El Regional

Opinión

Carlos Gallardo |
2018-09-11

A nivel nacional, el Partido Encuentro Social (PES) perdió su registro, lo que evidencia que los ciudadanos supieron distinguir en la pasada jornada electoral hacía dónde orientar su voto si lo hicieron por la Coalición “Juntos haremos historia”, integrada por Morena, por el PT y por el PES. En las boletas claramente se comprobó que la inmensa mayoría de los sufragios fueron favorables para Morena, incluido lo que sucedió en el estado de Morelos.

Si no estoy errado, Cuauhtémoc Blanco obtuvo un porcentaje de votos altísimo por parte de los ciudadanos simpatizantes de Morena y muy bajo de los simpatizantes del PES. Y conste que el ahora gobernador electo ostentó en toda la campaña su pertenencia el PES, inducido seguramente por su asesor de cabecera, José Manuel Sanz.

Aun así, ni con su innegable popularidad, Blanco Bravo tuvo la capacidad de convocatoria, de convencimiento, para que el espectro de la votación obtenida fuese de otro modo. Era entendible. Dígase lo que se diga del arrastre del ex futbolista, lo cierto es que la gente en nuestro estado asoció la figura de López Obrador con Morena y con eso arrasó en los comicios. Luego entonces, Cuauhtémoc es gobernador electo gracias al partido fundado por El Peje.

Quedará en el campo de la especulación, si Blanco Bravo hubiese salido triunfante jugando sus cartas solo, como candidato del Partido Encuentro Social, sin participar en coalición alguna. Para el ex futbolista y su “guía moral”, parece que todo lo anterior pasa inadvertido y concluyen que si ya está donde quería estar para vengarse de Graco Ramírez, el mérito es de él, nada más de él y solamente de él. De manera que bien pudiera deshacerse del partido político que quiera o de someterlo a su capricho.

Quedarse por el momento con el PES no es porque suponga que ese partido tiene verdaderamente un influyente peso específico en el ánimo ciudadano. No, el PES como organismo partidista en Morelos no pinta, aunque José Manuel Sanz se desempeñe también como su dirigente estatal. Debe considerársele, como pululan por allí otros, un partido morralla. No da para pesos completos. En tal virtud, el PES depende más de Cuauhtémoc, que Cuauhtémoc del PES.

Morena y sus dirigentes en la entidad, por el contrario, serían o son un hueso muy duro de roer para Cuauhtémoc. Ya porque se experimentan los principales beneficiarios del poder recién adquirido o, por el otro lado, porque se topan con quienes de morenos no tienen nada. Por eso son del PES. Seguramente lo advirtió oportunamente José Manuel Sanz y en su condición de cancerbero de los intereses de Blanco Bravo y de los propios, intentó desde la campaña mantener una ¿sana? distancia con ellos, que ha sido calificada con cierta frecuencia como choque de fuerzas y de intereses.

Con las recientes declaraciones de la dirigente nacional de Morena, Yeidckol Polenvnsky, no hay duda que las cosas andan mal. “Muy molesta” cuestionó a Cuauhtémoc y “al español” que lo asesora. No va cumplir con los acuerdos, interpreto que eso quiso decir.  Y pienso que no lo va a hacer. El gobernador electo va a jugar su juego como dios la dé a entender, con los consejos instrucciones de ya sabemos quién. Las reglas las va a imponer él, supongo. No los dirigentes de Morena, así manifieste su respeto por López Obrador.

Cuauhtémoc, pienso, mantiene su percepción de que los partidos sólo sirven para contender electoralmente. Y como ha ganado, interpreta que los resultados son producto de su popularidad, que no capacidad gobernante. Si Morena le estorba, porque lo demuestra con sus hechos, pues hay que hacerlo a un lado. Y como el PES y sus dirigentes están incondicionalmente a sus servicios y órdenes mandonas, pues entonces sigue “militando” allí. El día que el partidito de ultraderecha ya no le convenga, seguramente lo va a desechar. Más le vale al PES estar muy bien alineado. En las próximas elecciones intermedias perdería con toda probabilidad su registro en Morelos.

·         De refilón

En pocos días los diputados de Morena ya han dado de qué hablar. Lo primero que se ve en ellos es su espíritu levantisco. Primero el protagónico diputado José Casas González, al que recordamos muy activo en su compaña profesando su compromiso a los colores de Morena, protestó por la presunta imposición de Javier García como coordinador de su grupo parlamentario, y luego exigió la renuncia del dirigente estatal Gerardo Albarán. Su descontento orilló a suponer que ya estaba en la bancada del Partido del Trabajo.

Otro asunto es del oscuro diputado Andrés Duque Tinoco, quien antes incluso de rendir protesta, sin más renunció a Morena, siglas por las que los ciudadanos de su distrito lo eligieron, para pasarse por sus pistolas —la ley se lo permite, hay que decirlo, aunque no parezca ético— al PES.

Súmese a lo anterior que, por alguna circunstancia fuera de lógica, a Morena, grupo parlamentario mayoritario en la LIV legislatura, no le fue asignada la Junta Política, ni la Mesa Directiva. La primera le correspondió para el primer año de gestión a la zorruna diputada Tania Valentina, y la segunda al también oscuro diputado del PES, Alfonso de Jesús Sotelo.

Se ve, a leguas, que Morena necesita reorientarse y revitalizarse.

E mail: profechon@hotmail.com

 

 

 



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