El Regional

Opinión

Eolo Pacheco |
2018-04-16

La elección del próximo 01 de julio no representa lo mismo para los candidatos. Todos quieren ganar, pero en caso de perder, el futuro es distinto para cada uno de ellos.

 

En dos semanas arranca la campaña por la gubernatura de Morelos y comenzará a escribirse el último capítulo del sexenio. Para el titular del ejecutivo será el momento de la evaluación de sus logros, de la valoración de su actuación y de la calificación a su desempeño; para el ciudadano es el punto en donde pueden refrendar la confianza y replantear el camino a través de su voto. Para los partidos viene una etapa para la que se han preparado desde hace mucho tiempo. ¿Qué representa la elección para cada candidato?

Aunque hablamos de un mismo proceso electoral, la competencia por la gubernatura de Morelos no significa lo mismo para cada uno de los ocho contendientes. Todos tienen la misma aspiración, los mismos objetivos, la misma meta, utilizan distintos caminos e implementan diferentes estrategias, pero buscan lo mismo. A pesar de ellos el proceso no tiene el mismo final ni les ofrece el mismo destino.

Cuauhtémoc Blanco entró a la política por casualidad, luego de que lo convencieron de participar en la elección de Cuernavaca. Su triunfo en la capital de Morelos fue coyuntural y resultado del enfrentamiento entre los candidatos del PRD y el PRI; ambos partidos se enfrascaron en una lucha sin cuartel que les obsesionó y les hizo descuidar al tercer contendiente. Blanco era popular en las calles, llamaba la atención, la gente se aglutinaba a su alrededor en busca de una foto, pero no todos los que lo admiraban le concedieron su voto.

Cuauhtémoc Blanco Bravo ganó la elección en la capital con el porcentaje de votos más bajo de la historia, pero ganó. Ahí comenzó una historia de claroscuros en donde la constante ha sido el conflicto entre el edil y el gobernador. El desempeño del futbolista como jefe municipal ha sido terrible: Cuernavaca vive uno de sus peores momentos y la ciudadanía está molesta por el descuido de la ciudad y la mala calidad de sus servicios, pero para fortuna del futbolista muchos piensan que esto es resultado de que el gobernador no lo ha dejado trabajar.

Para Cuauhtémoc la contienda por la gubernatura representa una oportunidad de revancha contra una persona que lo ha perseguido, lo ha atacado y (dice) lo tiene amenazado. El ex seleccionado nacional ha dicho que meterá a la cárcel al gobernador y procesará a sus funcionarios, promete cambiar el estatus de las cosas, combatir frontalmente la inseguridad y actuar firmemente contra la impunidad.

Para Blanco esta es una contienda con un alto grado de rencor personal, el edil es, de los ocho contendientes, el que más ganas tiene de actuar en contra de Graco Ramírez y el único, quizá, que se atrevería a perseguirlo legalmente. Si gana la elección, es evidente que el futbolista procesará a muchos de quienes forman parte de la nueva visión y del congreso actual; si pierde, el futbolista podría retirarse de la política, pero conservaría un enorme capital social y el apoyo de varios partidos para volver a competir en otro momento.

Víctor Caballero no era la primera opción del PAN para competir por la gubernatura de Morelos; vamos: ni siquiera estaba considerado en los planes de las dirigencias. En Acción Nacional se hablaba de la postulación de Javier Bolaños, aunque el presidente Terrazas apostaba por una alianza con Cuauhtémoc Blanco. Caballero es candidato porque Movimiento Ciudadano se empeñó en que lo fuera.

El médico es un hombre decente, que obtuvo la candidatura por descarte, pero ahora tiene el equipo de campaña más sólido y ordenado. El diputado va a la elección convencido de que puede ganar, suma adeptos, gana simpatías y se ofrece como el candidato de la esperanza y del cambio, sin llegar al extremo de lo que ofrece el puntero de las encuestas.

Caballero es para muchos la opción moderada del cambio, la oportunidad de ir en contra del establishment sin radicalismo, pero sobre todo representa un proyecto de estado que incluye algo más que la revancha política. Víctor está en condiciones de ganar la elección, viene subiendo y puede dar la sorpresa, pero si no lo logra es probable que ésta sea la única vez que lo veamos compitiendo por este espacio. Una derrota mandaría al candidato y a su equipo al retiro por un buen rato.

Rodrigo Gayosso trabajó la candidatura desde hace tres años; hizo trabajo dentro del partido, sumó adeptos, generó compromisos y dejó de lado al resto de los competidores. La postulación del perredista nunca estuvo fuera de polémica: su relación familiar con el gobernador y la manera como avasalló a sus adversarios llamó la atención dentro y fuera de su partido y provocó el rompimiento del Frente en Morelos.

Una vez postulado Gayosso hace campaña sin descanso; el perredista aprovecha todos los minutos para construir su proyecto y tratar de avanzar en la preferencia electoral; su planteamiento de campaña es sólido y algunas de sus ideas son interesantes, pero le pesa la animadversión pública contra un gobernador que se enemistó con muchos sectores, hizo personales las diferencias públicas y persiguió a muchas personas a lo largo del sexenio.

Ninguno de los ocho candidatos a la gubernatura tiene los recursos materiales y humanos con los que cuenta el representante del PRD, ni tampoco la estructura que individualmente ha construido Rodrigo a lo largo de todo el estado. Nadie de quienes compiten descartan a Gayosso en la contienda, es más, algunos le conceden posibilidades de triunfo a pesar de lo que dicen las encuestas, pero todos coinciden que su verdadero reto es librar el peso que le representa Graco Ramírez.

De triunfar en la elección Rodrigo Gayosso promete retomar las ideas que ha venido recolectando de la sociedad a través de los foros que organiza; dice que dará continuidad a los programas exitosos de la actual administración y corregir aquellos aspectos en los que se ha equivocado. Pero sobre todo, en su discurso, el candidato del PRD ofrece transformar al estado en un contexto de reconciliación social.

Si Rodrigo Gayosso gana la contienda buscará convertirse en un político nacional tomando como plataforma la gubernatura de Morelos, si pierde pero logra un segundo lugar estará políticamente vigente, seguirá trabajando y volverá a competir en tres años. Pero si lo mandan más allá del tercer lugar, su escenario será muy complicado, porque hasta sus aliados se le voltearán y entonces podría vivir momentos muy difíciles en el séptimo año; tanto Cuauhtémoc Blanco como Andrés Manuel López Obrador han hecho públicas sus diferencias contra Graco Ramírez y ambos podrían tener el control de las instituciones. Recordemos que cuando se tiene el manejo de las instituciones (Rodrigo y Graco lo saben) las leyes se pueden aplicar de cualquier manera.

Alejandro Vera Jiménez saltó de la cátedra a la política de la manera menos ortodoxa posible. El psicólogo hizo durante cuatro años un buen papel en la universidad, pero al final se convirtió en un político más en busca del poder.

El universitario es un hombre decente, un idealista, pero un pésimo administrador que no sabe armar equipos de trabajo. Ese es su más grande pecado en la universidad y la razón por la que hoy tiene que andar amparado; Alejandro no es corrupto, pero permitió que frente a sus ojos se cometieran actos de corrupción que jurídicamente deben ser sancionados.

Como candidato a la gubernatura Alejandro Vera está jugando lo que le queda de capital social; los ataques que recibió el último año de su rectorado y la pésima defensa que tuvo lo hicieron perder la simpatía de una buena parte de la sociedad e incluso le puso en contra a la mitad de la comunidad universitaria. Hoy bajo las siglas de un partido pequeño, oficialista, Alejandro está haciendo lo que siempre criticó: divide el voto y ayuda a Graco a mantener el control del estado. Si ganara la elección, el ex rector daría al estado la visión social que no tiene, pero podría llevar a la administración de Morelos a la misma situación financiera en la que se encuentra la UAEM. Si pierde no quedará nada de aquel hombre que hace poco movía decenas de miles de personas en las calles.

Jorge Meade Ocaranza buscó cuarenta años la candidatura de gobernador hasta que se la dieron... y vean lo que ha hecho con ella. El Gumaco es un político antiguo, hecho a las viejas prácticas, pero con los nuevos vicios. El candidato del PRI no sabe trabajar en equipo, no suma, se pelea con todos y ha dividido al partido más de lo que ya estaba.

Hacia afuera su candidatura no prende, ni despierta el entusiasmo de otros tiempos. La visita de José Antonio Meade al Estado expuso cómo están las cosas en Morelos: la nota sólo apareció en un diario local, perdida en páginas interiores y sin ninguna imagen o referencia al abanderado gubernamental.

Si Jorge Meade ganara la elección volveríamos al Morelos de los años setentas, pero sin las figuras que en ese tiempo tuvieron reconocimiento; Jorge sería una repetición de Graco: tiene su mismo carácter, sus mismos intereses, sus mismas ambiciones y hasta un hijo en política. Si pierde, simplemente se acaba.

La elección del 01 de julio en Morelos es la misma para los ocho candidatos, pero lo que representa es distinto. Para unos es una parada más en su carrera política, para otros puede ser el fin del trayecto y para algunos más representa el cielo o el infierno, depende del resultado.

·         posdata

El enfado en Jiutepec con el alcalde Manuel Agüero es evidente y hay razones para ello: al ex priísta, le acusan de muchas cosas, empezando por corrupto. Varias veces a lo largo de su administración los ciudadanos lo increparon, le dijeron de frente que había faltado a su palabra, traicionado la confianza ciudadana y abusado del cargo.

Al perredista lo acusan de muchas cosas: dicen que le renta varios inmuebles al ayuntamiento, cuentan que hace negocios con el alcoholímetro, con las grúas, con el sistema de agua y también con la basura. Afirman que la obra pública se entrega bajo un esquema de comisión o sociedad y que la mayoría de los contratos se asignaron de manera directa a su socio y suplente.

Agüero Tovar busca la reelección como presidente municipal a pesar de que hace tres años decía que estaba “totalmente en contra” de ella. El 01 de julio volverá a enfrentarse a Rafael Reyes, a quien en el 2015 le robó la elección, sólo que esta vez bajo las siglas de Morena.

La imagen de Manuel Agüero es mala no sólo en su municipio, su fama de corrupto se conoce en todo el estado, lo mismo que los escándalos personales en los que se ha visto envuelto en los últimos meses.

Para el perredista es imprescindible ganar la elección, sabe que si pierde, sobre todo con Morena, habrá una revisión de las cuentas y seguramente se iniciarán varios procesos jurídicos en su contra. Manuel Agüero puede ser uno de los primeros personajes graquistas que pisen la cárcel.

·         nota

La relación entre Morena y el PES se está complicando. Lo pactado entre las dirigencias nacionales y establecido en el acuerdo de coalición no se ha respetado de parte del Movimiento de Regeneración Nacional. Hoy lo único que tiene el PES es la gubernatura y eso, al parecer, sólo en las siglas, sin estructura.

Ya habíamos escuchado antes al PT alzar la voz en el mismo sentido refiriendo el “agandaye” de candidaturas en Morena; lo mismo podría decir el PES, sólo que su dirigente es más prudente... o menos experto.

No todo es esperanza y simpatía al interior de la coalición Juntos Haremos Historia. Morena está cometiendo en Morelos los mismos errores que los hicieron perder en el 2015.

·         post it

En algún momento de crisis luego del sismo del 19 de septiembre el gobernador Graco Ramírez dijo en una entrevista que no tenía miedo a ser odiado por la gente porque “no soy ratero”.

La omisión también es corrupción; el gobernador lo sabe y debería atender estos temas antes de que los resuelva el próximo gobernador. Concedamos que el mandatario no es “ratero”, pero varios de sus funcionarios sí lo son.

·         redes sociales

No hay que dar voz a los rumores, dicen en los pasillos de poder de este gobierno, cuando se habla de los actos de corrupción de algunos funcionarios.

Hay quienes viven de rumores... y quienes viven en rumores de 12 millones de pesos en fraccionamientos exclusivos.

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