El Regional

Opinión

| Sergio Dorado
2018-04-17

Crudo es quizá decirlo, pero la ignorancia de la mayoría de la sociedad es todavía alta, y ello contribuye a que los pillos de cuello blanco se sirvan con la cuchara del ogro. Y por donde se le vea, este hecho hace que sea difícil predecir quién ganará la gubernatura en Morelos. ¿A cuántos hambrientos de saber podrá comprar el candidato del dinero? Difícil pregunta, pero quizá calculable; si más de la mitad de la población vive en la pobreza, y por lo tanto, en la ignorancia, más de la mitad son clientela probable en el mercado democrático del Estado.

 

Y por el otro lado, ¿cuántos vivirán en la nostalgia de haber soñado ser campeón del mundo? Cuando al pueblo se le vendió la posibilidad de serlo con jugadores de la talla de Luis Hernández, Rafael Márquez y Cuauhtémoc Blanco. Y no llegaron incluso al quinto partido, como siempre, y mucho menos a la final, pero el pueblo se lo agradeció con chiquiti bums porque jugaron con huevos y todo lo necesario hasta donde pudieron. Y desde luego, la bandera tricolor ondeando en el recibimiento del aeropuerto de la ciudad de México, con mariachis, pitos y confeti.

 

Porque parece ser que la decisión final estará entre la fuerza del dinero y la fuerza de la fama. Entre el número de despensas y el número de fotos gloriosas del futbol mexicano. Por el lado del dinero, se nota hasta en la uniformidad del vestuario amarillo y la tipografía de la propaganda en eventos de pre, inter y campaña. Ahí, con gorra bajo el sol azteca hay botana y acaso propina. Y habrá que ver cuánta ignorancia se recarga por el color amarillo en las urnas del mes de julio. Acuérdese usted, estimado y único lector, que don dinero tiene su presencia en la historia.

 

Por el lado del “muchacho” Cuauhtémoc, todo es desorganización, negligencia y confianza en que el marrazo de López Obrador, el primero de julio, retumbará en todos los rincones de México. Así, mientras el güero anda abriendo mercados nuevos, el moreno quizás sólo unos tragos y unas fotos para las revistas. Al actor político le han hecho creer que es el Dios del futbol por mandato de Huitzilopochtli, recién salidos los paisanos mexicas de Aztlán, el lugar de las siete garzas, y que no se preocupe el gran Cuauhtémoc II, que ellos gobernarán por él si acaso lo vuelven a invitar a jugar futbol al Vaticano.

 

Haga de cuenta usted, fino y estimado y único lector, el ejemplo y el patito feo de la familia, si me permite usted el cuento. El hijo ejemplar es limpio, puntual, se peina y se lustra el calzado. Y no anda mirando a las niñas como si no tuviera que estudiar. Porque así de feo es el patito feo, grosero y atrevido como ninguno. ¡Además, cachiranga!, el cuello arrugado por un lado y las agujetas desabrochadas en el otro extremo, entre otras cosas que lo distinguen; ah bárbaro, seguramente su única aspiración será volverse pedo en el futuro.

            Así de ejemplar es en contraparte el candidato amarillo cuya campaña se centra en valores extraordinarios e hipnotizadores, tales como la democracia, la sensibilidad política, el sostenimiento del régimen y el porvenir abundante para la familia… morelense. Todo con desfile ordenado en el caminar por las calles de Morelos, con el candidato y su bandera amarilla a la cabeza de la democracia, especialmente en los municipios porque en la capital ya no se puede hacer mucho. Y hay chinelos y acaso tamales oaxaqueños y una soda en las congregaciones; mientras el otro, güevón como dicen que es, ni siquiera se sienta en la oficina para dar orden al caos. Acaso ni siquiera sabe de las trampas que suceden en el ayuntamiento y critica al estado de lo mismo. Por el cual, desde luego, nadie ha de meter las manos al fuego.

            Como quiera que sea y quien gane, al estado de Morelos no le espera mucho bueno el sexenio que sigue. Nos endeudaron en casi un 500% y de todo lo antiguamente prometido se quedó mucho a deber. La inseguridad por un lado y la corrupción por el otro sumieron al estado en una parálisis de progreso que no se le ve punta. No empezaremos en cero en octubre del 2018 sino en menos 500 y el camino se ve muy cuesta arriba. Más allá del discurso oficial que raya en la fantasía, deber dinero es nunca ventaja.

¿Cómo afrontará la situación el candidato amarillo si es que gana? ¿Ya tendrá plan el ejemplar democrático si acaso? ¿Y Cómo el futbolista si es él quien gana porque Huitzilopochtli tenía razón? Ya ve usted que en este país a veces ya no le creemos ni a los oráculos y los candidatos no han explicado la visión más nueva de la otra nueva visión.

Los ciudadanos lo que queremos es, sin embargo, más allá de las ambiciones políticas de güeros contra moros, cuentas y eficiencia. Por lo tanto, no queremos un solo hoyo más en la calle (así como en Suecia, si me permite usted un chascarrillo inoportuno). No queremos olvidar a los damnificados y mucho menos a los jodidos. No queremos ser asaltados con pistola humeante y a bocajarro por ladrón o policía. ¡Y no queremos ni fama ni dinero! ¿Cómo la ve usted, estimado y único lector?

 



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