El Regional

Opinión

| Sergio Dorado
2018-06-14

 

Las escuelas de formación docente serán el componente crucial para la verdadera reforma educativa a mediano y largo plazos; la del PRI es apenas una caricatura cuya finalidad no era la educación en sí si no una táctica electoral que lo ofrecía todo apenas en seis años de un sexenio educativamente perdido. Hoy sabemos el tamaño de su osadía y el incumplimiento de una promesa más en las anginas del pueblo:La educación sigue empantanada.

Pero también hoy sabemos que las escuelas normales deben plantear horizontes diferentes con base en diagnósticos congruentescon la realidad educativa y no solamente con ocurrencias con propósitos electorales. El magisterio no es un rebaño al que hay que señalar un camino político; es un colectivo que debe ser atendido no solamente en materia financiera sino como el protagonista esencial del futuro de México. Los docentes de hoy deben ampliar ese horizonte en su profesión trascendiendo las paredes de las escuelas de formación y ya sin el fardo del enfoque anquilosado que fundamenta sus principios en el atiborramiento de teoría. En esta materia ya hay camino andado y saben los expertos que una educación práctica no desecha la importancia de la teoría, desde luego,pero la inserta en su justa dimensión. Un nuevo enfoque debe basar sus principios en el concepto de aprender haciendo y reflexionar sobre tal hacerin situcon tal de complementarse en el aula.Es decir, un proceso dialéctico que vaya conformando su sentido hacia la formación de los ciudadanos del siglo XXI,que es lo que el país requiere, pero con propósito de Estado, no como ocurrencia gubernamental.

El sector educativo cuenta con el más amplio laboratorio para aprender haciendo el trabajo docente, y por ello poco se entiende a quienes defienden la reforma priista. Más de 2,000 planteles escolares hay, por ejemplo, en el estado de Morelos, y en ninguno de ellos se ven practicantes de docencia sino hasta el fin de la carrera con el malogrado y raquítico “servicio social”. Esa visión es incongruente con los tiempos. Si hoy sigue vigente el academicismo, el cual entroniza al formador como una especie de semidiós del conocimiento, la perspectiva de la formación debe variar hacia un nuevo papel en que la práctica y la investigación juegan el papel central del aprendizaje.

El priismo aventó una ocurrencia en la que tardíamente se observó la causa del problema, y aunque tímidamente corrigió a medio camino, sembró un embrollo de incertidumbre e inconformidad que actualmente paga electoralmente con creces. Hoy es un ovillo indescifrable al que no se le encuentra la punta. El plan electoral priista fue el de presumir calidad educativa mediante su reforma en tiempo récord. Seguramente Enrique Peña Nieto pasará a la historia como reformador, pero su reforma educativa, en vez de ayudar a su causa tricolor, lo está hundiendo en la preferencia electoral, especialmente en el sector magisterial.

El fenómeno se evidencia en las redes sociales. El director de la Escuela Normal Particular “Benito Juárez” –de la cual soy orgulloso egresado-, intenta aleccionar a los docentes morelenses respecto a la honestidad de un régimen obtuso y bastante rebasado como el del PRI, pero la mayoría de ellos expresa con certeza que va con López Obrador. Desde luego que el director de la normal tiene a cuenta gotas los eternos patiños que aplauden su liderazgo corporativo en cuanto a buscar clientes al PRI, pero su función es otra. Su función es la de educar a los educadores del mañana con mejor propuesta de la que ahora ofrece.

Un enfoque con principios de aprender haciendo requiere, desde luego, un nuevo plan de formación docente, pero éste sería, en todo caso, una verdadera reforma educativa, y no despedir a los maestros que los gobiernos anteriores mismos titularon como profesionistas.¿De qué se trata? No se vale hoy la sentencia dictatorial de “¡Yo te formépero ahora te corro porque estás mal formado!” El desafío es cómo formar docentes con vocación de servicio con tal de poner a México en un peldaño más digno, para no continuar siendo el hazmerreír del mundo.

La presente es una invitación ciudadana al director de marras para que asuma su papel de educador y se olvide de liderazgos corporativos. Es la formación docente la que está en juego y no el futuro político personal o el de su equipo turquesa, que parecen actores de carpa. La nueva educación requiere de gente comprometida con la de formador de maestros como componente crucial de un modelo diferente. Por donde se vea, el intento de hacer manadas electoreras es ofensivo al magisterio.

 

 

 

 

 

 



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