El Regional

Opinión

| Arnulfo Inesa O.
2018-08-11

El 5 de diciembre de 1992 con 19 años de edad, Cuauhtémoc soñaba salir en hombros en tierra ajena ante 32 mil espectadores, el América jugaba en León, las porras entusiastas de partidarios del León que llenaron el Nou Camp para apoyar a su equipo y el nerviosismo natural del novato lo impidieron. Fueron pocos minutos para realizar jugadas que siempre había soñado; entró en el minuto 62, recuerda que fue en lugar de Lara.

Después de su debut había noticias que lo alentaban a seguir adelante, se sobreponía al que consideraba un mal principio pero pensaba en su madre, hermanos, amigos y en sí mismo por lo que no podía defraudarlos pensando en el fracaso.

El desaliento era grande cuando su nombre no aparecía en las alineaciones, sólo escribían C. Blanco, y en las crónicas tampoco se leía, daba la impresión que nunca tocaba el balón.

Un motociclista rompió la cadena de recuerdos y una parvada de pájaros somnolientos salió volando hacia los árboles del cerro inmediato.

Cuauh sintió los abrazadores rayos del sol en su frente amplia, buscó la sombra de un árbol generoso para protegerse y seguir sumergido en sus pensamientos de nostalgia.

El futbol, amor de toda su vida, la experiencia y tenacidad que le sirvieron para alcanzar el éxito absorbían su atención; ahora sus nuevas responsabilidades brotaban involuntariamente en su mente fértil y se entusiasmaba en seguir siendo congruente para aprovechar ahora la oportunidad de hacer lo mismo en la política. Hay y habrá muchos obstáculos en esta nueva actividad como los encuentra la aurora de Tetecalita en sus frías mañanas cuando el Sol busca ganar una batalla a la niebla que impide admirar el verde de sus campos y el azul de su cielo canonizado.

Sus recuerdos como futbolista se desgranan inspirados por la tranquilidad y el paisaje morelense; ahora con la fama y el éxito deportivo ganados le permiten pensar en el futuro pero con nuevas presiones de las que poco a poco ha venido conociendo y enfrentado.

Ser un futbolista destacado le permitió acumular experiencia de la gente, de los medios de comunicación, de escuchar halagos bien y mal intencionados, y ahora puede sacar conclusiones: “en el futbol la fama te va alcanzando poco a poco, la buena se da de repente porque en un partido anotas un golazo y, la mala, cuando te descubren tomando una chela en un antro.”

En la política, está consciente, viene siendo lo mismo, hay que andar con pies de plomo para evitar las malas interpretaciones.

La prensa ahora le dedica espacio para publicar sus actividades políticas de todo tipo; igual que cuando empezó a triunfar en el futbol poco a poco iban apareciendo muchas noticias en periódicos y revistas  sobre sus hazañas, sus triunfos, sus genialidades, pero en ocasiones publicaban jugadas nada destacadas, no obstante la prensa exaltaba su actuación y el aficionado igual las aplaudía, este manejo de la información hasta uno se la cree y es cuando empiezas a perder el piso, reflexiona.

Enamorado de este paraíso escondido y descubrir que su espíritu despertaba su entusiasmo empezó a fundir el pasado con el presente, a comparar la cumbre de la gloria deportiva con la ahora incipiente actividad política de primera división.

Su entusiasmo para jugar futbol quiere superarlo ahora con su participación en la política; él mismo lo ha comentado: estoy ante los mayores retos de mi vida, ahora es más importante superar todo lo que han hecho los partidos políticos anteriores en el Estado de Morelos. La veo fácil porque los integrantes que han formado parte de gobiernos se han orientado más a enriquecerse que a obedecer el mandato que les confió el pueblo en las urnas.

El sol casi en su zenit vence la frescura de la sombra de los árboles, Cuauh limpia las pequeñas perlas de sudor de su frente y sonríe al ver que el tiempo se esfumó más rápido que un juego de futbol donde va ganando por goliza.

Fija su mirada en el horizonte, luego la dirige hacia el cielo de un azul que lacera la vista, junta las palmas de sus manos y las levanta arriba de su cabeza; sólo Dios y las aves escuchan sus palabras de sinceridad: Así como defendí la playera de la Selección Mexicana voy a defender a Morelos y a mi país, no más corrupción ni injusticias.

 



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