Repaso

En opinión de Carlos Gallardo Sánchez

Repaso
  • Maestros, ¿se acuerdan de la ficha escalafonaria?

Se les entregaba a las profesoras y los profesores al término de cada ciclo escolar. Constituía la evaluación final de su desempeño, si bien su uso y expedición se desvirtuó por diversas causas, lo que al final esa ponderación del trabajo docente se contaminaba con una serie de actitudes sesgadas, de intereses chuecos, de solapamientos cínicos. Llegó un momento en que nosirvió para gran cosa,pues se les asignaban los mismos resultados al docente cumplido y preocupado por prestar un servicio profesional, que al caracterizado por la improvisación y la medianía.

Al final la gran mayoría la recibía para engrosar su expediente escalafonario, que a la postre les facilitara la oportunidad de mejorar su situación salarial mediante el incremento de horas o la obtención de un cargo directivo. Sumado a esa coyuntura, aparecía el factor determinante: el apoyo discrecional de los representantes sindicales y también de las autoridades respectivas. Por eso se iba uno de espaldas cuando nos enterábamos de quiénes recibían su ascenso, conociéndoles una trayectoria poco recomendable. Había también, hay que reconocerlo, quienes lograban alguna mejora laboral de manera merecida, porque además se encargaban de incluir en su archivo personal toda clase de constancias sobre diversos estudios. Muy pocos presentaban obra escrita, que también servía para acumular puntos.

Para lo que nunca o rara vez sirvió la ficha escalafonaria fue para reflexionar sobre las debilidades y fortalezas profesionales de los docentes. Muchas veces se llenaba parejo, con la asignación total de 720 y eso era lo que importaba, porque el criterio burocrático imperaba en la apreciación del rendimiento docente. O se asignaban puntajes bajos, como una forma de venganza ante actitudes “insubordinadas” de algunos profesores.

Los rasgos a observar para ser evaluados, a mi parecer eran pertinentes, siempre y cuando esta responsabilidad se hiciera con la mayor objetividad y seriamente. Se registraba la aptitud docente, atendiendo a rubros como iniciativa en el ámbito de la teoría pedagógica y de la práctica educativa, lo mismo en otros ámbitos de la cultura y de la vida social: Además se solicitaba evaluar a los docentes en cuanto a su laboriosidad, su eficiencia, su disciplina y su puntualidad.

Desconozco si aún se utiliza la ficha escalafonaria. En realidad, lo que pretendo argumentar es que estaban dadas las condiciones para apreciar cualitativamente el trabajo desarrollado por los maestros de grupo y directores de escuela, principalmente. El problema, repito, es que no se cumplía como debía ser. Y por eso la ficha de marras sólo era un papel más, para nada vinculada con la posibilidad de emplearla en la consecución de la mejora continua del presunto profesional de la enseñanza.

Cuando se instrumentó el llamado escalafón horizontal, con el Programa de Carrera Magisterial, dentro de la que se introdujo, con la reticencia de muy pocos, la aplicación de exámenes de conocimiento, se pensaba que iba a mejorarse la práctica educativa. Todo parece indicar que no sirvió para eso. Quienes ascendían en los diferentes niveles, no se diferenciaban en la práctica cotidiana de aquellos que no participaban en ese programa. Carrera Magisterial, se dijo, se burocratizó y resultó una simulación en la mayoría delos casos.

Ahora que ha desaparecido el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) y que se ha determinado que la justipreciación del trabajo docente no se hará de manera punitiva, los nostálgicos del “ai se va” se están frotando las manos, suponiendo que la evaluación diagnóstica que se propone y la autodeterminación de actualizarse o capacitarse, anuncia el regreso de la pantomima en cuestiones educativas y particularmente en el desempeño docente.

Lo que ha fallado, desde mi perspectiva, es la falta de seriedad y honradez en la aplicación de las políticas relacionadas con la evaluación educativa. Falló el blindaje que debió tener el INEE para que no se contaminara o lo contaminaran con las obsesiones del gobierno de Peña Nieto y sus “asesores” externos. Hoy, de manera errónea, creo yo, se le ha desaparecido. En su lugar está anunciado el Instituto para la Revalorización del Magisterio y la Mejora Continua. Lo que menos debe esperarse de este nuevo organismo es que se repitan las viejas prácticas simuladas de la evaluación del desempeño docente y, desde luego, del aprovechamiento estudiantil.

Si se cambia será para mejorar, haciendo a un lado las necedades medicionistas de quienes, como la organización Mexicanos Primero, suponen que las comparaciones a partir de indicadores o parámetros estandarizados son el recurso infalible para valorar la profesionalización el magisterio.

Claro que debe evaluarse a los maestros. No hay que hacer caso a aquellos que, para cuestionar las iniciativas de López Obrador en materia educativa, hablan tendenciosos de relajamientos y complicidades para que todo siga igual o para retornar al pasado. Debe evaluarse a los maestros con sentido formativo, al igual que a éstos se les exige que hagan lo mismo con sus alumnos. Si eso no se cumple, si persisten los fingimientos y las connivencias, estaremos frente a una más de las farsas y los retrocesos que han dañado tanto a la educación en México. Eso no es lo que se espera de la llamada cuarta transformación, dentro de la que ya algunos críticos observan la permanencia de algunos gérmenes procedentes del anterior gobierno.

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