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Redacción |
2016-12-19

DOMINGO IV DE ADVIENTO

 

INTRODUCCION. Con este domingo se cierra el ciclo litúrgico de Adviento. Tiempo que la Iglesia nos pone para despertar en nosotros, todos los años, nuestro deseo de la segunda "venida" del Señor, de la llegada de la plenitud del Reino de Dios.

El que en Jesús se cumpla, según el evangelio de Mateo de esta celebración dominical, lo que Isaías anunciaba muchos siglos antes, es lo que ha llevado a la primera lectura ese trozo del profeta. Aquí se recoge un anuncio que es “anunciación”, una señal salvadora escogida por Dios mismo. El gran anuncio que se dijo ocho siglos antes de Cristo tuvo una realización sorprendente. “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo... Dios-con-nosotros”. No podía sospechar Isaías cuánta verdad encerraban sus palabras.

Así son las señales de Dios: Sencillas, vivas, palpitantes. No son grandiosas, asombrosas. Dios nos ofrece como señal una joven embarazada y después un niño en la cuna.

La Navidad es, cada año, una forma de recordarnos estas verdades de nuestra fe. ¿A qué le damos nosotros importancia en diciembre? ¿A los adornos convencionales de la época? ¿A los convencionalismos comerciales que nos ha impuesto la sociedad de consumo? ¿A los regalos de valor económico?, ¿o a Cristo? ¿Si Cristo se presentara repentinamente en nuestra casa en estas fechas, nos reconocería como a aquellos que han cambiado su vida gracias a El, inspirados por El?

1.- LA CERCANÍA DE NUESTRO DIOS.   La liturgia de hoy nos habla de la cercanía de nuestro Dios, prometida ya en Isaías y anunciada por el ángel a José. Le pondrá por nombre Jesús, para que se cumpla la profecía de que le llamarán Dios con nosotros. Nadie tiene a su Dios tan cercano como nosotros. Dios con nosotros, tan con nosotros que se hace hombre, hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carene. Hermano nuestro. Pondrá su tienda de campaña entre las nuestras. Se hace nuestro vecino.

--Dios se hace hombre. Si Dios se hace hombre, ser hombre es la cosa más grande que se puede ser.

--Dios con nosotros, Dios uno de nosotros.

Pero a nuestro Dios eso aún le parece poco, y ese Dios con nosotros y se hace Dios en nosotros. Vendremos a él y haremos en él nuestra morada. No es ya nuestro vecino, es algo totalmente nuestro, mío, mi propia vida, por la comunicación de su Espíritu, que es la vida de Dios.             Dios y yo vivimos de una misma vida, eso que llamamos gracia, Espíritu Santo, eso que nos hace dignos del título de Hijos de Dios, no por un título notarial, no por una piadosa consideración sino por esa maravillosa realidad de que es una la vida de Dios y la nuestra. “nos llamamos hijos de Dios y en la realidad lo somos.

Dios con nosotros, Dios en nosotros, con una consecuencia que si todos vivimos una misma vida de Dios, todos estamos unidos con un lazo íntimo, profundísimo de ser todos uno en Dios, hermanos y más que hermanos por vivir una misma vida. Y por eso ese hijo de Dios, que es Dios con nosotros, da un salto en su enseñanza y nos va a decir categóricamente “Dios en ti y Dios en todos los que te rodean”.

--El que recibe a uno de estos pequeños a mi recibe

--Lo que hicieron a uno de estos mis humildes hermanos a mi me lo hicieron.

 

--¿Cerca de ti vive una persona sola, sin familia, sin amigos? Dios está en él y te espera.

--¿Conoces una familia pobre que va a pasar hambre esta Navidad? También allí está Dios sentado esperando tu ayuda.

--¿Sabes de una persona desesperada para la que la alegría de la Navidad es un insulto? ¿Dios en el espera tus palabras de ayuda y de consuelo?

**Jesús es el hambriento que debe ser saciado; es el desnudo que debe ser vestido;es el enfermo que debe ser asistido;es el hombre despreciado, que debe ser acogido; es el anciano, que requiere nuestros oídos.

 

2.- Y CON MARIA…LA ESPERANZA SE HIZO NIÑO.María emerge como la gran figura de esta liturgia dominical. No podía faltar, María Madre de Dios, como aquella que nos trae al Salvador en este tiempo de adviento que es periodo de espera y de esperanza.Y, con María, llegó la expectación. ¡Todo está a punto de cumplirse! El “sí” de aquella mañana en Nazaret, nos traerá en las próximas horas al Dios con nosotros. Creyó, esperó y se brindó a todo lo que Dios le pidió. ¿Se puede aguardar más de una mujer que fue un cheque en blanco para el Señor?           María, la mujer que se vació totalmente para Dios, está llena a rebosar del Espíritu. Colmada de las promesas que nuestros antiguos confiaban en ver. Seremos nosotros los que en el día de Navidad, contemplemos cara a cara lo que ha germinado en el interior de una Virgen.

A Ella, y no lo olvidemos, le debemos la primera Navidad. ¿Cómo celebrar cristianamente estos próximos días? ¿En dónde poner el acento? ¿Cómo conseguir que Dios siga naciendo en nosotros?                 No lo dudemos, en María, tenemos la respuesta. Sus actitudes, su forma de ser, su personalidad y su figura, nos dan el tono para desarrollar la melodía que a Dios más le gusta.                         No lo dudemos, en María, se dan una serie de virtudes y de gracias que, al imitarlas, a la fuerza damos con el secreto y en el clavo para complacer a Dios y para hacer el Evangelio realidad.

¡Sí! Con María llegó la esperanza. No podemos dejar de lado a ninguna de las dos: ni a Maria, porque es fuente de esperanza, ni a la esperanza, porque es la mejor radiografía de una mujer que amó en su corazón y con locura a Dios, mucho antes que recibirlo en sus propias entrañas.

¡Qué gran pórtico el de la Navidad! ¡María Virgen! Celebremos con gozo santo estos próximos días. Dejémonos guiar por esta estrella que ilumina los senderos que conducen a Belén. Miremos a esta mujer que, siendo pequeña, es grande y confidente en cuanto que nos enseña a renovar nuestras personas para que Dios pueda también en nosotros nacer.

 

3.-"VIR JUSTUS", UN HOMBRE CABAL.-"La Madre de Jesús estaba desposada con José..." (Mt 1, 18) Este pasaje ha sido llamado la anunciación de san José. Como a la Virgen, también un ángel llega hasta él de parte de Dios, para anunciarle el nacimiento milagroso del Hijo del Altísimo, que será el Emmanuel, Dios-con-nosotros. Con este mensaje se disiparon los temores del esposo de María, que conoció entonces el acontecimiento grandioso de la Encarnación y que aceptó rendido, con una aceptación parecida a la que formuló la Virgen con su "fiat". Desde ese momento san José pasa a ser una figura de primera magnitud en la Historia de la salvación.

 

En efecto, a pesar de que aparece pocas veces en los relatos evangélicos, la índole de su misión es de una importancia peculiar. La Iglesia ha visto en él un santo de una categoría parangonadle sólo a la de su castísima esposa. Desde muy antiguo, el pueblo de Dios ha mirado con particular veneración y cariño al humilde carpintero de Nazaret. En él han encontrado los hombres lecciones fundamentales para la perfección, un ejemplo amable y sencillo que invita a volar hacia las más altas cimas de la vida interior.

En estos días, tan cercanos a la Navidad, bien podemos dirigir nuestra atención hacia el que fue padre adoptivo de Jesús, aprender algo de lo mucho que nos puede enseñar. Una primera lección que se desprende de su vida es la de su trato íntimo y familiar con el Señor, aquel Niño que crecía ante sus ojos y al que enseñaba su propio oficio y quería con todas sus fuerzas. Quizá por esto ha sido considerado san José como maestro de oración. Él por propia experiencia, nos puede enseñar, si acudimos a su protección, a tratar de cerca a Jesucristo, a quererle con ternura y profundidad, a servirle en silencio y con generosidad.Servir en silencio, pasar desapercibido, vivir siempre en actitud de sincera humildad. Es ésta, sin duda, una lección fundamental. Tan importante que si no se aprende, y se vive, de nada sirve todo lo demás. Recordemos que a los humildes los acoge y exalta el Señor, mientras que a los soberbios y orgullosos los rechaza.

Otra faceta de la vida del patriarca es la reciedumbre. Él supo crecerse ante las dificultades y contratiempos que fueron surgiendo en los días azarosos del nacimiento. Él logró encontrar un lugar abrigado para la Virgen y el Niño. Él ejecutó con fidelidad las órdenes que le iba dando el Señor por medio de su ángel, libró a la sagrada Familia de tantos peligros como tuvieron que correr. Acompañó y consoló a María por la pena de haber perdido al Niño. Ni una palabra de queja se escapa de sus labios. Acepta y hace en cada momento lo que tenía que hacer

 

A MODO DE CONCLUSIÓN.Que las estrellas lucientes en el firmamento de nuestra fe,  como son María y José nos ayuden a prepararnos estos últimos días que nos separan de la Navidad.                                      ¡Ánimo!

 

 



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