El Regional

Opinión

| Carlos Morales Cuevas
2018-07-14

Mis oídos adolecen por su savia,

y no hablo de su sabia voz, no;

sino de su savia del corazón.

¡Música de sus tacones! Señora:

si Dios quiere saber qué es lo que más me gusta de usted,

¿qué le responderá mi consciente inconsciente

que no piensa más que en su sonrisa en flor?

No siento el aliento de su piel acariciándome como a un niño,

ni a sus veloces y torpes latidos respirando un poco:

antes de la lluvia, en el abrazo, después del amor…

Hay ruido blanco y de metralla en mi cabeza.

Mis oídos adolecen por su savia,

y eso que inocente e irónicamente,

usted creía que antes del fin del mundo, el sabio era yo.



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