El Regional

Local

| Monseñor Ramón Castro Castro
2017-06-19

XI  DOMINGO.                    INTRODUCCIÓN. Las lecturas de este domingo nos muestran "la compasión de Dios". Jesús se compadecía de las gentes porque "estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor". Comparando la situación que Jesús contemplaba con la nuestra, nos damos cuenta de las diferencias, pero también de las semejanzas entre ambas circunstancias a pesar del paso de los siglos. Hoy también nos encontramos cansados, muchas personas en nuestro mundo no son felices, aunque no les falte nada de lo material. Van a la deriva, sin saber el camino, "extenuadas" y sedientas de felicidad. 

1.- JESÚS COMPASIVO Y MISERICORDIOSOProbablemente este es el rasgo más característico de Jesús de Nazaret. Jesús se compadecía de todas las personas que sufrían, fueran de la condición social que fueran. No se compadecía de los ricos por el simple hecho de que fueran ricos, ni de los pobres por el simple hecho de que fueran pobres. Se compadecía de aquellos ricos que se hacían esclavos de sus riquezas y, confiando en sí mismos, se olvidaban de Dios; llamaba bienaventurados a aquellos pobres a los que su pobreza les había ayudado a poner en Dios toda su esperanza. Jesús se compadecía de todas aquellas personas que vivían extraviadas, que, por ambición u orgullo, esclavizaban a los demás, y a las que eran soberbias, o hipócritas, o despreciadoras de los pobres; sabía que en el pecado llevaban necesariamente su penitencia.                                   Llamaba bienaventurados a aquellos enfermos y pecadores que acudían a él con el corazón humilde y lleno de esperanza. En el evangelio de hoy se nos dice que Jesús se compadecía de aquellas personas que sufrían porque caminaban sin rumbo por la vida, infelices, extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.          Nuestra sociedad actual está llena de esa clase de personas. Jesús de Nazaret sabía que la verdadera felicidad está dentro del alma, que la pueden tener los ricos y los pobres, pero que para conseguirla es necesario fiarse de Dios, dejarse guiar y conducir por él. Dios dice a los ricos que pueden ser felices si ponen sus riquezas al servicio de Dios y del hermano, y dice a los pobres que la pobreza puede hacerlos bienaventurados si les ayuda a confiar en Dios y a poner en él su esperanza. Esto es lo que anunciaba él cuando predicaba el evangelio del Reino, esto es lo que quería que hicieran sus discípulos, cuando les mandaba a trabajar en la viña del Señor. Es el evangelio de las bienaventuranzas, el evangelio que promete el Reino de los cielos a todas las personas que se fían de Dios y saben compadecerse de los que sufren injustamente, a los mansos, a los limpios de corazón, a los que luchan por la justicia.

2.- JESÚS NOS NECESITA A TODOS.   Jesús llama a personas de toda condición. Con la vocación de Mateo se completa la lista de los “Doce”. En ella hay hombres de toda condición: pescadores, recaudadores de impuestos, zelotes…. Jesús no hace distinción. Todos somos invitados a seguirle, no hace falta ser superhombres, basta con poner nuestra confianza en El y con estar dispuestos a entrar en su vida y asumir su proyecto evangélico. El origen de las personas elegidas desconcierta, pero es un signo de lo que significa el anuncio de la Buena Noticia, que va dirigido en primer lugar a los pobres, a los sencillos. En El, en expresión de San Agustín, "pueden anidar todos los pájaros los grandes y los pequeños". Su llamada se extiende a todos. ¿Has escuchado tú la llamada de Jesús? Te llama Jesús, el verdadero “Apóstol”, el “Enviado” del Padre. Pronuncia tu nombre y te dice: ¡Ven y Sígueme!

Hay una urgencia en la misión que Jesús les encomienda a los Apóstoles: proclamar que el Reino de los Cielos está aquí. Para que el Reino sea ya una realidad deben curar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos y arrojar demonios. Curar enfermos, es decir, liberar a las personas de todo lo que las paraliza, les roba vida y hace sufrir; sanar el espíritu y el cuerpo de todos los que se sienten destruidos por el dolor y angustiados por la dureza despiadada de la vida diaria. Resucitar muertos, es decir, liberar a las personas de todo aquello que bloquea sus vidas y mata su esperanza; despertar de nuevo el amor a la vida, la confianza en Dios, la voluntad de lucha… Limpiar leprosos, es decir, limpiar esta sociedad de tanta mentira, hipocresía, convencionalismo y corrupción; ayudar a vivir con más verdad, sencillez y honradez. Arrojar demonios, es decir, liberar a las personas de tantos ídolos que nos esclavizan, poseen y pervierten nuestra convivencia Es precisamente la instauración del reino lo que dará origen al hombre nuevo, transformado, convertido. El texto dice "Reino de los Cielos", pero esto no quiere decir que se trate de algo que está después o por encima de este mundo. El reino comienza ya aquí y ahora y necesita de colaboradores que hagan posible su extensión como grano de mostaza. ¿Qué es el Reino? Es una nueva forma de vida basada en el amor. Hasta diez parábolas utilizará Jesús para explicarlo. Lo que está claro es que para que el Reino sea posible son necesarias nuevas actitudes y nuevos valores. ¿Hemos tomado conciencia de tu compromiso por el Reino? 

3.- ¿QUÉ HACES POR DIOS? El día en que fuimos bautizados, pasamos a formar parte de esa gran cadena de seguidores de Jesús. Miembros de su Iglesia. Herederos de aquella misma suerte que, Jesús, al resucitar nos alcanzó o conquistó: la resurrección.                              Y ¿mientras tanto? Mientras tanto, sabedores de que hay una gran parte del mundo que desconoce a Jesús, hemos de intentar que, los hombres y mujeres que lo habitan, les toque la misma lotería que a nosotros: Dios se hizo hombre, nació niño, y –en una cruz- murió por la salvación de todos.                 ¿Qué ocurre? Que esta gran noticia, con demasiada frecuencia, la dejamos –casi exclusivamente- en manos de los “principales” agentes de evangelización: Papa, obispos, sacerdotes…y ¡como mucho catequistas y algunos movimientos más comprometidos! ¿Y los demás? ¿Qué hacemos los demás para que, el nombre de Jesús, su vida y sus misterios, su evangelio, y su reino, sea pregonado, acogido y vivido? No podemos quedarnos de brazos cruzados.                        ¿Qué haces tú por Dios? ¿Eres de aquellos que dices “no hago mal a nadie” pero a continuación no mueves un dedo por hacer un gran bien? (Como puede ser proclamar y vivir con todas consecuencias tu testimonio cristiano)                  Uno, cuando entabla amistad con un amigo, hace lo posible para que, ese amigo, no sólo sea respetado sino, además, conocido e, incluso, presentado como orgullo o referencia en el vivir o disfrutar.

A MODO DE CONCLUSIÓN. Nosotros hemos conocido a Jesús. Hemos puesto en El nuestros ideales. Hemos conocido, en la gran pantalla de su servicio, muerte, cruz y resurrección, el amor que Dios nos tiene. ¿Qué falta entonces? Ni más ni menos que el mojarnos, empujados por el Espíritu Santo, en esa gran tarea: que Jesús sea conocido, amado y digno de ser seguido. Y es que, en ese salón llamado de la “Nueva Evangelización”, amigos, todos tenemos un asiento que ocupar. Y no precisamente para contemplar una película sino, y es bueno recordarlo, para sentirnos llamados a prolongar la misión de Jesús en la tierra.   ¡ANIMO!



2017 El regional del sur. Derechos reservados. Aviso legal | Marcas registradas | Privacidad


Volver Arriba