El Regional

Mexico

Redacción |
2018-04-09

Los mayas, una civilización que prosperó en Centroamérica durante casi dos milenios, eran grandes agricultores, famosos por el desarrollo de sistemas de irrigación sumamente técnicos, por la gestión del clima tropical y por el cultivo de alimentos ricos en proteínas para alimentar a sus densas poblaciones urbanas.

Sin embargo, no todo era calabaza, frijol y maíz. Un nuevo análisis químico de huesos animales encontrados en una ciudad de 3,000 años de antigüedad, en lo que hoy es Guatemala, muestra cómo la civilización mesoamericana —que abarcaba México, Guatemala y Belice y que tuvo su auge entre los años 250 y 900— crio y comerció con perros e incluso los usaba para fines ceremoniales.

Hay indicios de que los mayas de la ciudad de Ceibal tenían grandes felinos en cautiverio y que no solo comían perros, sino que los transportaban grandes distancias, incluso desde el año 400 a. C.

"Sabemos que para construir las grandes civilizaciones de la antigua Roma, Mesopotamia y China, transportaban animales todo el tiempo y eran parte de su sistema económico", explicó a CNN Ashley Sharpe, arqueóloga del Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales y directora del estudio. "Lo que intenté hacer es ver cómo los mayas usaban los perros y ver si se parecía a la forma en la que otras grandes civilizaciones manejaban a los animales".

El estudio, que se publicó esta semana en el boletín Proceedings of the National Academy of Sciences, se analizaron los huesos de varias especies animales hallados en Ceibal, tales como venado, zarigüeyas, pavos, tapires, felinos silvestres y perros. En el colágeno óseo de los perros, los pavos y uno de los felinos se encontraron altas concentraciones de carbono e isótopos de nitrógeno, lo que indica que comían maíz principalmente y, por ende, que los humanos los alimentaban.

Casi todos los perros que se encontraron en Ceibal murieron más o menos al año de edad. Es la edad en la que se suele sacrificar a la mayoría de los animales. Al comparar los datos con investigaciones previas, se determinó que los mayas comían perros, como lo indica un sistema sofisticado de manejo de la carne.

Los huesos también indican que había diferentes razas. Aunque Sharpe señaló que el siguiente paso será llevar a cabo un análisis de ADN para determinar cómo eran, las investigaciones actuales confirmaron que las razas se usaban para diferentes propósitos. Algunas se comían, mientras que otras servían como mascotas o para cazar.

Elizabeth Graham, profesora de Arqueología Mesoamericana del University College de Londres, considera que este es uno de los hallazgos más significativos del estudio: "Que había dos clases de perros: el que era tu mascota, con el que cazabas y que tiene pelo, y los perros que comían maíz y no tenían pelo… los que criaban para el consumo".

Sharpe señala que el estudio indica que también había un propósito ceremonial. Se determinó que dos de los perros que analizaron provenían de las tierras altas guatemaltecas, a unos 160 kilómetros de distancia.

Sharpe explicó que a diferencia de los perros locales, estos eran relativamente viejos cuando murieron porque sus dientes estaban desgastados y sus huesos se habían fusionado. Estaban enterrados en el centro ceremonial de la ciudad, lo que indica que pudieron haber sido parte de algún ritual maya.

Lo mismo ocurrió con los huesos de un felino grande, probablemente un jaguar, que descubrieron en Ceibal. "Era adulto; por los isótopos parece que comió maíz toda su vida", señaló Sharpe. Como la mayoría de los felinos silvestres no comen maíz naturalmente, es probable que los humanos lo hayan alimentado y por lo tanto lo tenían en cautiverio, explicó. Esta evaluación coincide con el arte maya, que suele representar reyes con jaguares o cachorros de felinos.

Graham coincide en que no hay duda de que los mayas usaban jaguares con fines ceremoniales, pero duda de que usaran perros en los rituales. Señaló que hay pocos registros del uso de perros en contextos ceremoniales, fuera de su consumo en banquetes.

Lo primero que Graham pensó fue llevaban perros de tierras distantes a Ceibal con fines reproductivos porque necesitaban "un perro que sirviera para criar perros gordos", explicó. Agregó que la ubicación de la tumba podría haber sido circunstancial.

"Los gobernantes usaban pieles de jaguar, había pieles de jaguar en los tronos, pero no creo que alguien haya usado pieles de perro", señaló Graham.




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