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Yesenia Daniel |
2017-06-19

-Como papá soltero renunció a su trabajo en dondetenía horarios fijos pero no permisos


Tlaltizapán, Mor.- Cuando Reynaldo camina con sus hijas se engrandece. La gente dice "ahí va Reinaldo con sus hijas", y me siento bien orgulloso de poder andar con ellas, dos niñas de 11 y 8 años de edad. 

A Reynaldo nada lo preparó para lo que estaba por venir, criar a una niña de un año y medio y otra de cinco lo pensaba como algo inimaginable para un hombre.

Desde que se asumió como papá soltero renunció a su trabajo en una tienda en donde tenía horarios fijos y no tenía permisos para faltar, mucho menos bajo argumentos de asistir a reuniones en la escuela de sus niñas o porque ellas se enfermaran, de eso se encargaban las mujeres, las mamás; no los hombres, le decían.

Reynaldo Aguilar Nolasco, habitante del municipio de Tlaltizapán, inicia su día a las 5 de la mañana, acomoda los uniformes de sus niñas, les prepara un vaso de leche, té o arroz si es que hay, alista sus cosas para salir a trabajar y va a dejar a las niñas a la escuela. Toda la mañana y parte de la tarde reparte alfalfa en los lugares cercanos en donde se ha hecho de clientes, si bien le va podrá cobrar entre 700 y 800 pesos a la semana, pero en esta época las ventas bajan por las lluvias y sus ingresos se reducen a la mitad.

Su patrón desde que tomó este trabajo, le advirtió que en este empleo no hay días de descanso, todos los días son lunes, no hay domingos ni días festivos, mucho menos vacaciones; en los últimos dos años y medio solo ha descansado dos días, uno de ellos porque tenía principios de dengue.

“Yo tenía que estar disponible para tener tiempo para mis hijas, para ir por ellas o llevarlas o cuando me mandaran traer (…)  en ese tiempo que ellas están en la escuela tengo que acabar de vender, si no acabo seguirle después pero hay que ir por ellas, darles de comer, que hagan sus tareas y los quehaceres domésticos que hacen las mamás que es atenderlas, lavar ropa, lavar trastes, y bueno, ahorita ya me ayudan pero antes no, todo eso lo tenía que hacer yo y ya terminando pues si todavía hay tiempo seguir trabajando en la tarde, ayudarles con la tarea y si no terminan suspender mi trabajo para ayudarles”, dice.

Reinaldo siempre anda con sus hijas, son su responsabilidad pero también su motivo para seguir adelante, las niñas ayudaban a su papá a desyerbar un terreno por el que le pagarían un día de faena, entre juegos y besos colgadas al cuello, el joven padre le enseña a Erika, la mayor, a repasar sus apuntes de la escuela, esos temas que la maestra le dijo que hay que repasar en casa porque a Erika le cuesta trabajo seguir el método de enseñanza tradicional pero su papá sabe que todos tenemos un modo diferente de aprender, y su pequeña se esmera por no hacer quedar mal a su papá, cuando lo hace muy bien su papá la felicita y la mirada de la niña brilla, sus ojos se ríen y todos están contentos.

La ausencia materna es un tema del cual prefiere no dar detalles, Reinaldo sabe que está dando todo de sí para que sus hijas tengan un mejor futuro que el de él.

Cuando las oportunidades de acceder a algún apoyo se cierran porque es hombre…

En los últimos diez años los programas y créditos que ofrecen los gobiernos se han enfocado en el sector de las madres solteras, excluyendo a papás como Reinaldo porque es hombre “y los hombres no se encargan de los hijos”; esa es la única queja que tiene este papá soltero, que siente que a veces no puede más porque el cansancio o las responsabilidades lo rebasan sobre todo cuando el dinero no alcanza para gastos extras que no sean comida y escuela.

“Cada vez que me voy a descansar le doy gracias a Dios porque no estoy solo, porque tengo dos hijas que me acompañan, que son mi motivación para seguir adelante aunque esté cansado, con sueño o hasta cierto modo desesperado por el estrés pero después de sentir eso en contra me pongo a pensar que estaría yo peor que estuviera solo, es lo que me levanta, cuando me siento caído me acuerdo de ellas”.

Lo que a Reinaldo le gustaría es poder acceder a un programa o crédito que le ayude a poner un negocio, un local o un puesto en el mercado en donde pueda vender alfalfa u otra cosa para seguir teniendo tiempo para sus hijas.



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