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Redacción | Monseñor Ramón Castro Castro
2017-03-13

DOMINGO II DE CUARESMA

INTRODUCCIÓN. Durante los primeros quinientos años de la vida de la Iglesia se llevaban a cabo, en este domingo, las ordenaciones sacerdotales. A eso corresponden las lecturas de este domingo. Tienen menos que ver, pues, esas tres lecturas con el espíritu litúrgico del tiempo cuaresmal.                  En la primera lectura, del libro del Génesis, se nos presenta la llamada dirigida a quien se iba a dedicar, de por vida, a desinstalarse continuamente para dedicar su vida entera, minuto a minuto, a servir a Dios en el prójimo: Sal de tu casa, de tu tierra y de entre tus parientes.Toda vocación empieza por una llamada que nos saca de nuestra casa y de nuestras “casillas”. Y puede tener formas diversas, pero siempre es una llamada a cortar con “algo” o con “alguien”, a ponerse en camino, a superarse, trascenderse y transfigurarse.Abrahán, nuestro padre en la fe, es el prototipo de esta llamada a la desinstalación para la disponibilidad continua. Se trataba, para el ordenado como sacerdote, de mantenerse en total disponibilidad para ir donde y cuando más conviniera para la predicación del Reino de Dios.                                               En el evangelio tenemos la versión de Mateo del suceso teológico que conocemos como "la transfiguración". Como en un "preestreno", la gloria del Hijo del hombre es vista por los tres apóstoles que estaban considerados como las tres columnas esenciales de la Iglesia primitiva. Como Pedro, Santiago, y Juan, como las columnas de la comunidad, el recién ordenado, venía a decir la Iglesia primera, ha sido escogido de entre todos los seguidores de Jesús para contemplar de cerca su divinidad y dar testimonio de ella ante todos los demás. 

1.- EL RESPLANDOR DEL SEÑOR.   Todo en principio es difícil. Todo tiene un tiempo de gestación dolorosa.  Los estudios, un nuevo trabajo, los comienzos de un negocio hasta que se encarrila, cuesta y duele. Todo lo que es éxito y vida nace de una mezcla de dolor y muerte. Hasta la boda de dos jóvenes llenos de ilusión conlleva la separación de los padres, la acomodación a una nueva vida compartida que no es fácil. El nacimiento de una maravilla de niño es precedido de nueve meses de molestia de la madre.La misma naturaleza irracional se desarrolla por caminos de muerte a vida. La flor vestida de colores exige la muerte de la semilla. ¿Y os habéis imaginado alguna vez los dolores de parto de la tierra hasta formar los valles y montes del Guadarrama, de Gredos y de los Pirineos?                         No son más fáciles los caminos de Dios. Cuando el Señor quiere hacer de Abrahán un gran pueblo lo primero que le dice es “sal, arráncate de la casa de tu padre y de tu patria. Un arrancón doloroso fue el comienzo de su grandeza como pueblo elegido de Dios.           Y Jesús que días antes de la Transfiguración les ha anunciado a sus discípulos el mismo principio de muerte y vida, diciéndoles que Él mismo llegará a la Resurrección a través de la pasión y muerte, se ve en la precisión de desvelar un poco, ente los discípulos, cuál será su final glorioso.            El monte, la nube, el resplandor, la voz, todo son símbolos veterotestamentarios de la presencia del Dios veraz que viene a confirmar la veracidad de la afirmación de Jesús, que por su muerte llegará a la resurrección y a la vida. Un principio difícil y un fin glorioso.               Y los apóstoles, muy humanos, como nosotros, que prefieren el éxito, la gloria, el final del camino sin andar el camino, responden por boca de Padre: “Qué bien se está aquí, hagamos tres tiendas...” Quedémonos en lo alto del monte, para que bajar a continuar el camino difícil. Quedémonos quietos aquí…

Sin darse cuenta de que sin hacer el camino no hay final del camino. El que se queda quieto no llega a la vida, el que se queda parado paraliza sus miembros, entorpece su cuerpo y en lugar de llegar a la vida se atrae a la muerte.Hasta los terroristas saben esto y utilizan la teoría de la bicicleta. Promueven atentados sin sentido para mantener a su gente en acción, porque el que no pedalea se cae de la bicicleta.                                     Y mientras nosotros decimos: “quedémonos aquí porque aquí se está muy bien”, el Señor le dice a Abrahán “sal de la casa de tu padre y de tu patria, desestabiliza tu vida y yo te bendeciré. Y a los apóstoles les dice “Levantaos, bajemos del monte, porque soy yo el se encuentra a gusto en el ruido de la calle, en los hogares de los hombres, en tu casa.                   Y quizás es por esto por lo que queremos hacerle tres tiendas al Señor en el Monte, porque nos da miedo tenerle más cerca y menos en mi casa.                  Nos da miedo que el resplandor del Señor en nuestra casa nos haga a nosotros mismos ver demasiado claro, que el tenor de nuestra vida no es conforme a sus enseñanzas.

2.- ¿DÓNDE ESTÁ NUESTRO TABOR? Los apóstoles se sabían su catecismo de memoria, pero necesitaron una “revelación” para entender de verdad todo lo Dios que era Jesús. ¿No nos pasa lo mismo a nosotros? Pero, ¿dónde esta nuestro Tabor? Miramos a los montes y no vemos luz alguna. ¿Dónde está el lugar de la dicha y la gloria? Lo que más impresiona no es la luz, sino la oscuridad y los agujeros negros insaciables.                          Estamos invitados a mirar hacia dentro, al “hombre interior”. Y allí, desde el silencio, podremos escuchar la voz del Espíritu que se nos ha dado. Es una voz intensa que habla del Padre y que llena de esperanza. No estamos solos. Todo el misterio de Dios nos habita. 

¿Nos hemos dado cuenta de que, por la fe, tenemos que aprender a descubrir en ese carpintero, en ese niño pobre, en esa mujer embarazada, al Hijo de Dios que hay en él? Quizá cuando lo descubramos ya sea demasiado tarde y tengamos que oír, lo de "yo tuve hambre y tú no me diste de comer." ¿Hemos entendido, en nuestra Iglesia, el sentido que tiene el que todos los llamados por Dios lo son a servir a los demás? ¿Es nuestra vida, y nuestras palabras, un buen testimonio de la divinidad de Jesucristo? ¿Hay alguien que se haya sentido animado a creer, a esperar y a amar, gracias a nuestra vida y palabras? 

3.- LA META ES LA LUZ. La Transfiguración contrasta con la humildad habitual en la vida de Jesús. Es un hombre del pueblo que se acerca a los enfermos, a los pecadores a los marginados de entonces para darles consuelo y paz. Y un día en lo alto de un monte muestra la Gloria a sus discípulos. Quiere decir, entonces, que esa felicidad es también ineludible, que mensaje no es solo de humildad, sufrimiento y dificultades. La meta está junto a esa luz que blanqueaba los vestidos.                  Todo parece indicar que los Apóstoles no se enteraban ni "j". Tuvo que llegar la Resurrección del Señor y la venida del Espíritu Santo para que se dieran cuenta de quien habían tenido al lado. Fue el "refuerzo" para que ellos asumieran mejor los tiempos duros de la Pasión. Aparentemente, no sirvió de mucho y en esos citados días difíciles los Apóstoles huyeron y dejaron a Jesús completamente solo. Pero su misión no comenzaba entonces, se iniciaba tras la Resurrección y Ascensión del Señor y sería, entonces, cuando todos los signos realizados por Jesús darían su fruto. Ocurre algo parecido con nosotros, así como con la mayoría de los creyentes. hay situaciones incompresibles que toman su exacto significado después, cuando posterior un hecho nos las aclara.

A MODO DE CONCLUSIÓN. Jesús no subió al solo al Tabor. Le acompañan Pedro, Juan y Santiago, los mismos que están con El en la agonía de Getsemaní. Es una premonición de que sólo aceptando la humillación de la cruz se puede llegar a la glorificación. En las dos ocasiones los apóstoles están “se caían de sueño”. El sueño es signo de nuestra pobre condición humana, aferrada a las cosas terrenas, e incapaz de ver nuestra condición gloriosa. No estemos ciegos ante la grandeza y bondad de Dios, démonos cuenta de la inmensidad de su amor. Despertemos despertar para poder ver la gloria de Dios.

¡Ánimo!



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