El Regional

Opinión

| Francisco Santillán Arredondo
2018-06-13

“Como esto siga así, el verdadero problema empezará el 2 de julio”

 

De todos es conocido que yo no llevaba una buena relación con Graco cuando era candidato y era peor durante sus primeros años de gobierno. La verdad es que las diferencias se agudizaban mucho por el carácter del Gobernador y lo difícil que era dialogar con él bajo el esquema de un gobernante que arranca y goza de plenitud en su bono democrático. Estas diferencias se fueron diluyendo conforme tuvimos la oportunidad de irnos conociendo y dialogando. Mucha gente malintencionada y limitada pretende relacionar el cambio de actitud (y mi incorporación al gabinete) al eterno chismerío del dinero, como si fuera lo único en la vida… ¡Y no! la relación mejoró porque el Gobernador cambió su posición a una postura de diálogo y volvió a escuchar a personas de todo tipo de ideologías. Volvió a ser el Graco de la elección que no impone sino construye, el Graco que piensa bien sus decisiones y que está dispuesto a tomar en cuenta otras opiniones.

Pese a este cambio de actitud, el carácter que mostró el Gobernador los primeros tres años lastimó su imagen… y peor aún, complicó la gobernabilidad y polarizó a la sociedad morelense. A muchas personas, incluso los más grandes opositores, les he escuchado decir que claro que se hicieron muchas cosas favorables en este sexenio… que seguramente el balance es positivo… que Graco supo traer dinero federal a Morelos y que su habilidad política fue fundamental para concretar muchas cosas. El problema, el gran problema, fue el carácter del mandatario (así lo expresan).

Planteo esta situación porque los factores de decisión en una elección son variables y cada elector valora diferentes aspectos: la oratoria, las propuestas, la trayectoria, la experiencia, el carisma y el carácter. Desde mi punto de vista este último factor es el principal. El carácter es el único factor que va a acompañar al gobernante en todo momento, es el único del que no se puede desprender y, peor aún, será decisivo al momento de tomar decisiones.

Entonces ¡el carácter sí importa! De hecho, es fundamental para el buen ejercicio de gobierno… es indispensable para mantener la gobernabilidad y es determinante para conducir la administración de Morelos. Don Lauro condujo este estado y pasó a la historia gracias a su sabiduría, pero también a su carácter. Alfonso Sandoval, lo mismo. Son personajes recordados por su talento al gobernar y, si analizamos la base de este talento encontraremos aspectos de un carácter amable, astuto y decidido para conducir las relaciones sociales de Morelos. Ninguno tenía una gran preparación, no eran grandes oradores, sí eran muy carismáticos, tenían algo de trayectoria y experiencia y no siempre resolvieron los problemas (Don Lauro daba cheques sin fondos, pero era tan hábil que la gente culpaba al funcionario, jamás a él). Pero eso sí, gracias a su carácter pasaron como grandes gobernantes en la memoria social.

Si tomamos en cuenta estos aspectos y lo aplicamos en estas elecciones ¿qué conclusiones sacaría del candidato puntero en las encuestas a partir de lo visto en el debate y en lo que llevamos de campaña? Desde mi punto de vista, Cuauhtémoc tiene muchos problemas de carácter. Lo que he visto y me ha tocado vivir es a una persona agresiva y poco tolerante a la crítica. Frontal y sin mucha sensibilidad cuando habla con la gente. Sus desencuentros con la prensa son sabidos y conocidos y, durante el debate, insulto a casi todos los candidatos (sacó de quicio a Jorge Meade a quien, por cierto, no le entiendo cuando dice que se ha preparado para gobernar y no es capaz de mantener la calma en una mesa de debate) No sé cuáles sean las razones que mueven a Cuauhtémoc a mantenerse en un lugar que no conoce, en una profesión que no conoce y rodeado de personas a las que no conoce. Si consideramos que para gobernar hay que mantener un carácter ecuánime, Blanco me genera muchas dudas sobre cómo habrá de conducir a nuestro estado. Entiendo y respeto su argumento de que no debe saberlo todo y que se puede rodear de personas que sepan. Tiene cierto grado de razón. Sin embargo, lo que no es sustituible, lo que no puede delegar en asesores, es la forma como se relaciona con la gente, la sensibilidad y habilidad con la que conducirá, cuando menos, al gabinete. Sí, lo que no es transferible es la conducción que habrá de tener para no caer en pleitos en un estado tan enormemente complejo como es el nuestro.

@pacosantillan

 



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