El Regional

Opinión

Carlos Gallardo |
2018-08-17

En Morelos, PRD, PAN y PRI han tenido sus momentos de gloria, de resultados exitosos; de idilio, cuando menos durante los procesos electorales, con la mayoría de los ciudadanos. Por ello han sido gobierno, aunque a veces se haya sospechado de la comisión de fraudes para detentar el poder. Juego percudido que, si lo practicaron, no siempre les aseguró el triunfo, como en esta reciente ocasión en que Rodrigo Gayosso hizo lo corruptamente posible y un mucho más, para hacerse de la silla principal de Palacio de Gobierno.

Ante sus fracasos electorales, por lo general los dirigentes de los partidos políticos encuentran, recurrentemente, argumentos para analizar su situación, sin necesidad de aceptar la responsabilidad de sus crisis internas.

Hasta que llegaron los comicios del pasado julio uno. Fue tan contundente la derrota, que ya no tuvieron otra alternativa que aceptar yerros, disputas e inconsistencias entre sí mismos. Ni siquiera es creíble aquello del “factor” López Obrador, porque a lo que me estoy refiriendo es al agrietamiento de sus propias estructuras.

¿Cómo le van a hacer para recomponerse? Convertidos en minorías, lo que significa para ellos una reducción enorme de posiciones como funcionarios públicos o como representantes populares, muchos podrían estar olfateando el queso como dirigentes de sus partidos o integrantes de sus respectivos comités directivos. Para no quedar totalmente fuera de la jugada. Por lo pronto no podrán hacer efectiva esa cínica premisa de que vivir fuera del presupuesto es vivir en el error.

 Si la lucha que emprendan es de rapiña, estarían cavando más honda su tumba como organismos políticos “rentables”; si dejan las cosas como están o disimulan que van a renovarse, pero acuden a las mismas argucias y pronuncian los mismos discursos o simulan que cambian para quedar igual, se estarían haciendo como el tío Lolo.

Por lo pronto, en Morelos, no hay señales de recomposición efectiva. A lo mejor es muy pronto y todavía andan aturdidos después del nocaut efectivo que les aplicó Morena. En tanto se recuperan, caminan ahora con las mismas yuntas.

La opacidad de Matías Quiroz Medina en la presidencia del PRD, el nuevo abordaje de Alberto Martínez González en la presidencia del PRI, luego de ser defenestrado por un arrebato etílico, y la actitud de avestruz del presidente del PAN, Juan Carlos Martínez Terrazas, sólo son indicadores desalentadores para sus agremiados, pues en verdad no tienen finta de líderes que pudieran convocar con entusiasmo y convencimiento a la recomposición que aludo.

Ninguno de ellos tres ha demostrado el carisma para entusiasmar. Parecen más burócratas con responsabilidades directivas, tal vez controladores de una estructura tambaleante, que dirigentes dispuestos a convencer con empeño y vocación de que su respectivo partido puede seguir siendo una alternativa real para convertirse en gobierno.

En particular, considero que el PRD es el partido más dañado por las incongruencias de autoridades o representantes populares emanados de esas filas. Para muchos mexicanos que habían esperado un cambio en la vida política, económica y social del país, defraudados por las experiencias longevas e inmorales del PRI y del PAN, el Partido del Sol Azteca apareció en el firmamento electoral como una esperanza. En nuestro estado invariablemente se esperaba que la izquierda llagase al poder. Las luchas emancipadoras en las que habían participado, parecía que eran la carta de presentación para confiar definitivamente en ellos. Y se confío. Graco Ramírez asumió la gubernatura entre granes expectativas. Pero nada sucedió.

Hoy es el sepulturero del PRD. Muy pocas veces he atestiguado desde la trinchera periodística, la metamorfosis kafkiana de hombres y mujeres que por fin podían conducir los destinos de Morelos con renovada mística, en bichos de la política empeñados en depredar lo que encuentren a su paso, vocación que siguen teniendo con todas las componendas, impunidades y cinismo que parece les acompañarán hasta el término de su gestión.

¿Dónde quedaron esos pujantes militantes de izquierda que hoy no vemos? ¿En qué momento los mercenarios desplazaron a la gente de bien y se hicieron del partido negriamarillo para convertirlo en cueva de Ali babá? Qué lástima.

·         De refilón

¿Morena y sus dirigentes en la entidad saben que los morelenses están hartos de lo mismo? Más vale que lo sepan. De otro modo su paso por la cima pública y política de Morelos podría ser flor de un día. O flor de un sexenio.

profechon@hotmail.com

 



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