El Regional

Opinión

| Sergio Dorado
2018-09-13

Entre más uno como ciudadano normal intenta comprender el circo que los nuevos diputados han armado en el Congreso, a escasos días de asumir su función, menos se les entiende. Pero bueno, a los políticos hay que comprenderlos desde la bolsa de sus intereses personales o de grupo, no como auténticos entes preocupados por la sociedad, a la que gracias a Graco Ramírez -mientras dizque los representantes populares se arrancan las greñas-, ha dejado hecha una piltrafa de Estado a Morelos.

Y no se les entiende porque… ¿qué está tratando de lograr el PES con proceder tan excéntrico? ¿Por qué ese paladar de poder en las entrañas del Congreso? ¿Es dinero lo que mueve la casa parlamentaria o simplemente es ineficacia? En el fondo puede entenderse como una rebelión contra López Obrador. Esto porque no parece ser grandiosa idea preocuparse por un partido pinchurriento que para que se levante de la lona está en chino. Y por otro lado, pelearse con el presidente de México desde antes que empiece el partido, es más que tonto. ¿Entonces qué busca Cuauhtémoc? ¿O por qué tan profundo amor por el PES? ¿Qué tiene de maravilloso un partido creado por Miguel Ángel Osorio Chong como para no predecir su ideología?

Señores, lo que los morelense añoramos es un estado donde vivamos en paz y tan felices como solíamos serlo. Queremos caminar las calles sin la incertidumbre de la seguridad, con empleo remunerado dignamente, con obra pública socialmente útil y no un superfluo estadio de fútbol. Lo que la sociedad demanda entonces de ustedes, señores diputados, es hacer leyes claras contra la corrupción y la impunidad, que es lo que prometió Morena. 

También hay acciones del Temo incomprensibles, y esto pone a los morelenses el asunto más serio. Porque si el Ejecutivo y el Legislativo no trabajan juntos, desde ahorita el sexenio ya valió queso. Y si se va uno hacia arriba, la actitud soberbia de la cultura política de los regímenes que precedieron ha sido heredada por la Legislatura LIV. Apenas tomaron la curul, se subieron en el tabique. No nos interesa que Sanz esté ofendido porque Yeidckol Polevnsky le llamó “españolete”, señores. O que Cuauhtémoc corra con el amigo Arturo Olivares Brito, titular de Derechos Humanos de Morelos, y levante una demanda contra la presidenta nacional de Morena por lengua larga. No queremos chismes de lavandería. Lo único que queremos los morelenses es que trabajen para nosotros. ¿Es eso mucho pedir?

 

 



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