El Regional

Cultura

Redacción |
2018-06-14

Sus alcances, retos y experiencias fueron temas analizados por los escritores Wenceslao Bruciaga y Alejandra Castro, en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia.

Los colaboradores de la revista literaria Tierra Adentro participaron en el marco del programa de actividades “Escritura y diversidad sexual”, organizado por la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas, conjuntamente con otras instancias culturales federales y estatales que durante los meses de junio y julio tienen verificativo en diversas sedes de las Ciudades de México, Guadalajara y Monterrey.

En la mesa de reflexión, moderada por Elvira Liceaga conductora de Reactor 105.7 y profesora de literatura latinoamericana en el Claustro de Sor Juana, el escritor y periodistas  Wenceslao Bruciaga calificó el tema de “demasiado complejo” y que debe ser visibilizado.

En México “la literatura gay está muy soterrada, muy escondida” sobre todo al referirse a pilares literarios como Salvador Novo y Carlos Mosiváis.

Del primero expuso que no es de su agrado, “pero si entiendo su valor, y lo que significa para México, en términos de gestión cultural”, pero creo que él institucionalizó esta joyería un poco victimísta y este cliché del gay que es como afeminado, pero muy ilustrado, que sí tiene todo del derecho de decir y juzgar a los demás, pero si tú lo atacas entonces eres un homofóbico”.

Respecto a Monsiváis aseveró: “si bien hizo mucho por la comunidad  -gay- en México, en lo personal le guardo rencor porque nunca salió del closet, y también mandó un mensaje súper erróneo de que para sobrevivir en la cultura, en México, había que hablar de ello, pero tú no ventilarte al respecto”.

En ese sentido “sabía el juego cultural, sabía el juego de las instituciones; aun así él lo decidió y le sacó una ventaja al closet”.


El autor de las obras Un amigo para orgía del fin del mundo, un texto provocador que recopila sus columnas en el diario Milenio y de algunas revistas alternativas, además de la novela Funerales de hombres raros, dijo “la literatura gay mexicana es muy “contenida, guarda muchos las formas”.

Incluso, indicó que autores que se consideran contestatarios como Luis González del Alba, “al final manejan temas que son muy heteronormales. Sí es una literatura gay, pero lo que lo hace gay es nada más que la pareja es una persona del mismo sexo”.

Es más subrayó: “no hay una literatura gay mexicana confrontativa, que se atreva a explorar, sobre todo el lado oscuro en donde nos movemos los homosexuales, que suele ser muy complejo, perverso y depravado, en muchos sentidos”.

Quizá se deba a que “no se atreven a abordarla por miedo al escarnio del ojo heterosexual. Digan lo que digan, en pleno año 2018 sigue ejerciendo cierta presión, a tal grado, que muchos gays se avergüenzan de lo que son o de sus ejercicios eróticos”.

Por otra parte las obras de este género “son muy dadas a la auto censura” porque “cuidan mucho no escandalizar  al lector, sobre todo al lector heterosexual”.

Es más, expresó: “la idea de que cómo los gays hacen el auto consumo de su propias literatura habla mucho, también, de las represiones de una comunidad gay”.

La dramaturga Alejandra Castro expuso que el lesbianismo no existió hasta mediado del siglo XIX,  porque este simplemente no era aceptado, “debido a que el falocentrismo social no concebía que entre mujeres  pudiera establecer una relación afectiva íntima, que pudiera  suceder una relación”.

En esos años “no se concebía a que pudiera existir sexo sin penetración”, al ser una era dominada absolutamente por los hombres a costa del sometimiento de la mujer.

Contempló que a la literatura lésbica le falta “clavarle bien las uñas, los dientes y todo corazón, también, a la parte carnal”. Si bien se construye una ciudad más abierta, “esta sociedad necesita que se hablen de todos los temas posibles”.

En ese sentido esta literatura debe mostrar mayor honestidad como autor, “si vas hablar de homosexualidad que sea algo intrínseco en la obra, no solamente un adorno”.

La joven escritora manifestó que cada vez que inicia un proyecto literario creativo comienza por un suceso personal, “ya sea por un detonante de otras lecturas, por detonantes de la vida, o detonantes por  frustraciones. Creo que la razón o la necesidad de hacer algo con un romance lésbico es porque la obra te lo da”.

 

 



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