El Regional

Opinión

| J. Enrique Álvarez
2018-08-11

Si bien, ciertamente, se han promovido políticas de atención compensatoria (becas, despensas, estímulos diversos, caridad pública y privada), así como también se han instrumentado acciones legislativas y jurídicas que favorezcan la participación en la dinámica social de tales sectores de población, no se ha logrado, pese a ello, que estos derechos o su ejercicio sean exigibles jurídicamente, ni se ha asegurado el ejercicio pleno de los derechos políticos y sociales (elegibilidad para gobernar y legislar, elegibilidad para juzgar jurídica y judicialmente, testar, heredar o decidir el curso de su propia existencia, etc.), de modo que propicien una gobernabilidad democrática, participativa, plural e incluyente.

Ya no miremos únicamente esos ámbitos de la vida ciudadana y dirijamos nuestra atención hacia las cuestiones más elementales de la vida en sociedad; el derecho a la salud, a la educación, al desarrollo pleno de sus facultades y aspiraciones, al ejercicio de su vida sexual libre y plena, derecho al trabajo, etc., y nos percataremos del hecho de que estos mismos le son negados en la práctica y en la vida cotidiana.

Hemos atravesado el tercer lustro del siglo XXI y, en todo el planeta, nadie pone en tela de juicio la importancia, la pertinencia y la irrenunciable determinación de instrumentar actividades, acciones y tareas orientadas hacia la definición, diseño y operación de políticas públicas tendientes a la eliminación de todas y cada una de las formas de discriminación, exclusión, segregación, estigmatización y, en un sentido extremo, la eliminación de sectores de la población por razones de género, usos y costumbres, lingüísticas, etnia de procedencia, preferencia sexual, o por presentar algún signo de discapacidad.

De la misma manera, en un sentido afirmativo o asertivo, se propugna explícitamente --a través de los acuerdos establecidos por los organismos multilaterales que los Estados-Nación se han dado a partir de la conclusión de la 2° Guerra Mundial—la búsqueda y promoción de políticas públicas orientadas hacia la inclusión de todos los seres humanos, sin distinción alguna, a los beneficios de la participación social y al ejercicio pleno de sus Derechos Humanos Fundamentales.

No sólo en el ámbito internacional se aprecia el valor de promover estas actividades; asimismo, dentro de nuestras propias naciones es cada vez más notoria la búsqueda de opciones que aseguren la efectiva consideración de estos criterios de justicia y equidad.

Estos sectores de la sociedad –pero no sólo éstos--, definidos a lo largo de la historia de diversas maneras, apenas comienzan a transitar la frontera imperceptible, la zona intertidal, el baremo de la imperceptibilidad y el de su progresiva visibilización, de modo que el trayecto del umbral de la inexistencia conduce progresivamente al de la existencia social y con derechos plenos.

Las voces de los grupos sociales invisibilizados o pretendidamente silenciados comienzan a ser escuchadas y, como un estruendo, cada vez más se perciben desde lejos.

Enrique Dussel (1964) expresaba al respecto:

«Hay muchos tipos de "silencio", es decir, hay muchos modos de permanecer "callado" (...) ¡Hay silencios y silencios! (…) Existe el silencio del ausente y desinteresado, al modo del inconsciente y despreocupado, del egoísta, o al modo del "ocioso", sabio helénico que se retira de la ciudad para alcanzar su perfección propia -sin solidaridad alguna con los "suyos"-. Es el "yo" que se aparta del "nosotros", sin saber que en verdad se aniquila a sí mismo, por cuanto el fundamento de la vida no puede ser sino la convivencia. Existe el silencio del incapaz, del impotente, del vacío, de todos aquellos que no dicen nada porque no "tienen" algo que comunicar (…) Existe el silencio del sediento y atento. Es un silencio henchido de humanidad. Es la postura esencial de la estructura contingente del hombre (…) Existe el silencio del callado e impaciente, porque teniendo algo que decir, no sabe cómo decirlo. Falta de expresión, de ocasión para comunicarse, de público para escucharlo. Pero es normal -en el caso de nuestra generación-. Todo lo nuevo, porque es germinal, no puede ser comprendido sino por el que forma parte de eso que es "nuevo" (…) (Continuará).



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