda mitad del sexenio. Las elecciones intermedias son distintas, con baja votación, pero son estratégicas para la sucesión. ¿Quiénes serán los aliados del gobernador en esta nueva etapa?

El primer punto que debemos observar en la elección del 2021 es al gobierno; no importa el partido que represente o la personalidad de su titular, para las autoridades en funciones es determinante la elección no solo por lo que representa en materia de estabilidad y correlación de fuerzas, también de cara al futuro y las consecuencias que pueden venir si los números no son favorables.

Digámoslo de esta manera: el gobernador necesita tener mayoría en el congreso para avanzar en los temas pendientes de la agenda diaria, pero también requiere un parlamento controlado para que no le brinquen problemas como un juicio político, se le atoren leyes o se le complique la aprobación presupuestal.

Aunado a ello al gobernador le importa la elección intermedia porque a partir de ahí puede comenzar a construir la sucesión; todos los gobernadores han intentado en la elección intermedia acomodar piezas afines, proyectar delfines que les sirvan en el futuro y sobre todo aliados que les garanticen tranquilidad una vez concluido su mandato.

En este punto no importa cuáles sean los planes futuros del gobernador: si desea prolongar su poder a través de otra persona (como lo intentó Graco Ramírez con su hijastro Rodrigo Gayosso) o no quiere saber más de la vida pública, como pasó con Sergio Estrada. A todos les interesa que su sucesor no sea alguien opuesto a sus intereses, alguien que lo persiga o intente generarle complicaciones una vez que ha perdido el poder.

Desde muchos ángulos la elección intermedia es clave para todos los actores de la vida pública, para unos porque es el camino para regresar y para otros porque es una forma de autoprotección.

Frente al régimen actual hay muchos políticos interesados en hacerle la vida difícil al gobernador; son figuras que perdieron el poder, pero no el interés de regresar y cobrar venganza; ahí están quienes llevan años fuera del presupuesto, los que se montaron en la ola obradorista y se sienten triunfadores y también aquellos que en el sexenio pasado eran alguien y hoy desde el ostracismo buscarán una posición.

Son muchos los enemigos que se ha hecho el gobernador Cuauhtémoc Blanco a lo largo de su estadía en la vida política. Son enemigos más que adversarios, le ponen piedras en el camino, desde el anonimato lo cuestionan, lo ofenden y hacen alianzas para generarle contrapesos en la segunda mitad de su administración.

El peligro de este bloque es alto, porque existen condiciones para hacerle la vida difícil al mandatario y porque las elecciones del 2021 no serán como las del 2018. En el ambiente social existe un notorio desgaste de los gobiernos de Morena, del presidente, del gobernador y en general de la llamada Cuarta Transformación.

Morena sigue siendo el partido con mayor intención de voto, pero a diferencia de lo que se vio en el 2018, ahora el Movimiento de Regeneración Nacional no es un partido invencible, ni garantiza el triunfo a cualquier persona, como sucedió en la contienda anterior.

Hablando en idioma futbolero: los equipos están más parejos de cara al 2021 y eso obliga a todos los que desean competir a planear con mucho más cuidado sus acciones, a realizar alianzas estratégicas, a comunicar de mejor manera y a elegir buenos candidatos.

En la baraja política morelense no hay muchos personajes que llamen la atención y, de hecho, no hay una sola figura que tenga liderazgo más allá de un municipio. Desde hace años Morelos se quedó sin líderes que movieran masas, sin actores de poder que se destacaran de los demás y fueran un factor determinante en la elección.

Peor: después de la pandemia lo que veremos es enfado colectivo mezclado con una profunda desesperación económica; habrá muchos partidos políticos y un ambiente social contaminado por el coronavirus y por la violencia.

A todos los actores políticos les debe interesar la elección del 2021, pero el gobernador en lo particular debe comenzar a trabajar desde ahora en una estrategia integral que incluya todos los factores que pueden influir en el votante.

En la contienda del siguiente año no habrá estructuras electorales que consoliden triunfos, ni fórmulas mágicas que garanticen votos; por el contrario, veremos un proceso electoral distinto, inmerso en el miedo al contagio de la nueva enfermedad e influenciado por la información confiable de medios serios. Algo que está dejando la pandemia del covid-19 es una sociedad más cuidadosa de lo que lee en las redes sociales, que ya no se deja llevar fácilmente por mensajes repetitivos y busca fuentes confiables a las cuales hacer caso.

La del 2021 en Morelos es una elección clave para todos: para los viejos partidos que buscarán regresar al poder, para los pequeños partidos que tratarán de no desaparecer y para un gobierno al que le urge entrar a una etapa menos complicada que la que ha vivido durante los primeros años.

Por eso la pregunta es clave: ¿Quiénes serán los aliados del gobernador en las elecciones del próximo año?

En un ambiente tan socialmente revuelto como el que vivimos ahora en la entidad, es altamente probable que quienes no sean sus aliados, serán sus enemigos

  • posdata

Imagina lectora lector queridos, lo que nos espera para la segunda mitad del sexenio; reflexiona por un momento la forma como se puede conformar la siguiente legislatura, la que acompañará al gobernador hasta el final de su mandato.

Pensemos en las figuras que podrían regresar a la cámara por la vía plurinominal, tomando en cuenta la forma como se han movido esos espacios en los últimos años. Por ejemplo: tras perder las elecciones del año dos mil, en el 2003 el candidato perdedor a la gubernatura por el PRI, Juan Salgado Brito, fue legislador plurinominal. Eso mismo se repitió en el 2009 con Maricela Sánchez y luego en el 2015 con Amado Orihuela. ¿Se repetirá en el 2021 con Jorge Meade?

Siguiendo esa lógica pensemos que en el PRD quien se apunta para ocupar una curul plurinominal es Rodrigo Gayosso, en Movimiento Ciudadano Jaime Álvarez, en el Verde Javier Estrada, en el PT alguien afín a Tania Valentina, en el PAN uno de los hermanos Terrazas y en Morena alguien de Rabín Salazar, como Miguel Lucia. Todos estos partidos tienen casi garantizado, al menos, un espacio plurinominal en la siguiente legislatura y la alternancia hombre-mujer en las elecciones da pie a que la lista de pluris en el siguiente año empiece con varones.

Si eso llegase a ocurrir, en la siguiente legislatura podríamos ver juntos a Jorge Meade, Rodrigo Gayosso, Jaime Álvarez, Adrián Martínez Terrazas, Javier Estrada, Miguel Lucia y Tania Valentina (o alguien suyo); todos, obviamente, llegarían con ánimo de venganza contra el gobernador Cuauhtémoc Blanco. Por la vía directa es muy probable que los candidatos sean los alcaldes actuales; varios de ellos, por cierto, están enfadados con la administración estatal.

El punto es uno: los operadores políticos del gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo deben prever este tipo de escenarios y anticiparse a ellos; necesitan comenzar a actuar desde ahora y establecer canales de comunicación y diálogo con todos los actores de poder en la entidad, incluyendo a quienes desde fuera de la política influyen en la marcha del estado y general opinión entre la gente.

No hacerlo puede ser muy riesgoso para el régimen, dejar a la suerte su futuro puede volver la segunda mitad del sexenio un infierno con situaciones mucho más complejas a las que hemos visto hasta ahora.

Reitero: es tiempo de hacer política.

  • nota

La mañana de ayer el secretario de gobierno y los integrantes de la mesa para la pacificación de Morelos dieron a conocer los avances en la investigación sobre el multihomicidio de Temixco, donde cinco personas, incluyendo a un ex funcionario de la Secretaría de Hacienda en la administración de Enrique Peña Nieto, perdieron la vida.

Pablo Ojeda relató los hechos ocurridos aquella tarde: cinco personas, entre ellos algunos elementos de la Marina Armada de México, llegaron a una vivienda ubicada en la calle Brisas del Pacífico en el fraccionamiento Brisas de Cuernavaca, de Temxico; ingresaron y en el estacionamiento se encontraron con Alfonso Isaac Gamboa Lozano; lo ultimaron a balazos. Luego ubicaron en una palapa del jardín a cuatro miembros más de la familia, los sometieron, los tiraron en el suelo y los ejecutaron. Huyeron en un auto compacto.

Estos hechos por si solos ya son aterradores, pero la historia no concluye ahí: derivado de investigaciones realizadas por la FGE y las fiscalías de Feminicidios y Antisecuestros de Morelos se estableció la identidad y se logró la captura de dos personas implicadas. Aquí es donde la historia se agrava más.

Según las pesquisas de las autoridades, la autora intelectual del multihomicidio es la viuda de Alfonso Isaac Gamboa y uno de los homicidas es su amante, también escolta del exfuncionario federal y miembro de la Marina mexicana.

Bethzabee (la esposa) fue quien proporcionó la información a Juan Carlos (su amante) sobre el lugar donde estarían el exfuncionario y su familia pasando el aislamiento por covid-19; ella, además, entregó al escolta el código de seguridad para acceder al fraccionamiento y abrió el portón de la casa para que entraran a matarlos.

La investigación y captura de dos de los implicados en este asesinato múltiple es un punto a favor de las autoridades morelenses; la planeación y ejecución de este crimen expone el grado de descomposición social que existe.

La muerte de Alfonso Isaac Gamboa Lozano desató múltiples especulaciones; algunos se aventuraron a señalar que su ejecución estaba relacionada con las investigaciones sobre corrupción en Chihuahua, mientras que otros asumían que era un mensaje para la clase priísta del gobierno anterior.

Al final ninguno atinó, fue una historia pasional digna de cualquier narcoserie de Epigmenio Ibarra.

  • post it

Las acusaciones que recientemente aparecieron en una narcomanta contra el delegado federal Hugo Erick Flores no son poca cosa, ni se resuelven con una denuncia burocrática. El contenido del texto es directo, habla de pruebas y lanza amenazas firmadas por un personaje que ha cobrado notoriedad a últimas fechas, porque cumple sus amenazas.

Puede ser que todo quede en un mensaje y nada pase; es posible que después de las narcomantas y el escándalo mediático nadie recuerde los hechos, ni vuelva a hablar del tema.

El problema vendrá si acaso las pruebas existen y se hacen públicas o, peor, si alguna de las amenazas se hace realidad.

De cualquier forma a Hugo Erick Flores ya lo treparon al tren de las narcomantas y eso pegará con tubo a su partido y a sus candidatos en las próximas elecciones.

Simple: guarden las imágenes y expónganlas a media campaña.

Se imaginan lo sencillo que será aplicarles el mote de “narcopolíticos”.

  • redes sociales

José Luis Urióstegui regresa a la presidencia de la Barra de Abogados del Estado de Morelos; lo hace de manera interina luego de que el periodo del actual dirigente, quien quiera que sea, concluyó.

Bien por los abogados de la Barra; al fin estarán bien representados.

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