A Nivel Banqueta - La muerte de un árbol

En opinión de Francisco Valverde Prado

A Nivel Banqueta - La muerte de un árbol

Mucho es lo que se ha destruido en nuestra querida Cuernavaca. En ocasiones pareciera ser  que nuestras autoridades más que querer ayudar a la ciudad, nos muestran un profundo desprecio e ignorancia por ella, nuestra Cuernavaca. Las consecuencias de sus acciones de gobierno son mayoritariamente negativas para los ciudadanos de carne y hueso, no así para los burócratas de cuello blanco.

 

Muchos de nosotros nos enteramos de la trágica noticia que terminó con la poda de uno de los árboles más emblemáticos de nuestra ciudad a manos del ayuntamiento de Cuernavaca. Ser un funcionario idiota es el último grito de la moda, no sólo en Cuernavaca, pero en todo el estado de Morelos. La competencia por lograr ser el “pior” diputado, regidor o alcalde, es un deporte que solo podría compararse con el Coliseo Romano, solo que en lugar de gladiadores, lo que tenemos son zombies traga monedas y en lugar de coliseo, tenemos una ciudad que lejos de estar arropada bajo un manto de honor y tradición, termina por ser lastimada e incluso: humillada por aquellos servidores que decían buscar servir a La Eterna Primavera.

 

La rabia que uno siente cuando ve tales acciones, de la mano con el sentimiento de impotencia es dramático y frustrante. Sí, no es el primer crimen ambiental que se perpetra en la ciudad pero por su historia y por ser una de las calles que más ejemplificaban a la eterna primera, bien resulta una buena metáfora de lo que un ayuntamiento, incluidos todos los partidos, regidores y fauna, representa: los enemigos de la ciudad.

 

¿Cómo pueden cortar un árbol de forma tan salvaje? ¿Cómo se logra ser tan imbécil? Una acción así, debería forzosamente tener serias consecuencias legales, por lo menos en un país civilizado y con sentido común. ¿Dónde quedó ese supuesto orgullo morelense que tanto cacareamos? A la hora de la hora, no pasa nada, nuestro hartazgo no da para más, nos quedamos en un comentario y un like en redes sociales. Seguimos aguantando, fríos y tibios ante lo que sucede justo frente a nuestras narices. ¿Quién es el regidor de Cuernavaca responsable de la comisión de medio ambiente? ¿El o la diputada responsable de cuidar y proteger a nuestro entorno? Yo propongo que a el responsable de haber coordinado y ordenado la destrucción de don señor árbol, se le exponga en redes sociales y medios de comunicación para que por  lo menos viva en carne propia la consecuencia de sus acciones y -quizás- sienta un poco vergüenza si es que aún tiene tal capacidad.

 

Me pregunto: ¿El alcalde de Cuernavaca ya se pronunció? ¿O simplemente le vale madres? Pronto comenzarán las campañas electorales y seguimos en lo mismo, secuestrados por los partidos políticos y sus intereses, rehenes de una democracia fallida o por lo menos con raquíticos cuadros que carecen de los conocimientos necesarios para devolverle a Cuernavaca lo que se merece. Si queremos saber el tamaño de nuestros gobernantes, tan sólo veamos la foto en redes sociales del árbol destruído y justo ese, es el nivel cultural y humano de nuestra clase política. ¿Qué podemos hacer? Pensar, ser participativos, informarnos y continuamente cuestionar a nuestros representantes. Lo más cómodo para un animal político es que se le deje solo, que no se le pidan cuentas y resultados: una ciudadanía dormida y pasmada. La ciudad que queremos necesita de ciudadanos responsables, propositivos y que entiendan las consecuencias de su actuar y también, de su no actuar.  

 

Las imágenes que descubrimos en redes sociales nos indignaron a miles: un señor  árbol abatido por el cartel H. Ayuntamiento de Cuernavaca, en una de las típicas calles de nuestra ciudad: pintoresca y señorial.

 

Si queremos darnos la oportunidad que algún día nuestra ciudad pueda cambiar, tendrá que ser a manos de la participación ciudadana. Mientras sigamos siendo perezosos y sigamos pasmados frente a lo que ocurre frente a nuestras narices, nada cambiará, los años pasarán y Cuernavaca seguirá siendo lastimada por los políticos corruptos e ignorantes.